Consagración, ministerio y comunidad: nuestro camino

P. Dehon

El 14 de marzo celebramos el aniversario del nacimiento del P. Dehon. También es el Día de Oración por las vocaciones dehonianas. Compartimos el mensaje que el Superior General, Carlos Luis Súarez Codorniú, envía  a la Congregación y a los miembros de la Familia Dehoniana para ayudarnos a comprender más profundamente el significado de este día.

Consagración, ministerio y comunidad: nuestro camino

Carta para el 14 de marzo, en el aniversario del nacimiento del P. León Dehon

A los miembros de la Congregación

A todos los miembros de la Familia Dehoniana

El pasado 19 de diciembre de 2018 recordamos los 150 años de la ordenación presbiteral del P. Léon Dehon. En la carta que les enviamos para felicitarles la Navidad decíamos al respecto que “su ministerio en la Iglesia fue un continuo aprender a caminar con otros y para los otros”. La proximidad a la fecha de su natalicio nos brinda una vez más la oportunidad de seguir agradeciendo a Dios el don de su vida, de su vocación y de su ministerio.

En su continuo deseo de aprender, reconocemos su constante anhelo de buscar y vivir el querer de Dios, su gran pasión. Con ocasión de este nuevo aniversario, parece oportuno considerar que el ministerio presbiteral que recibió no significó para Dehon el final de su inquieto anhelo de la voluntad divina. De hecho, nuestro Fundador no quedó paralizado por ese clericalismo conformista que también hoy, como entonces, está al acecho. Bien al contrario, se sintió llamado a seguir ahondando en la dinámica de la gracia bautismal que lo había vinculado para siempre a la vida trinitaria.

A partir de su intimidad con el Señor, consciente de los méritos y limitaciones de la Iglesia que le tocó vivir, atento a los desafíos políticos, sociales y económicos del momento, acabó entendiendo que el Señor, a quien tanto quería complacer, lo llamaba a la vida religiosa. ¡Cuánto bien nos hace considerar la dinámica vocacional acontecida en la vida de nuestro Fundador! Fue todo un viaje interior que le permitió ir integrando vocación, ministerio y comunidad. Solo después de mucha oración y discernimiento, alentado por hombres y mujeres insignes de su tiempo a los que supo acudir con humildad para pedir orientación y consejo, entendió que Dios lo llamaba a compartir con otros un camino de fe inspirado en la contemplación atenta del Corazón traspasado del Salvador. De ahí nacen los Oblatos Sacerdotes del Corazón de Jesús.

Hemos de reconocer que nuestro itinerario personal y nuestra consagración religiosa adquieren más identidad y sentido en la medida en que nos adentramos en el itinerario vocacional del P. Dehon. A lo largo de ese recorrido se fue gestando en él su corazón de padre y hermano. Quienes hoy vivimos nuestra consagración a Dios desde la vida religiosa, bien sea como presbíteros o como hermanos, hemos de seguir acogiendo como savia indispensable el patrimonio carismático que nos ha sido dado.

Sin embargo, somos conscientes de que en no pocas ocasiones el buen desarrollo de nuestro itinerario vocacional se ve afectado por el modo de responder a necesidades, tareas y compromisos que nos llegan desde la realidad eclesial, la sociedad o incluso desde intereses muy personalistas. Ante tanta urgencia estemos atentos para que nuestra identidad no quede reducida a una simple función ministerial o profesional. De ser así, acabaríamos privando a la Iglesia de la vocación genuina que hemos recibido para vivir nuestra vida religiosa.

En este sentido, conviene recordar que hace veinticinco años la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica publicaba “La vida fraterna en comunidad”. A lo largo de los años este documento ha ayudado a muchas comunidades religiosas a renovarse y a centrarse en el aporte que de ellas se espera para la vida de la Iglesia:

Expertos en comunión, los religiosos están llamados a ser en la comunidad eclesial y en el mundo testigos y artífices de aquel proyecto de comunión que está en el vértice de la historia del hombre según de Dios. Ante todo, con la profesión de los consejos evangélicos, que libera de todo impedimento el fervor de la caridad, se convierten comunitariamente en signo profético de la íntima unión con Dios amado por encima de todo. Además, por la experiencia cotidiana de una comunión de vida, oración y apostolado, que es componente esencial y distintivo de su forma de vida consagrada, se convierten en “signo de comunión fraterna” (VFC 10).

Releyendo este texto constatamos cómo el Espíritu nos impulsa incesantemente a encarnar aquí y ahora cuanto nos ha dado en nuestro carisma dehoniano. Que nuestra oblación cotidiana, expresada en palabras y hechos, sea declaración sincera y acento distintivo de nuestra disponibilidad compartida para el anuncio del Evangelio:

A menudo los religiosos se distinguen por el color de su hábito; el hábito de nuestra alma ante Dios debe ser el amor y si fueran precisos dos, el segundo sería la compasión. Sin eso no existe el Oblato; absolutamente necesario (Cahiers Falleur 1/48).

Les deseamos una buena celebración de este nuevo aniversario. Que nos siga estimulando en nuestro caminar juntos y que el Señor nos conceda la gracia de vocaciones deseosas de seguir adentrándose en el camino que el P. Dehon inauguró para nosotros.

In Corde Iesu,

P. Carlos Luis Súarez Codorniú, scj Superior general

y su Consejo

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