Aniversario de ordenación sacerdotal del Beato Juan María de la Cruz

Juan María de la Cruz

El Beato Juan María de la Cruz recibe el Presbiterado el 18 de Marzo de 1916 en Ávila, de manos de Mons. Joaquín Beltrán y Asensio, obispo de la diócesis. Celebra su Primera Misa en S. Esteban de los Patos, el 25 de Marzo.

Esta es una parte de sus meditaciones en los Ejercicios Espirituales previos a la ordenación:

 SANTOS EJERCICIOS DEL PRESBITERADO

(Vol. III, 20-25)

El tiempo del sacerdote no es oro, es gloria de Dios y salvación de las almas, Oh, qué consuelo y qué gozo experimentará en el día del juicio el pastor celoso, que ha consagrado toda su vida a tan noble tarea cuando se presente ante el Juez supremo rodeado de las muchas almas que se salvaron por su celo. Pero cuál no será la confusión de  aquel otro sacerdote que apenas tuvo otras miras que su honor y su bienestar material.

Nota. He de procurar corregirme:

1º, del defecto de terquedad y espíritu de disputa, lo cual puede serme muy perjudicial. Procuraré pues no disputar y, si es necesario o útil la disputa, que al menos no sea acalorada, ni que mis palabras vayan acompañadas de hinchazón, altivez o tono magistral. Si se inicia una disputa procurare no tomar parte o si estoy solo con otra persona, ceder fácilmente si no se trata de un asunto importante.

2º, del defecto no menos pernicioso de la susceptibilidad. Procuraré para esto, despreciar esos ligeros temores o sospechas que mi prójimo me tenga mal afecto, por tal o cual frase o acción. Estas cosas he de despreciarlas y procurar tomarlo todo en buen sentido y excusar toda acción que parezca menos caritativa o justa siempre que pueda, y no ofenderme o mostrarme ofendido por cosas semejantes.

En la meditación 3ª, se nos expuso lo abominable que es el abuso de la palabra divina o sea de la predicación haciéndola servir a la vanidad, y se nos propusieron los medios para evitar este defecto y resistir a esta seductora tentación, de la que no se ven libres los predicadores más santos. Uno de los males es pensar que uno no es más que las faltas que haya habido; que el fruto que se siga no se debe a mis méritos, sino a las oraciones de la Iglesia: “Neque qui plaudet…”. Que muchos buenos predicadores se han hecho réprobos por infatuarse con su elocuencia, etc.

Día 7º. Sobre la pasión de nuestro Señor Jesucristo

Dios me concedió deseos de imitar a Jesucristo en llevar la cruz con resignación y alegría. De amar como Él el desprecio y la desestimación de los hombres. Propúseme recibir con santa igualdad de ánimo y sin turbación las humillaciones, afrentas, calumnias y desprecios que me vengan de los hombres. ¡Qué ejemplo más admirable nos da nuestro Redentor de esto en su pasión! Gracias, Dios mío, por lo mucho que por mi amor habéis padecido en vuestro cuerpo santísimo, en vuestra alma, en vuestra fama y honor.

He de procurar meditar con frecuencia sobre esos desprecios y humillaciones y sufrimientos de mi Redentor. Abrázome, Dios mío con la cruz que os dignéis enviarme.

No me pertenezco a mí ni a nadie, sino a Vos, Dios mío, Creador mío, Salvador mío y mi Bien Sumo: haced de mí lo que os plazca.

En la plática se nos inculcó la necesidad de la vida interior para la eficacia de nuestro apostolado. Esto debo tenerlo siempre presente: si quiero que mi apostolado no sea completamente estéril, frío, inconstante, fastidioso, para mí y para los demás, debo darme a la vida interior. El sacerdote apóstol se coloca sobre un aislador y puesto en comunicación con una máquina eléctrica por medio de cables, se convierte en un depósito de electricidad, al cual todo el que se acerque, hace saltar una chispa. Ese aislador es el recogimiento, la mortificación y humildad, por medio de los cables de la oración, sacramentos, etc. pónese en comunicación con el Corazón de Cristo, poderosa máquina eléctrica, con lo cual henchida su alma con la divina gracia, hace saltar la chispa a cualquiera que se le acercare.

Me conformo una vez más en el propósito de no dejar nunca la oración de una manera especialísima, el examen, vista al Santísimo Sacramento, lectura espiritual,

Santo Rosario, y también he de procurar siempre hacer el retiro mensual, conforme al juicio de mi confesor, pues es una práctica de mucha importancia, porque tiene gran eficacia contra la rutina y monotonía en la piedad; lo mismo he de procurar respecto de los Ejercicios anuales.

Día 8º. De las bienaventuranzas.

Concebí desprecio de las cosas terrenas y deseos de gozar de aquellas delicias celestiales.

Juan María de la Cruz

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