Adviento: esperamos a Jesucristo

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Con este domingo iniciamos un nuevo tiempo de Adviento. Tiempo que prepara la fiesta de la Navidad pensando, preparando y proyectando la Segunda Venida del Señor. Es un tiempo que nos catapulta hacia el futuro último (éscaton), el futuro definitivo y por eso es el tiempo de la ESPERANZA

Para hablar de ese futuro en muchas ocasiones la biblia elige un modo de hablar que llamamos “apocalíptico”; un lenguaje que es propicio a usar imágenes de catástrofes o de aniquilación total. Y es que la situación social creada por el pecado del hombre, el pecado del mundo, es tan insostenible que la solución aparentemente mejor está en que todo este mundo desaparezca de raíz y aparezca una realidad nueva. Una nueva creación con cielo nuevo y tierra nueva. Para anunciar una novedad esperanzada, anuncian la aniquilación de la realidad actual.

El evangelio de hoy (Lucas 21, 25-36) mantiene en su primera parte las imágenes de la apocalíptica; aunque algo mitigadas y dando paso a otro lenguaje menos catastrofista, llamado escatológico, usado por algunos profetas (Isaías, Jeremías, Amós…). Más que hablar de aniquilación total se habla de cambio de situación, de conversión, de superación de las situaciones, de mejoría radical, de futuro, pero siempre respetando la realidad creada como algo definitivo.

El evangelio de San Lucas es un evangelio de una generación “puente”. La segunda venida del Señor resucitado, se retrasa. No ha resultado tan inmediata como esperaban los discípulos de Jesús. Pedro, Pablo, Santiago y otros muchos discípulos ya habían muerto. Jerusalén había sido destruida, el pueblo de Israel disperso, pero la vida continuaba igual. Roma seguía siendo el poder absoluto.

Podemos hablar de “crisis” de fe en las primeras comunidades ante el retraso de la parusía o advenimiento del Señor. San Lucas será el que ayude a superar la crisis situando la venida del Señor al final de la historia. Un final que solo el Padre sabe cuándo ocurrirá. “Mientras tanto” será el tiempo de la Iglesia. Tiempo de la Iglesia que será tiempo de creyentes esperanzados en esa venida en gloria del Señor. Esa venida sigue siendo el norte que atrae hacia ella toda la historia y todas nuestras esperanzas.

El advenimiento del Señor permea toda la historia.

El Señor ya ha venido “en carne mortal”. El acontecimiento de LA ENCARNACIÓN (desde el nacimiento hasta la ascensión) es el acontecimiento central de la historia. Con la encarnación el tiempo queda perforado y transido de eternidad. Lo radicalmente “nuevo” ha comenzado; las profecías se han cumplido (Jeremías 33, 14-16). Pero no llegará la plenitud total hasta que todas las cosas sean recapituladas en Cristo. Y esto será así con el advenimiento del Señor.

Entre tanto, entre la primera y segunda venida, estamos nosotros caminando en esta historia seguros de que Dios está decididamente a favor nuestro porque así se ha revelado en Jesucristo. Estamos inmersos en un tiempo de maduración y de esperanza.

San Lucas nos invitará a mirar al futuro-esperanza como principio de acción. Vivido desde la esperanza, este tiempo no será tiempo de escapismo, de huida del mundo, o del desenfreno alocado, sino un tiempo para ir fraguando el futuro esperado e incluso adelantarlo.

Es interesante paladear un poco alguna de las palabras del Evangelio: Los imperativos de Jesús.

“Cuando empiece a suceder esto…

Levantaos . Seguimos siendo libres. No estamos sometidos a ningún poder de este mundo. Podemos dejarnos seducir por estos poderes, pero siempre está en nuestras manos el no sucumbir y el mirar hacia el futuro con esperanza.

Alzad la cabeza. Llega vuestra liberación. No somos esclavos. No hay que ir cabizbajos ante nadie. Jesús nos ha traído y trae el “rescate” por el que somos liberados de nuestros pecados, de nuestro corazón torcido, de nuestro egoísmo, de la muerte y de las secuelas de nuestra finitud.

Tened cuidado. Un toque de atención. No todo es Jauja.

¿Cómo tener cuidado?

No se os embote la mente. ¡Embotar! Qué figura más plástica. Un cuchillo embotado es lo más inútil y absurdo. Hay que volverlo a afilar para que corte. Una mente embotada es lo más inútil y absurdo. La mente está hecha para buscar y descansar en Dios. Emplearla en vicios, bebidas, agobios de la vida es desperdiciarla y acercarse al despiste en los caminos de la vida. Nos puede sacar de la ruta y llevarnos al precipicio. “Aquel día” o el “Día del Señor” es siempre inminente. Está ahí. Y ese día nos urge a preparar el camino y a no andarnos “por las ramas”.

Estad siempre despiertos. VIGILANCIA. La actitud del creyente es siempre la del vigilante: “Como el vigía espera la aurora, así espero yo ver tu rostro, Señor”. Vigilar y auscultar los signos de los tiempos, los “kairós de Dios” que pasa a nuestro lado. Evitar que pase “sin detenerse”. Invitarle que pase a “nuestra tienda”, que acampe entre nosotros. Abrir nuestra alma, mente, espíritu, corazón para que el Otro y los otros me puedan “invadir”. No nos podemos dormir. “Esta noche no la podemos dormir” dice Santa Teresa hablando de la nochebuena. Pues “esta noche” es nuestro tiempo que espera la aurora del Advenimiento.

Pidiendo fuerza. ORAD. San Lucas no se olvida de algo fundamental. Vamos de la mano de Dios. Es Él el que nos da su mano, su Espíritu para re-animarnos, re-armarnos, re-crearnos y hacernos caminar en nueva vida. No podemos olvidar que somos regalo de Dios y que nos sigue regalando permanente su Espíritu para que no se nos embote la mente. Pidamos el Espíritu. Lo único realmente necesario. Es el antídoto contra todas las depres, contra todas las des-esperanzas, contra todas las muertes.

Mantenerse en pie ante el Hijo del hombre. No basta con levantarse. Hay que mantenerse en pie. Ser valientes y luchar contra viento y marea. No desesperar nunca. Pero además a quien esperamos es al “Hijo del hombre”. Es alguien igual a nosotros, de nuestra raza, de nuestro pueblo. Es nuestro hermano. Hay una proclamación clarísima de la igualdad entre todos nosotros, entre todos los hombres. No hay que doblar la rodilla ante nadie. Nadie es más que nadie. No existen rangos ni castas entre nosotros, ni siquiera la sacerdotal. Todos iguales por el bautismo; todos iguales por ser hijos de Adán e hijos de Dios.

Pensando un poco en tiempo final y de Juicio final hemos de saber que el Juez es Jesús, que está a favor nuestro desde siempre. ¿Quién nos va a condenar? ¿Acaso Cristo Jesús que murió por nosotros? Nadie nos puede separar del Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Hermanos, feliz Adviento y feliz inicio de año litúrgico. Feliz Año Nuevo. Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos (Tesalonicenses 3, 12 -4,2)

Gonzalo Arnaiz Alvarez, scj.

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