Al servicio de las vocaciones

El P. Juan María de la Cruz con otros religiosos de Puente la Reina y alumnos de la Escuela Apostólica
El P. Juan María de la Cruz con otros religiosos de Puente la Reina y alumnos de la Escuela Apostólica

El Beato Juan María de la Cruz, SCJ es el protomártir de la Congregación, hasta ahora el único dehoniano en ser beatificado y es invocado como Protector de la Vocaciones Dehonianas. En 1927 llegó destinado a la comunidad de Puente la Reina, hace ahora 90 años. En la primera fundación de nuestra Provincia Española, el P. Juan se encargó de reclutar vocaciones y pedir limosna para la Escuela Apostólica de El Crucifijo. Los Superiores le pidieron que se lanzara a los caminos y viajara a las ciudades y pueblos para llevar a cabo sus tareas, algo que en principio iba en contra de sus inclinaciones y deseos personales, pues él buscaba tranquilidad y sosiego tras sus años de vida parroquial en Ávila. En medio de gentes de cualquier clase y condición, atravesando múltiples circunstancias, el obediente P. Juan ofreció su sacrificio repitiendo las palabras de Cristo: “Heme aquí, Dios mío, para hacer tu voluntad”.

Después de un año como profeso en Novelda, el P. Juan viajó en el verano de 1927 a Italia. En Roma participó en los Ejercicios Espirituales en la Casa Generalicia y visitó las Catatumbas de San Calixto, que le dejaron una impresión imborrable. Pasó también por Albino (Bérgamo), donde la Provincia Italiana tenía un Seminario Menor. Con el inicio de curso, a partir de septiembre el P. Juan se incorporó a Puente. El Seminario vivía entonces momentos de esperanza porque comenzaba a tener muchos seminaristas, aunque había una extrema pobreza por la falta de medios. El P. Guillermo Zicke, SCJ, fundador de la nuestra Provincia y Superior de la comunidad navarra conocía bien al P. Juan y pensó que él era la persona adecuada para, como hombre de Dios y celoso en su apostolado, salir en busca de colaboración y ayuda económica.

En su labor, el P. Juan tenía como objetivo crear una red de amigos del Seminario con el fin de poder servir mejor a la Iglesia y en un futuro a las misiones como la de Camerún de la que él mismo P. Guillermo procedía y que tuvo que abandonar junto a otros dehonianos al ser expulsados en la Primera Guerra Mundial. El Beato fue fiel a la tarea que se le encomendó, y superó con creces las expectativas puestas en él. Debido a los buenos resultados de su actividad y de manera cariñosa el P. Guillermo lo llegó a denominar la “hormiguita de oro del seminario”. En esta línea, incluso tras su martirio, podemos afirmar que él nunca ha dejado de impulsar, ahora desde el cielo, ni la Pastoral Vocacional ni la Pastoral de Bienhechores. La extensa red de amigos de nuestras obras da buena fe de que el patrocinio del Beato Juan María de la Cruz no cesa de proteger el trabajo de sus cohermanos Dehonianos en la actualidad.

Para testimoniar que aquellas tareas fuera de la comunidad de Puente la Reina no distraían la fidelidad religiosa del P. Juan, su Superior, P. Guillermo Zicke relata lo siguiente en referencia al modo de proceder del santo: “Para que una vida de tanto trajín y llena de distracciones no le hiciese mella a su vida religiosa y de unión con Dios, procuraba ante todo trazarse un plan de vida, o un reglamento particular, y para que todo fuese sujeto a la santa obediencia y de este modo hacerlo meritorio para el cielo, lo presentaba antes de salir a su Superior, con el fin de que lo sellara con su firma y visto bueno”. De igual modo, uno de sus compañeros más cercanos nos cuenta que: “no perdía para nada el fervor en estos viajes, sino que al contrario se aprovechaba de esta oportunidad para hacer apostolado difundiendo la devoción a la Adoración real y perpetua del Santísimo Sacramento, así como la devoción al Amor misericordioso”.

De uno de aquellos viajes llegó durante el Proceso de beatificación el testimonio de una familia a la que tuvo ocasión de visitar, un relato que ilustra su convicción y su entusiasmo para con el martirio: “Había sucedido que un hijo de mi abuela, religioso capuchino misionero en China, había sido hecho prisionero por los comunistas. Enterado del disgusto de mi abuela, al Siervo de Dios le faltó tiempo para ir a su casa para animarla y consolarla, y recuerdo que sus palabras fueron de felicitación, siendo más o menos éstas: ´Su hijo es un mártir. ¡Oh!, ojalá tuviese yo la misma suerte de ser perseguido y morir por Cristo´”.

Por otro lado, su paso por el Seminario dejó entre los alumnos el recuerdo de un hombre de piedad y de fervor admirables. Al P. Juan se le podía encontrar en su despacho o en la capilla. La celebración de sus eucaristías siempre tenían el peligro de cansar a los inquietos monaguillos, por lo que en muchas ocasiones, como el mismo san Felipe Neri, les invitaba a que le dejaran solo con su Señor, en ese diálogo mudo de adoración y de amor, propio de los que viven profundamente el misterio de Amor encerrado en la eucaristía.

Como Congregación damos gracias a Dios por este feliz aniversario, por este fructífero apostolado y presencia callada de nuestro mártir en Puente la Reina, tras su llegada a esta comunidad hace 90 años. El P. Juan vivió amando y murió perdonando. Demostró entre 1927 y 1936 su amor a todos dedicándose a promover vocaciones hablando del amor misericordioso de Dios. Se desvivió por los pequeños y sencillos para  que tuvieran lo necesario para vivir en aquel humilde seminario. Con justicia en Puente la Reina se le ha llamado “ángel tutelar de esta casa”.

P. Alfonso González Sánchez, scj

Vicepostulador de la causa de canonización del Beato Juan María de la Cruz

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