Anunciación y nacimiento de Jesús

Nacimiento Jesus

Domingo de Adviento que coincide con la Nochebuena del Nacimiento del Salvador. Se amalgaman la Anunciación y el Nacimiento del que era anunciado: Jesús, el Mesías, el Señor. Está claro que estamos contemplando las dos caras de la misma moneda, estamos contemplando el gran misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

Y se me ocurre preguntar ¿por qué Dios se hace hombre? No es nada original la pregunta. Ya se la hizo San Anselmo hace muchos siglos; pero quizás la respuesta a la pregunta no sea idéntica a la del santo. Y es que hace unos días una persona me decía que está enfadada con Dios porque no entendía a un Dios-Padre que envíe a su Hijo para que lo claven en una cruz. Eso no lo hace un buen padre. Eso es un poco masoquista. Mi respuesta fue, de inmediato, que Dios no envía a su Hijo para que lo maten. Lo matamos nosotros. Pero esa persona se hacía eco de una teología “dolorista” en la que parece que para calmar a Dios hacen falta víctimas propiciatorias.

Yo le digo: “Imagínese Ud. que el pueblo que escucha a Jesús, se convierte (como sucedió con los habitantes de Nínive ante la predicación de Jonás) y le siguen cumpliendo sus mandatos y pautas. ¿Le hubieran matado? Seguro que no. Y se hubieran salvado: No por la cruz, sino por la obediencia de la fe o la obediencia al Padre”. Esa conversión era totalmente real y posible. Esa conversión era lo deseado por Dios dicho de mil formas, por los profetas, por Juan y por su Hijo Jesucristo. Lo que realmente sucedió es que no se convirtieron (ni nos convertimos) y entonces los derroteros seguidos por Cristo, en fidelidad a la voluntad de Dios, fueron el llegar hasta la muerte y una muerte de cruz. Pero una cruz gloriosa, donde se muestra hasta donde llega el amor del Padre hacia el Hijo y nosotros (Un amor sin límite) y el amor del Hijo hacia el Padre y hacia nosotros (Un amor sin límite).

Sigue la pregunta en pie: Por qué Dios se hace hombre.

San Pablo en la lectura de hoy (Rom 16, 25-27) nos dice que en Jesucristo se revela el misterio mantenido en secreto durante siglos eternos. En Jesucristo se manifiesta este misterio o plan de salvación de Dios para nosotros. Es en la carta a los Efesios (1, 3-12) donde dice al respecto: “Dios nos eligió en la persona de Cristo –antes de la creación del mundo- para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo –por pura iniciativa suya- a ser sus hijos”.

Este es su plan de salvación. Esto quiere decir que aunque no hubiera habido pecado, la encarnación de Jesús estaba en los planes de Dios para que toda la creación fuera crística y nosotros pudiéramos ser en verdad hijos de Dios, pues lo somos. Esta era la voluntad primera de Dios. Lo que pasa es que aquí quien descompone es el hombre. Rompe ese plan de Dios ejerciendo el don de su libertad para decirle a Dios que no le interesa su propuesta. Y aquí se tuercen los caminos. Adán y Eva no entran en obediencia. Pecan. Pero Dios no se da por vencido. Faltaría más. Y busca la manera de recomponer los desaguisados del pecado de origen. Y es ahí donde entra la PROMESA del que pisará la cabeza de la serpiente engañosa. Y es ahí donde aparece la figura de la nueva Eva a la que tenemos en primera línea de la preparación de la Navidad.

El Evangelio de hoy no tiene desperdicio. Hace referencia a la vocación de María y su actitud ante el Dios que llama. Hemos de saber y reconocer que lo que acontece hoy en María viene preparado desde siglos atrás y que aquí se cumple lo que está prometido en la primera lectura (2 Samuel 7, 1-16). Merece la pena detenerse en esta lectura y ver como los caminos de Dios suelen ser distintos de nuestros caminos, pero sobre todo ver cómo la iniciativa en la historia permanentemente la lleva Dios. Y Él se ha empeñado en que esto no camine hacia el caos sino que camine hacia la salvación. De la descendencia de David, vendrá Jesús el Cristo, el hijo de María y de José, el Hijo de Dios.

En el Evangelio de la anunciación la iniciativa la tiene Dios. Es el que llama y propone y promete.

“Alégrate, llena de Gracia”. El domingo pasado era el domingo “gaudete” o  “alegraos”. Dios trae alegría. Alégrate porque “El Señor está contigo”. La razón de la alegría es porque Dios está con ella; y con nosotros. María toma conciencia de esa presencia de Dios en su vida y eso hará que en ella la esperanza no se apague nunca y que su corazón esté siempre alegre en el Señor. El panorama que le presenta el Ángel a continuación es tremendo. La deja boquiabierta, sorprendida, algo confusa a la vez que se sabe pequeña ante Dios y para nada capacitada para la misión que se le encomienda. El Ángel le promete la fuerza del Espíritu Santo para llevar adelante todo el plan. Y María se fía y dice SÍ. Responde con su “fiat”, su “hágase” en mí según tu palabra. María da el SI que Dios esperaba desde todos los siglos. María entra en obediencia al plan de Dios y empieza a enderezarse para siempre la historia de la Salvación. Una creatura (una mujer) se deja hacer por la obra del Espíritu Santo en ella. Una creatura se abre al amor de Dios y deja que su vida transcurra por los caminos que Dios quiera llevarla.

El primer paso de la salvación de los hombres ya está dado en este SÍ de María. Este SÍ acarrea para todos nosotros al Emmanuel o Dios con nosotros. El Dios que envía a su único Hijo para que se haga hombre, para que acampe en medio de nosotros y sea carne de nuestra carne, sea estirpe de Adán y así todos los vivientes puedan ser con toda seguridad y todo realismo verdaderos hijos de Dios. Todos podamos ser hijos en el Hijo.

Este es el primer nivel y el más profundo nivel de la salvación. Nuestra historia se abre a Dios, o Dios abre nuestra historia y se mete en ella para que entre el cielo y la tierra no haya un muro infranqueable sino que haya puentes y autopistas, escalas de Jacob, por donde suba y baje la Gracia de Dios y los agraciados de Dios.

En este día en que se enhebra el domingo y la navidad que entremos en el gozo del Señor al sabernos amados de Dios y saber que este Dios es el EMMANUEL o el Dios con nosotros por siempre. Esta es la razón de nuestra alegría y que un día será completa cuando todos estemos celebrando la gran Pascua de la creación en el cielo.

FELIZ NAVIDAD 2017

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *