Corazón traspasado

“Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel sábado, ya que aquel día se celebraba la Pascua. Por eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los crucificados y que los quitaran de la cruz.
Los soldados rompieron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, le atravesó el corazón, y de pronto, salió sangre y agua”. (Jn 19, 32-34)

"Ahora estás delante de nosotros, extendido en la cruz, como un libro abierto. Y todo está ya realmente consumado, excepto que tu no has sufrido bastante.

Es verdad que ni tu misma Madre reconoce tu rostro desfigurado. Es verdad que, desde la planta del pie hasta tu cabeza, no hay sitio en el que la voluntad de hombre no se haya manifestado; pero aún queda tu Corazón por traspasar.
Hijo de Dios, ¡cuántos siglos hace que te arrastran con la cuerda al cuello! Ni siquiera las prostitutas pueden mirarte sin disgusto. Hemos sido capaces de borrar el resplandor de tu Rostro.
Los sabios que te ven sacuden la cabeza y la vuelven para sonreír. Sabe mejor que tú lo que has querido decir: algo banal y ordinario y nada que no hayas tomado de otro.
De Ti no nos han dejado nada: ni palabra ni rostro. Han sorteado tus vestidos y los han rehecho a su medida. Les da mucho que hablar a las buenas mujeres y tus Apóstoles.
Has muerto, y el sol se ha eclipsado.
Es evidente que en la cruz está expuesto un cadáver.

Amigo, si Tú nos fallas, ¿qué nos queda?
Has hecho lo que has podido, y no es un reproche lo que te hacemos. Pero, ¿no era bastante profundo el misterio del seno paterno, para que necesitases asumir nuestra nada y añadieses a ella la muerte terrible?

El centurión te vio morir, aún no tuvo bastante con eso
y se lanzó sobre Ti, lanza en mano, y te atravesó el corazón.

La lanza entra por el costado y sale bajo el pecho.
El pagano te ha golpeado al azar, pero Tú esperas más de tus fieles: la herida profunda y escondida sólo nos pertenece a nosotros.

El amor me ha desarmado, y mi Padre ya no es para mí un refugio. Conoced, por fin, este corazón que habéis abierto de parte a parte. De él sale la sangre que, sobre el altar, se renueva en el cáliz."

Paul Claudel, poeta francés.
 

 

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