¡Aprender a abrazar!

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Estimado lector de esta sección “Educación y familia”, con esta reflexión concluyo el ciclo iniciado en este curso académico, en el que he intentado profundizar sobre nuestro lema pastoral, “Ver, Sentir, Abrazar, con Dios muévete”, lema que desde estos tres gritos nos ha invitado a poner en práctica una nueva fórmula de la misericordia en la tarea educativa.

Este lema se ha trabajado en conjunto con los profesores, padres y alumnos, y gracias a la iniciativa de la Escuela de Padres, hemos podido dialogar y compartir diversos aspectos en relación al tema elegido. En el último encuentro dialogamos sobre el aprendizaje del abrazo, este gesto aparentemente simple y espontáneo que surge en una felicitación, en un reencuentro, en una despedida, que expresa cercanía, cariño, consideración a la persona que abrazamos. La experiencia nos dice que con frecuencia los jóvenes tienen vergüenza en público a darse un abrazo; si analizamos por qué se sienten incómodos, comprobamos que el contacto físico implica un conocimiento previo de la persona que vamos a abrazar, y es necesario integrar las emociones y pensamientos con el propio yo.

No es extraño en la adolescencia, ver situaciones de rechazo a la hora de darse un abrazo, dado que es una etapa en la que se necesita encontrar sus propios límites y, diferenciarse de los otros, a nivel afectivo e incluso físico. En ocasiones se recuerda la etapa de la infancia, y el adolescente nos está pidiendo respetar los tiempos y espacios de su crecimiento afectivo. El joven en general, tiene complejo y hasta miedo de ser atrapado por la etapa “proteccionista”, que en ocasiones se vuelve paternalista por sus propios padres; de ahí que sea muy importante saber acompañarles desde el respeto, comprensión y la autonomía de su crecimiento. A nuestros hijos en esas edades no les agrada que les vean con los padres, quieren ser y sentirse “mayores”…, dicen que sus padres no les entienden, no se enteran de lo que les pasa, quieren tener su propio criterio, su música, y estar con sus amigos.

El apoyo del grupo, entre iguales, va llenando el agujero afectivo de la soledad, de la incertidumbre de ir haciéndose mayor. De vez en cuando vuelven a los ajustes del cambio emocional, y a veces un abrazo a tiempo, dice más que mil palabras. En esta etapa de inestabilidad, se pasa de ser controlados a controlar; de ahí que sea necesario marcar la diferencia, y con mucho cuidado, buscar alternativas para comprender y pensar en común.

Ante malos entendidos, conflictos y malestares…, ¿Cómo podemos abrazar? El adolescente, no está pidiendo una mirada profunda, que vea el porvenir de su vida. Espera una mirada comprensiva, asertiva, como paso previo de un abrazo, es necesario acercarse con compasión, desde la verdad, sin juicios, ni culpabilidades.

Abrazar a un joven, implica aceptación, reconocer que está así, enfadado, furioso, confundido…, pero que necesita ser acogido y abrazado: “Sé que estás muy enfadado con tu padre, lo reconozco, lo acepto…”. El adolescente necesita a alguien con quien contrastar sus emociones, para ir integrando su sentir, pensar y hacer en la vida.

Para concluir la presente reflexión, deseo adjuntar un pequeño discurso que me pidieron al inicio de este curso, y está en muy cercana sintonía con esta reflexión:

“Queridos profesores y alumnos y demás miembros de la comunidad educativa, después de Ver y Sentir se nos invita también a Abrazar. Si os pregunto en este inicio de curso, ¿Cuántos de nosotros nos hemos dado un abrazo? Sin duda que son muchos los abrazos que de forma espontánea, hemos compartido con nuestros compañeros y profesores. El abrazo auténtico nace de la alegría de encontrarnos de nuevo, propio de los lazos de amistad, compañerismo, para afrontar un nuevo curso juntos.

Si conociésemos las muchas propiedades que tiene el abrazo:

+ Equilibra la presión arterial. + Abre las puertas al buen humor. + Retrasa el envejecimiento. + Produce bienestar y alegría continua. + Los seres humanos necesitamos cuatro abrazos al día para conservar la alegría. + El 16 de junio es el día internacional del abrazo. +Hay un movimiento internacional, llamado “Abrazos Gratis”, para transmitir la armonía y felicidad en la calle.

Quizá no tiene tanta importancia conocer estos datos, cuanto si estamos dispuestos a comenzar este nuevo curso dándonos un abrazo. Como aquel Padre de la parábola de hijo pródigo: “…que estando todavía lejos el hijo, lo vio, se conmovió, corrió hacia él, se le echó al cuello y lo besó efusivamente”.

Os invito en este momento, a daros un abrazo, como expresión de este nuevo curso que vamos a emprender y deseamos superar con éxito: ¡CON DIOS MUÉVETE A ABRAZAR!

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