La experiencia de vivir en un Seminario a través del Cl. Antonio García Rogado

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El Cl. Antonio García Rogado esta semana fue instituido como acólito y lector en una emotiva ceremonia presidida por el Superior Provincial, el p. José Luis Munilla. Los ministerios de acólito y lector, además de ser una nueva confirmación por la Iglesia de la vocación a la que Dios le ha llamado, es la institución eclesial previa a las órdenes mayores. Hemos querido compartir con él qué ha supuesto este paso, así como conocer la experiencia de vivir en un Seminario.

-¿Qué supone para usted está ordenación cómo acólito y lector? ¿Cómo vivió la ceremonia?

Un paso más en mi vocación cristiana y en el camino de seguimiento a Jesús de Nazaret. Los ministerios son un servicio y un modo de ayudar a los demás, desde el desprendimiento y la entrega dando de aquello bueno que he recibido.

La ceremonia fue un momento en el que pude expresar públicamente el compromiso cristiano que caracteriza mi vida. En el Seminario San Jerónimo me acompañaron mis hermanos de comunidad, el Superior Provincial, el p. José Luis Munilla, mis padres, mi hermana, mi sobrina y los seminaristas que día a día conviven y estudian con nosotros los dehonianos. Al final de la tarde celebramos este pequeño paso anterior al diaconado, donde recibes el libro de los Evangelios y la patena, símbolos del servicio de la Palabra y del altar.

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Ordenación de los ministerios de acólito y lector García Rogado

-¿Por qué eligió la vida religiosa? ¿Y por qué la Congregación Dehoniana?

No sé si elegí la vida religiosa o la vida religiosa me eligió a mí, lo que sé es el camino que vivo cada día y que Dios guía poco a poco mis pasos. Soy religioso en la Congregación desde el año 2007, viviendo en las comunidades de Salamanca, Valencia y actualmente en Alba de Tormes; durante este tiempo he conocido el trabajo que la Congregación y la familia dehoniana desarrolla en las parroquias, colegios, universidad y los ámbitos donde día a día ayuda a miles de personas que buscan ser felices y tener un motivo de esperanza. Esta tarea de servicio hacia las personas es el motivo de ser religioso y serlo en la congregación Dehoniana, porque con desinterés y bondad de corazón acogemos en nuestras obras a los demás.

-Háblenos de sus estudios

Mis estudios son continuos y cada día aprendo algo nuevo, porque como persona estoy en proceso de renovación constante. Sí es cierto que tengo terminados los cinco años de Teología, entre Salamanca y Valencia, durante dos etapas diferentes. Primero viviendo en la casa de formación con religiosos jóvenes en Salamanca y después, aportando un granito de arena en la comunidad religiosa de Valencia. En estos años de estudio he tenido la oportunidad de hacer la licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas en ESIC-Valencia, compartiendo con personas universitarias el trabajo y el esfuerzo para conseguir un título universitario. Ahora, desde el Seminario San Jerónimo de Alba de Tormes, lugar en el que conocí a la Congregación en el año 2001, estoy realizando el curso para ser profesor de Secundaria y Bachillerato. Es un recorrido largo el del estudio, que siempre he procurado compaginar con actividades en la pastoral y ayudando en las tareas de la comunidad religiosa.

-Tras su paso en el Seminario, ¿cómo es la vida en él?

Como estudiante adolescente he vivido solamente en Alba de Tormes, desde los 14 a los 18 años. Y como joven universitario he vivido de los 18 a los 23 años en la casa de formación religiosa en Salamanca. Ahora como educador y “aprendiz” de profesor estoy viviendo en el Seminario San Jerónimo de Alba de Tormes.

Alba de Tormes fue el lugar donde acabé la Secundaria y realicé el Bachillerato, viviendo con jóvenes de mi edad. Aquí teníamos el horario muy organizado, con tiempo para ir a clase, estudiar, hacer deporte, descansar, echar una mano en alguna tarea del colegio, rezar y una formación personal. Si bien, esto es un resumen de la experiencia de cuatro cursos en los que fui descubriendo mi identidad y vocación, siempre ayudado por personas con experiencia, como han sido mis profesores, formadores (religiosos dehonianos), mi familia y las personas con las que he compartido dudas e inquietudes. En San Jerónimo además de estudiar tienes la oportunidad de conocerte a ti mismo y saber afrontar el futuro con esperanza, esta es la mayor experiencia que he vivido. Para mí fue muy importante descubrir que todos somos capaces de construir un camino, que todos tenemos un lugar en este mundo y somos dignos de ser valorados, respetados y queridos.

Por su parte, Salamanca es una ciudad universitaria con mucha tradición e idónea para estudiar. La experiencia en el Seminario Mayor es para mí más profunda de conocimiento personal, de crecimiento en la fe y de conocimiento de la Congregación. El tiempo no está marcado en un horario tan rígido, porque los tiempos de estudio son personales y esto conlleva una mayor responsabilidad. Las clases en la universidad siempre las tenía por la mañana y por las tardes el tiempo lo dedicaba a estudiar, ayudar en alguna tarea pastoral y realizar las responsabilidades encomendadas dentro de la Comunidad. A la tarea principal del estudio, se une la necesidad de la oración que sostiene y es fundamento de la vida cristiana, además de ser el oxígeno para la vida religiosa. Tres momentos al día rezábamos la comunidad de estudiantes y de formadores, al levantarnos Laudes y Eucaristía, al final de la tarde Adoración Eucarística y al acostarnos la oración de la noche. Un ritmo de contemplación que lleva a descubrir que en la vida cotidiana, entre las tareas y responsabilidades hay un espacio para retomar el sentido de lo que haces en tu vida, que no es otro sentido que intentar llevar a los demás el amor que recibes de Dios.

-¿Qué valores personales y educativos se transmiten en los Seminarios Dehonianos?

En el Seminario convives con muchas personas, aprendes a relacionarte, a trabajar en equipo, a saber lo que puedes aportar tú y lo que pueden aportar los otros. El respeto, la tolerancia, la solidaridad y la organización de la vida son necesarios en un Seminario.

Puedo decir, que gracias a estas experiencias he podido entender que cada uno tenemos nuestra forma de ser, nuestros ritmos y una gran riqueza que se debe poner en común. Me llevo conmigo el haber aprendido que no puedo exigir al otro lo que yo no pueda dar y que tampoco puedo exigir a otra persona lo que ella no es. Esto me ha costado entenderlo, pero sí, cada uno somos diferentes y tenemos nuestra forma de ver la vida, de manera que es necesario saber que el otro no es como yo, ni tiene que ser como yo quiero que sea.

-¿Qué experiencia recuerda con más cariño?

Los momentos de reflexión y de poder tener silencio personal para pensar. Es lo que más recuerdo y de vez en cuando me gusta revivir, poder contemplar desde la tranquilidad y la serenidad. Estas experiencias las he vivido en el Seminario, durante algunas oraciones, convivencias y retiros espirituales.

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Antonio García Rogado junto al Superior Provincial, p. José Luis Munilla.

-¿Cómo animaría a las personas que están pensando seguir el mismo camino que usted?

Hay muchas palabras que se pueden decir y escribir para que otros sigan el camino hacia la vida religiosa dentro de la Congregación de los Dehonianos, pero la mejor palabra es un buen ejemplo de vida. El testimonio vital es lo que anima a seguir, así pienso y sé lo difícil que es. Creo que alguien puede animarse a vivir este camino si de verdad ha visto en él un horizonte y una meta que poder alcanzar. El joven que descubra su vocación dentro de nuestro estilo de vida religiosa, es porque ha descubierto que es posible cambiar y ser mejor persona desde la fe en el Dios del amor, y esto se lo tiene que transmitir a los demás, desde la educación, la parroquia o una obra social, que siempre están guiadas por el Evangelio, la buena noticia.

-¿Cuál es la situación de los Seminarios hoy en día?

El Seminario es el lugar donde se planta la semilla, es la inversión a largo plazo que hacemos los dehonianos para que un día cada joven descubra el verdadero sentido a su vida. Siguiendo la metáfora de la semilla, la atención que se le presta al joven desde nuestros seminarios, está en primer lugar en cuidar su formación académica, a continuación se trabaja para organizar y ayudar a crecer como persona, desde un ideario cristiano que trata de integrar todas las facetas que ayudan a mejorar la vida de una persona. En nuestros seminarios no nos olvidamos de la totalidad de la persona, de la importancia que tiene aprender a convivir, vivir en sociedad y por último, poder crecer interiormente, a través de la oración y la reflexión personal. El modelo educativo del seminario se basa en la pedagogía del Evangelio y es Jesús de Nazaret quien nos dice cada día que merece la pena trabajar para que todos los jóvenes sean felices y puedan ser libres.

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