Clint Eastwood el camino de la redención, Miguel Ángel Millán scj

"¿Te has dado cuenta que, de vez en cuando, te puedes encontrar con alguien con quien que no deberías meterte? Ése soy yo". Walt Kowalski – Gran Torino
CLINT EASTWOOD Y EL CAMINO DE LA REDENCIÓN
En esta ocasión la sección recrearte quiere tributar un sentido homenaje al séptimo arte y que mejor que recrearnos con un personaje de película que no es otro que Clint Eastwood. De Eastwood se ha escrito mucho, este californiano natural de San Francisco ha hecho del cine y sus personajes un modelo de subsistencia incombustible. Sus orígenes son humildes vino a nacer en plena gran depresión 1930 lo que provocó que su familia tuviese que llevar una vida errante para garantizar el sustento de la misma. Por lo tanto, el cineasta desde muy joven se ve impelido a participar en la economía familiar (situación que tiene un parecido semejante al de nuestra realidad circundante). Este motivo le llevo a realizar todo tipo de profesiones desde cortador de césped, repartidor de periódicos, mozo de cuadra, bombero forestal y empleado en una gasolinera. Este hecho puede que motivase su poliédrica variedad de interpretación en lo que ha sido su amplia gama de personajes.

 

Como muchos se inició en el cine en películas de serie B, motivado no por las virtudes interpretadoras sino más bien por su notable presencia física. Fue el conocido Sphagetti Western de los años 60 con el carismático director italiano Sergio Leone, el que le impulso en su meteórica carrera a la cúspide cinematográfica. Por un puño de dólares, la muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo son las míticas películas que nos presentan la primera imagen del último dinosaurio del Far West. Muy distinta será la que dirija como director y actor interpretando en Sin Perdón a Bill Munny. Recordemos también su reconocida interpretación en la trilogía de Harry Callahan donde interpreta a un inspector de modales bruscos que se esmera en su trabajo de higiene social mediante la fuerza bruta.

Pero prestemos una atención especial a los distintos personajes que ha interpretado en estos últimos años ya como productor, director y actor de sus propios films. Los personajes de sus últimas películas nos presentan a seres marcados por la fatalidad, este es el caso de William Munny en Sin perdón o el de Frankie de Millon Dólar Baby, el entrañable Walt Kowalski de Gran Torino o un personaje olvidado de una película menos recordada Ejecución inminente en el que da vida a un periodista alcoholizado y despreocupado de sus obligaciones familiares Steve Everett.

Estos seres inician un camino de redención semioculta donde refugiados en la parte más intima de ellos, esconden sus rasgos más humanos defendiendo su debilidad con agresividad verbal y física. Recordemos algunas frases célebres que parecen sesgar todo deseo de trascendencia:

Sacerdote Janovich —Dorothy [su mujer muerta] hizo especial hincapié en que deseaba que se confesara.
Kowalski —Pues confieso que no deseo confesarme con un niñato que acaba de salir del seminario.

Sacerdote Janovich -He oído que ha habido problemas en el vecindario, ¿por qué no ha llamado a la policía?
Kowalski —Recé para que viniera, pero… no hubo respuesta.

Kowalski al Sacerdote Janovich – Pienso que eres un virgen de 27 años que no sabe nada de la vida y al que le gusta coger de la mano a las viejecitas supersticiosas y prometerles la eternidad.

Con semejantes frases en el guión de la película, cualquiera tendría la certeza de que estamos una clara cruzada frente lo eclesial y clerical. Pero lejos de ese propósito, los personajes tratan de mostrar una bondad imposible, la anhelada búsqueda de la paz y el bien que satisfaga ese deseo permanente de una plenitud que siempre se ha mostrado incompleta.

Frankie, William, Kowalski o el mismísimo Steve en su deseo de justicia frente a un reo de muerte acusado de un crimen que no cometió son personajes desencarnados en una realidad que les pide rectificar y aceptar sus propios límites. Hay un deseo constante de enmendar sus errores pretéritos como el que añora una esperanza marchita. Es en este punto donde majestuosamente en su última producción, Gran Torino, el ex combatiente en Corea Kowalslki decide redimir su pena en un acto heroico de entrega. Una vida marcada por la violencia recibe una muerte pacífica, un deseo de conversión materializado en una confesión codiciada como quién se predispone a un viaje trascendente más allá de los límites de su razón. Una defunción completamente evangélica con claros tintes cristológicos, donde hasta detalles tan nimios como brotar un hilillo de sangre de la muñeca nos indican un rasgo indicativo de una pasión cristiana o esas últimas palabras antes de expirar encomendándose a María con la misma devoción que un converso abraza a la fe.

Finalmente la propia estructura de la película Gran Torino parece desembocar en el mismo círculo en el que empieza, en un funeral. Si se inicia en el sepelio de su esposa con el clásico discurso homilético sobre el sentido de la muerte por parte del inmaduro sacerdote Janovich. Se cierra en el funeral del propio Kowalski en una homilía ilustrada en la experiencia de un vivir junto a los otros como experiencia angular de toda relación. Semejante a la misma nitidez humana en la que quisieron comunicarse Kowalski y Janovich cada uno con su propio estilo en su nostalgia de Dios.

 

 

 

 

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