Arte y espiritualidad

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En este mes de junio después de finalizar el capitulo general tuvimos la gracia de compartir nuestra vida con Carlos Luis Suarez y Hernán Rodríguez, sacerdotes de nuestra región de Venezuela, que estuvieron participando en el capitulo.Los dos estuvieron en la casa de Noviciado. En su estancia por estas tierras nos brindaron su experiencia de vida para enriquecer nuestra formación. Carlos Luis nos hablo de la vida comunitaria y Hernán sobre la espiritualidad del arte. Esto mismo es lo que os voy a compartir en esta ocasión.

Lo primero que hicimos fue definir cada uno lo que era belleza, arte y espiritualidad. Apreciamos que sobre los dos primeros conceptos, aportamos opiniones muy diferentes. Cada uno entiende y percibe la belleza y el arte desde una perspectiva distinta. Lo que yo considero bello o una obra de arte, para otro, simplemente, puede ser una pérdida de tiempo. Pero si uníamos ambos conceptos se ampliaba más el modo de entenderlos.

Meditamos y estudiamos en la historia del arte cómo el ser humano ha dejado su huella en el mundo a través de la pintura, arquitectura, escritura, música y otros modos de expresión artística que el hombre ha usado a través del tiempo. Pero, el ser humano, ¿para qué, desde tiempos antiguos, se ha servido del arte? Para dar a conocer aquello que siente y le interpela. Un ejemplo claro son las culturas antiguas, que pintaban en las cuevas distintas cosas que ahora conocemos como arte rupestre y que reflejaban su modo de vivir. El arte, también, ha servido y sigue sirviendo a la causa de la evangelización.

Damos un gran salto hasta nuestra era Cristiana. El arte y el cristianismo han tenido una relación muy estrecha, ya que la iglesia siempre se ha valido del arte para evangelizar y dar a conocer a Jesucristo por la mano de hombres y mujeres que se han dedicado a la pintura, arquitectura, entre otras artes. Es así como el arte ha acompañado a la evangelización y es un instrumento que han usado muchísimos países, culturas y religiones para dar a conocer algunas cosas.

Nos quedamos en la religión. El arte religioso no es cualquier arte; es aquel que quiere dar a conocer el misterio de Dios, que quiere trasmitirnos el misterio y abrirnos a la trascendencia. En nuestra Iglesia ha sido de mucha ayuda el arte; sobre todo la pintura, arquitectura, escultura y música para catequizar al pueblo, que en ese tiempo no sabía leer ni escribir y por medio de la vista, podían percibir lo que daban a conocer esas grandes obras.

En nuestro siglo existen personas que aún siguen animando a profundizar en el arte religioso, que nos lleve por medio de distintas obras a descubrir un poco más a Dios. Por eso, después del Concilio Vaticano II los distintos Papas otorgado un lugar privilegiado a los artistas. Nombramos sólo algunos: El Beato Pablo VI: en los distintos documentos del Vaticano II, San Juan Pablo II: en su carta a los artistas y Benedicto XVI: con la belleza camino a Dios. Todos ellos han valorado sobremanera el gran trabajo que hacen aquellos que nos quieren acercar a Dios por medio de sus obras.

Hoy en día la obra de arte más hermosa necesita de nosotros; por este motivo el Papa Francisco hace una llamada a cuidar la casa común, es decir, la creación que Dios nos ha dado, la obra más bella del Creador. La tierra y, en consecuencia, nosotros mismos que la habitamos, por medio de ella es como nos acercamos a Dios. La Creación, una obra tan grandiosa, debe llevar a preguntarnos, ¿quién lo ha hecho? Y si profundizamos diremos que una obra tan perfecta, sólo debe venir de un Dios Perfectísimo. Termino con un trozo de un himno de la liturgia de las horas: “Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte de haberle dado un día las llaves de la tierra. Amén”.

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