50 años de sacerdocio del p. Ramón Soriano Gil

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Existen días donde uno quisiera disfrutar de la temperatura ideal, y no me refiero al dicho de los cero grados: ni frío ni calor. Uno de esos días fue el 9 de abril, en el que celebramos los 50 años de ordenación sacerdotal del p. Ramón Soriano. No amaneció soleado, sino con el cielo cubierto de nubes y el frescor de una grata llovizna acaecida en el transcurso de la noche a la madrugada que permitió que amaneciéramos en Bahía de Caráquez con frescor pero sin calor, unos 24 grados. Así se mantuvo la jornada.

Además de los hermanos que viven aquí en Bahía estuvieron presentes de Quito I y II el p. Artemio, el Hno. José María Urbina, el p. José Luis Domínguez y dos postulantes. Asistieron además dos párrocos de las parroquias vecinas y hermanas de algunas de las Congregaciones religiosas presentes en Bahía y sus aledaños.

La celebración del día 9 de abril comenzó a las siete y media de la noche, presidida por el p. Ramón Soriano y acompañada por el Sr. Arzobispo de Portoviejo, Mons. Lorenzo Voltolini, quien dio el saludo, una parte de la homilía y la bendición final. En el saludo remarcó la idea de que la fidelidad del sacerdocio del p. Ramón ha estado sostenida por la fidelidad de Dios. En la homilía comentó la invitación que sigue haciendo Jesús a seguir pescando y dando a conocer el evangelio y su misericordia. El que pesca con Jesús es llamado a la plenitud y a la universalidad. Los Dehonianos estamos llamados a seguir echando las redes y hacer conocer su misericordia. El Sr. Arzobispo nos animó, partiendo de la primera lectura, a buscar las razones del amor y de la alegría para no imponer sino proponer siempre el Evangelio. Después tomó la palabra el p. Ramón Soriano que dio gracias de corazón a Dios por la bondad que ha tenido con él hasta el día de hoy. Dio gracias también a la comunidad de la Merced por la acogida que siempre le ha dado, pues en la acogida ha encontrado fuerza y ánimo para seguir sembrando el evangelio.

Tras la ceremonia, nos dirigimos al Hotel Patricios, ubicado en la calle Salinas y su transversal “Arenas”, donde brindaron una maravillosa cena.

El día 10 la eucaristía fue a las 11 de la mañana. Nos acompañó Mons. José Mario Ruiz Navas, tanto en la misa como en el almuerzo. Es de agradecer, porque vino expreso para acompañar al p. Ramón Soriano. Eso supone unas ocho horas de viaje en carro. Él fue obispo de Latacunga, Arzobispo de Portoviejo y Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Se le ve activo a sus casi… ¿ochenta y ocho años? Celebra dos misas los domingos y una misa diaria en Pujilí (Cotopaxi); con frecuencia acepta las peticiones que le hacen las parroquias, invitaciones para charlas, etc.

La Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús se llenó. Todo fue dirigido y hecho con mucha sencillez. Después de unas palabras de agradecimiento del p. Ramón a la comunidad parroquial, intervino Mons. José Mario Ruiz Navas que recordó que el p. Ramón ha cumplido 50 años de sacerdote porque el Señor le dijó Sí a él y porque el p. Ramón de manera continuada le ha dicho al Señor “tú sabes que te amo”. El p. Ramón ha sabido abrir la puerta al Señor, a su amor. Acto seguido tomó la palabra el p. Artemio que recordó tres cosas importantes en la vida del p. Ramón: la primera fue estando destinado en Novelda. En esta localidad, en concreto con la comunidad y la labor en el Colegio, el p. Ramón se descubrió en todas sus potencialidades y cualidades; fue donde descubrió su autoestima. La segunda tuvo que ver en la relación de amistad que tuvo con el p. Jaime López Merino quien le enseñó al p. Ramón una práctica pastoral que hasta hoy la sigue cumpliendo a cabalidad: como Dehonianos debemos ir donde está la gente, necesitamos callejear. Y el tercer hito en la trayectoria del p. Ramón fue la decisión que tomó de venir a Ecuador de misionero.

Al final de la misa tomó la palabra una feligresa de la parroquia, en concreto del grupo de la pastoral de la salud, para dar gracias a Dios por el p. Ramón en nombre de toda la comunidad parroquial. Después el p. José Luis Domínguez comentó lo siguiente: “Cincuenta años de sacerdocio significan mucha vida entregada al Señor, una oblación diaria vivida con el corazón, una identificación con el Corazón sacerdotal de Jesús que ha llevado al p. Ramón otorgar misericordia allí donde ha estado y lanzar las redes sin desaliento”. No cabe duda que para el p. Ramón los preferidos han sido los pobres: cuántas veces han salido de sus labios su impotencia e indignación ante situaciones injustas que no deberían ser calladas ni permitidas. El p. Ramón ha sido andariego, visitador de familias, siempre cercano a ellas. Las personas enfermas siempre han ocupado un puesto principal en su ministerio. Gracias p. Ramón por enseñarnos una pequeña parte de lo que es servir al Señor.

Después de la celebración hubo un pequeño almuerzo para todos los asistentes a la celebración de la Eucaristía. Terminado el almuerzo las personas regresaron a sus casas.

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El P. Ramón celebrando sus 50 años de sacerdocio

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