María Ródenas cuenta su experiencia como voluntaria en Ecuador (I)

Voluntariado

María Ródenas nos ha contado su experiencia como voluntaria en Ecuador en el año 2013 donde durante un año conoció la realidad de aquel país. Aquella vivencia supuso un gran cambio en su vida por todo lo que le aportó. Hoy en día vuelve a plantearse ir de voluntaria.

– ¿En qué fecha acudiste de voluntaria a Ecuador, y durante cuánto tiempo? ¿Dónde fuiste exactamente?

Mi viaje comenzó un 16 de noviembre de 2013 y regresé en noviembre del año siguiente. Los primeros 3 meses estuve conviviendo en el barrio de Quito sur con las hermanas dominicas encargadas de llevar el centro de psicoterapia donde realicé 6 meses de voluntariado.  A partir de ahí mi voluntariado se centró en el barrio de la Argelia con la comunidad de los padres dehonianos.

– ¿Cómo surgió la idea de irte de voluntaria?

Siempre había querido realizar cooperación fuera de España, y ese deseo se incrementó por mi formación, ya que estudié Psicología y Trabajo social. Por motivos personales y laborales no me había sido posible anteriormente. Desde el colegio oficial de Psicólogos, se ofertó la posibilidad de realizar un voluntariado en Ecuador. En este sentido, fue el p. Pedro Jesús Arenas, padre dehoniano y “paisano” mío, de Albacete, quien solicitó ayuda para realizar voluntariado allí, en el centro de psicoterapia de las hermanas dominicas. En un primer momento, íbamos a ir tres personas, pero finalmente me fui sola. Algo me llamaba a ir, en esos momentos, no sabía bien ponerle nombre, pero más tarde descubrí que fui llamada a realizar esta experiencia y esta misión que me cambió la vida.

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– ¿A qué renunciaste para irte allí como voluntaria?

Cuando decides realizar una experiencia de voluntariado, la palabra renunciar la sustituyes por dejar tu realidad para cambiarla por otra muy distinta. Dejas temporalmente en tu tierra a la familia, amigos, trabajo etc., pero nada es comparable a cómo regresas con “tu maleta” más llena de experiencias, situaciones que te han hecho crecer como persona, y, sobre todo, con todo el cariño recibido. En mi caso, cuando volví todo continuaba igual, aunque la que había experimentado un cambio de vida era yo misma.

– ¿Cuando llegaste, la situación que encontraste, era la que esperabas?

Antes de mi viaje, contacté con el padre Pedro Jesús que me contó (vía Skype) como era aquel país tan mágico. Intenté por las fotos que veía hacerme una idea de la realidad, imaginaba sus calles, sus gentes, la luz, los olores de la ciudad de Quito… pero hasta que no pisas tierra firme la imaginación no llega al sentimiento que genera el estar in situ en tierras ecuatorianas. La verdad, es que tenía mucha información de todo lo que me esperaba.

Las problemáticas que me encontré eran muy distintas a las que había vivido en España; casos de violencia familiar, altos niveles de pobreza, consumo de alcohol etc…Conocedora de todo esto antes de emprender mi viaje, descubrí algo importante: al toparnos con la realidad de frente es cuando realmente podemos entender las situaciones que vivimos.

Para los futuros voluntarios es importante que conozcan las realidades en las que se encuentra actualmente el país, así como conocer de antemano distintos aspectos de su cultura, su personalidad, sus modos de vida etc.

Voluntariado

-Exactamente, ¿qué tareas desarrollaste en tu voluntariado?

Mi actuación se basó principalmente en la intervención psicológica con las familias, desde niños pequeños hasta adultos y parejas. Las actividades las desarrollé tanto en el centro de psicoterapia, como en la parroquia Santa María de la Argelia con los padres de la comunidad. También, durante la semana de la familia, di charlas sobre autoestima, habilidades sociales, pautas para la educación de los hijos y las relaciones familiares. La intervención que realizaba la alternaba con misiones en el campo, convivencias de jóvenes, visitas a familias y realización de charlas y talleres en parroquias y centros educativos.  Además, asistía al comedor social repartiendo comida los sábados a las personas con más carencias y necesidades del barrio de la Argelia, y ayudando en el centro de día de ancianos con la psicóloga que trabaja con ellos.

Mi labor la realicé en Quito, pero viajaba algunas semanas a Bahía de Caráquez cuando solicitaban mi ayuda.

– ¿Qué colectivo es el que más te impresionó y te tocó un poco más el corazón?

Por mi profesión en España y mi vinculación toda la vida por el voluntariado, el colectivo que siempre me ha tocado más el corazón es el de la infancia y la adolescencia. La vulnerabilidad y la inocencia que presentan los niños es muy grande. Viví situaciones que me impresionaron ya que muchas realidades que se encuentran en Ecuador se dan con más frecuencia o de manera diferente que en España: altos niveles de pobreza, maltrato, adicciones etc.

Durante este tiempo una experiencia importante fue la visita a una reclusa a la cárcel de mujeres de Quito. La realidad que allí se vive dentro es impactante e impresiona el hacinamiento en el que viven. Las reclusas intentan sobrevivir muchas veces al maltrato por parte de otras que ya llevan más tiempo y es complicado que exista respeto. Las celdas son compartidas por cuatro personas lo que dificulta la convivencia. A mi parecer es como si existiera un micro mundo dentro de esas cuatro paredes. Una reflexión después de lo vivido dentro, es la poca importancia que muchas veces damos a nuestra libertad; ese valor inherente a todos los seres humanos que debemos utilizar siempre para obrar y pensar, pero con una finalidad positiva.

Continuaremos contando la experiencia de María.

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