2º domingo de Pascua

El domingo, el primer día de la semana, los discípulos experimentaron una gran alegría al ver a su Maestro en medio de ellos. Las puertas de la casa estaban cerradas y el Señor entra. Entra también en sus corazones, cerrados por la duda y el miedo. El miedo atenaza e inmoviliza, lleva a cerrar las puertas. El miedo es un sentimiento prepascual, anclado todavía en las inseguridades de la muerte; de ahí que se reacciones cerrando puertas, ventanas y defendiendo actitudes de autodefensa. El miedo es una ofensa al Resucitado. Es cuestión de fe. La fe es no caer en el vacío, sino en las manos amorosas de Dios Padre. La fe es un don gratuito de Dios. La fe crea alegría que nos lleva a dar testimonio de lo que hemos vivido: ¡Señor mío y Dios mío!

 

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