25 años de Ordenación Sacerdotal del P. Valeriano Gómez

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Un año más nuestra Provincia celebra durante el mes de septiembre las Celebraciones Jubilares. Será el próximo sábado, 28 de septiembre, en la Iglesia del Crucifijo en Puente la Reina. Este año el P. Valeriano Gómez celebra sus 25 años de Ordenación Sacerdotal, y el P. José Antonio Casalé sus 25 años de Vida Religiosa.

Este día va a ser muy especial, ya que vamos a celebrar también la Solemne apertura del Centenario de la Provincia española.

Hemos entrevistado al P. Valeriano Gómez para conocer mejor su trayectoria durante todos estos años, y qué significa para él ser Dehoniano.

-¿Cómo comenzó su vinculación con los Dehonianos?

Vivía en Alpera (Albacete) y por mediación de mi abuela, mis padres supieron que en Novelda (Alicante) había un seminario de los Dehonianos, y animado por ellos decidí ingresar como interno para cursar los 3 últimos cursos de EGB. A finalizar esta etapa, motivado por los educadores dehonianos y los compañeros, continué mis estudios en el Seminario Dehoniano en Alba de Tormes.

-¿Por qué optó por la vida religiosa?

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 En el Seminario San Jerónimo, en Alba de Tormes, conocí, gracias al testimonio de la comunidad religiosa, una nueva manera de entender y vivir mi vocación cristiana. Llegué a experimentar a Jesús, no como una idea, sino como una persona viva que camina a nuestro lado para que alcancemos nuestra plenitud como personas. En mi decisión para que iniciar mi Noviciado dehoniano en Salamanca. tuvo que ver mucho la experiencia de amistad y vida en grupo que disfruté en esos años, convirtiéndose en una mediación de la que Dios se sirvió. Después con la formación, la oración y experiencia, depuré mis motivaciones para seguir a Jesús como religioso dehoniano.

-Haga un pequeño perfil de las Comunidades Dehonianas por dónde ha pasado en estos años. ¿Dónde está este nuevo curso y cuál es su función?

Desde que hice mi Primera Profesión religiosa en nuestra casa de Salamanca, en el año 1982, hasta hoy he tenido la suerte de formar parte de muchas de nuestras Comunidades.

Mi primer destino fue el Seminario de Puente de la Reina, donde compaginando la experiencia de vida comunitaria fui dando mis primeros pasos como formador, a la vez que estudié la carrera de Magisterio. Después de estos tres años, viaje a la comunidad de Novelda para ejercer de maestro durante un curso, terminado el mismo regresé a nuestro escolasticado en Salamanca para acabar los estudios de Teología.  Ya en tierras charras, al finalizar el año académico, me enviaron a la pequeña comunidad de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, muy cerca de nuestra casa de formación, donde permanecí dos años estudiando y trabajando pastoralmente con los niños y jóvenes.

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Al concluir el quinquenio de teología, mis pasos se dirigieron a la comunidad de Alba de Tormes con la tarea de formar y acompañar a los seminaristas. En este periodo que duró 5 años, respondí con alegría e ilusión a la llamada que recibí de Dios para ser sacerdote, siendo ordenado el 8 de mayo de 1994.

Dejé los muros de nuestro seminario San Jerónimo para ir a la comunidad del Colegio Fray Luis en Madrid y desempeñar el servicio de delegado provincial de Pastoral Juvenil y Vocacional. En esta comunidad en la que estuve 18 años, al ser sustituido como delegado provincial, continué asumiendo otras tareas de animación de la comunidad, pastorales y de dirección del colegio.

De nuevo, en el año 2015, regresé a la casa de Salamanca con el encargo de buscar y discernir con los hermanos nuevos caminos para nuestra casa y la parroquia que atendemos en nuestro barrio. Después de un trienio en la capital del Tormes, he regresado a la comunidad de Alba de Tormes, donde he empezado mi segundo curso trabajando pastoralmente y dando clases en nuestro Colegio y Seminario San Jerónimo.

-De todos estos años, ¿qué momentos recuerda con más cariño? ¿Qué etapa recuerda con más añoranza y por qué? ¿Qué personas recuerda por lo que le han aportado?

De mi vida durante todos estos años, no me atrevo a señalar un momento y una comunidad que me suscite una especial añoranza, pero sí tengo un sentimiento de gratitud para todas. En las comunidades de las que he formado parte, siempre he encontrado hermanos de comunidad, personas y acontecimientos de los que he aprendido algo significativo para mi vida. Ciertamente, sí que tengo que reconocer que, en estos años, dos han sido los ejes que me han hecho ilusionarme y apasionarme en mi vida religiosa: la educación y la pastoral con niños y jóvenes.

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Doy muchas gracias a Dios, porque la vocación a la que me ha llamado ha enriquecido mi persona de una manera realmente extraordinaria y me ha llevado a conocer y apreciar a un conjunto de personas que forman parte de lo que es esencial en mi vida. Por otra parte, también me sería muy complicado nombrar la cantidad y calidad de experiencias pastorales de las que he gozado: convivencias cristianas, catequesis, pascuas juveniles, campos solidarios, encuentros internacionales con jóvenes, cursos de formación en pastoral, camino de Santiago, clases de religión, encuentros con religiosos de otras congregaciones, acompañamientos personales, experiencias de voluntariado…… Sin duda, todo lo que he ido experimentado ha contribuido a dar sentido mi vida y me ha unido a las personas con las que he compartido tantas iniciativas.

-Si echa la vista atrás, ¿qué destaca de estos 25 años de Ordenación Sacerdotal?

Conforme pasa el tiempo, soy más consciente de la belleza y el misterio que encierra la vocación sacerdotal. Si lo pensamos, es realmente asombroso ser “mediador de Dios” para entregar a los fieles en los sacramentos la vida en abundancia que nos regala Jesús, tan presente en los Evangelios. Por otra parte, no deja de sorprenderme la sencillez de Dios haciéndose pequeño y frágil en un trozo de pan para, además de alimentarnos, mostrarnos la humildad como actitud indispensable para nuestra vida.

Cuando me ordené de sacerdote, siempre pensé que mi sacerdocio tenía coherencia en la medida que fuese un servicio para el pueblo de Dios. Durante este tiempo he intentado estar disponible para ejercer mi sacerdocio allí donde fuera necesario. Me ha alegrado el corazón profundizar en la imagen de “Dios misericordia” que nos presenta la parábola del hijo pródigo, tal es así, que, parafraseando a San Francisco de Asís, creo que los sacerdotes deberíamos convertirnos en “juglares de Dios” que cantasen al hombre de hoy, roto en tantos aspectos, la posibilidad de ser reparado por la misericordia de Dios.

En estos 25 años, he tenido momentos de fortaleza y también de debilidad en los que Dios me ha sostenido con la cercanía, ayuda y oración de innumerables personas que ha puesto en mi camino. Además de mi oración personal y momentos fuertes de retiro espiritual, también he ido abriendo horizontes en mi vida espiritual, conociendo el testimonio de religiosos y religiosas de otras congregaciones con los cuales he trabajado pastoralmente. Estoy convencido de que la entrega de estos años ha valido la pena y espero seguir hacia adelante con la ayuda de Dios, compartiendo mi fe de una manera creativa y personal, con niños, jóvenes y adultos.

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-Este año que celebra sus 25 años de Ordenación Sacerdotal coincide con el centenario de la fundación de nuestra Congregación en España, ¿qué supone para usted?

Es una oportunidad para celebrar la vida y dar gracias a ella, para mirar a mi historia y descubrir que no he caminado solo. Haciendo una lectura de lo que soy, tengo que reconocer que mi vida no puede explicarse sin Dios, mi familia de sangre, la Congregación de los Dehonianos y tantas y tantas personas.

Me siento protagonista del centenario de nuestra Congregación en España porque la mayor parte mi vida ha quedado escrita en las páginas de la presencia dehoniana en nuestro país. En la memoria guardo como un tesoro el ejemplo y la pasión que muchos de mis formadores y hermanos que me contagiaron ilusión y determinación para hacer realidad el proyecto dehoniano en los diferentes ambientes de nuestras presencias. Es un regalo poder ver cómo mucha de la siembra generosa que se ha hecho en estos 100 años ha dado fruto, y tengo la esperanza contemplando el presente, de que en el futuro se seguirá cultivando el carisma dehoniano, en misión compartida, con los laicos.

Mis últimas palabras quiero dedicarlas a los jóvenes que aman la vida, la belleza, la verdad y la justicia. Quiero proponerles seguir a Jesús de Nazaret siendo religiosos dehonianos, por la sencilla razón de que en esta opción de vida, como a mí me ha pasado, pueden encontrar “la perla escondida” por la que vale la pena entregarlo todo.

¡Enhorabuena por estos 25 años de Ordenación Sacerdotal P. Valeriano!

 

 

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