Jornada de la Memoria Dehoniana, un recuerdo por los mártires Dehonianos

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El 26 de noviembre es un día especial para la Familia Dehoniana pues se celebra la Jornada de la Memoria Dehoniana, un recuerdo de todos los religiosos Dehonianos fallecidos, especialmente aquellos que dieron su vida por el Evangelio, siendo mártires.

Este día coincide con el fallecimiento del Siervo de Dios P. Andrés Prevot en 1913 y con el asesinato del obispo Dehoniano monseñor José Wittebols y otros religiosos en 1964.

A continuación, nombramos a los mártires Dehonianos fallecidos durante el siglo XX:

  • En España, en 1936, el beato Juan María de la Cruz.
  • En Alemania, en 1941, el Franz Loh.
  • En Austria, en 1942, Wampach y p. Stoffels.
  • En Italia, en 1944, el P. Martino Capelli.
  • En Alemania, en 1944, el P. Kristiaan Hubertus Muermans.
  • En Indonesia, en 1944 y 1945, los once dehonianos holandeses.
  • En Camerún, en 1959, Musslin, P. Héberlé y el Hno. Valentín Sarron.
  • En Congo, en 1964, el Siervo de Dios P. Bernardo Longo, Mons. Wittebols y compañeros mártires.
  • En Brasil, en 1975, el Paulo Punt.

Los mártires son nuestros maestros de vida, son ejemplo de vida cristiana, de amor supremo a Dios por encima de todas las cosas, de fe, de firmeza y fuerza del Espíritu Santo para vencer todas las dificultades que nos plantea este mundo.

El centro de la vida cristiana es el amor, el servicio a los demás, la alabanza, el anuncio del Evangelio y la misericordia de Dios.  La manera de vivir de un cristiano es hermosa y proporciona verdadera paz y alegría, pero para ello, es necesario que se produzca la conversión del corazón, un cambio de vida y renuncia al pecado. Seguir a Jesucristo puede dar lugar a la incomprensión, la marginación, el rechazo o incluso la persecución.

En estos momentos de dificultad, los mártires son nuestros mejores abogados y protectores, pues muchos de ellos murieron ofreciendo sus vidas por la fe de España, la paz en el mundo y la conversión de sus verdugos.

Cabe destacar las palabras del Papa Benedicto XVI en recuerdo a los mártires del s. XX: “el amor santo de Dios impulsó a Cristo a derramar su sangre por nosotros. En virtud de esa sangre hemos sido purificados. Sostenidos por esa llama de amor los mártires derramaron su sangre y se purificaron en el amor de Cristo que a la vez les hizo capaces de sacrificarse también ellos por amor.”

«Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn15, 13).

ORACIÓN

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