Beatificación de los mártires de Valencia

beato-dehoniano

Durante la persecución religiosa en España en los años 30, la Archidiócesis de Valencia pagó uno de los mayores tributos de sangre (361 sacerdotes, 373 hombres y jóvenes de Acción Católica, 93 Mujeres de A.C., y varios centenares de religiosos de diversos institutos masculinos y femeninos) y esto explica el hecho de que en ella se abrieran la mayoría de los procesos de beatificación que han llegado a su punto final.

Impulsados por los arzobispos Marcelino Olaecha (1946-1966) y José María García Lahiguera (1969-1978), Siervo de Dios, así como por el Presbiterio diocesano y el Foro de Laicos, lo mismo que por las respectivas Órdenes y Congregaciones religiosas, Valencia dedicó mucha energía humana para que estos procesos pudieran llegar a su conclusión y fueran un instrumento de evangelización, especialmente en los campos de la catequesis, de la pastoral juvenil y de la promoción vocacional.

Los mártires de Valencia, entre los que se encuentra el Beato Juan María de la Cruz, fueron martirizados única y exclusivamente por motivos religiosos, murieron amando y perdonando a sus verdugos y diciendo “¡Viva Cristo Rey!”, porque tuvieron un sentido teológico muy profundo de la realeza de Cristo y porque éste fue el grito con el que los cristianos hicieron frente a los totalitarismos del siglo XX. Hoy los veneramos en los altares como mártires de la fe cristiana, porque la Iglesia ha reconocido oficialmente que entregaron sus vidas por Dios durante la persecución religiosa en esa época.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *