Celebración del cincuenta aniversario de la ordenación sacerdotal del P. Artemio López Merino scj

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Como estaba previsto y anunciado, durante esos días en la Parroquia Santa María de Argelia (Quito) tuvieron lugar estos solemnes festejos para celebrar los 50 años sacerdotales del P. Artemio López:

1°.- Un triduo de acción de gracias que consistió en la concelebración de la Eucaristía, cada día presidida y animada por un celebrante principal y con un motivo especial de animación y de reflexión: el día primero (miércoles 21) presidió e hizo la homilía el P. José Luis Domínguez (Superior del Distrito de los Dehonianos de Ecuador), que eligió el tema de las vocaciones tanto a la vida religiosa como a la sacerdotal; el segundo (jueves 22) le correspondió al P. Juan Pablo Martínez (mi paisano y compañero de comunidad), que habló sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús; y el tercero (viernes 23) quien nos presidió la santa Misa e hizo la reflexión fue el P. Ramón Soriano (compañero de toda la vida y uno de los tres re-fundadores de la Congregación en Ecuador), que disertó precisamente sobre nuestra segunda presencia misionera en Ecuador.

2°.- El sábado día 24, hicimos una invitación especial a los enfermos y personas de la tercera edad de nuestra parroquia, sobre todo porque un servidor lleva ya 16 años animando la pastoral de la salud en los barrios de la Argelia. La eucaristía fue a las 9,30 de la mañana, con muy buena asistencia, y lógicamente presidida por el mismo P. Artemio, que comentó tanto su experiencia visitando a los enfermos, como también la de las señoras que habitualmente le acompañan en este servicio parroquial de caridad y misericordia. En el momento oportuno, a todos los presentes mayores de 65 años se les administró el sacramento de la santa Unción. La mañana se completó con variados refrigerios y animación a base de cantos, música, danza y bailes, especialmente del folclor ecuatoriano.

3°.- El domingo día 25, tuvimos una concelebración especial en unas canchas deportivas conocidas como las del relleno. Como era la única misa que se celebraba ese día en toda la parroquia, la presencia de fieles fue magnífica. En la predicación, además de hacer un breve recorrido por los lugares donde se ha desenvuelto mi sacerdocio y vida religiosa, quise dar testimonio de mi respuesta a la elección del Señor a base de detalles sobre algunos hechos de fe, esperanza y caridad y, más que nada, dar enormes gracias al Creador y Todopoderoso porque me llamó, me eligió y me acompañó con sus gracias especiales durante toda la vida. Seguidamente, allá mismo prosiguió la fiesta, pero ya más folclórica y gastronómica con la participación de todos los grupos parroquiales que, por cierto, derrocharon imaginación y buenos modos culinarios y festivos.

Para terminar, quiero dedicar unas palabras emotivas y salidas de lo más profundo de mi corazón a todos los que me han deseado y manifestado tanta amistad y felicidad. ¡Dios se lo pague como Él sabe y suele hacerlo!, puesto que nunca deja sin premio aunque tan sólo sea un simple vaso de agua dado en su nombre. ¡Dios nos bendiga abundantemente!

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