Cuaresma dehoniana (VI)

Mirarán al que traspasaron – La nueva alianza

Probando su fidelidad, Cristo también probó su “alianza” con el Padre, su “adquisición” sacerdotal para Dios. Derramando su sangre “él, de hecho, se ofreció a sí mismo inmaculado a Dios” (Hb 9,14) confirmándose como primer aliado de Dios Padre, unido a Él por un sacerdocio eterno: “la vida que ahora vive, la vive para Dios” (Rom 6,10; cf. Hb 8,1-2).

Ahora, también este probar suyo como “aliado” y “sacerdote” del Padre quiere ser la intervención radical de Dios en nuestro corazón (= alianza “nueva”), esto es, la fuerza de animación y de apoyo de nuestra “alianza” y de nuestra “adquisición” sacerdotal para Dios: “Con su sangre, de hecho, él nos adquiere para Dios y hace de nosotros sacerdotes para él” (Ap 5,9-10).

Cristo quiere, así, revivir en nosotros su liturgia de “cordero pascual” (Jn 19,36 y Ex 12,26-27), quiere revivir en nosotros el ofrecimiento de sí mismo inmaculado a Dios, alcanzado su vértice supremo en el derramamiento de la sangre, y ahora continuado en la gloria de la resurrección (Rom 6,5.11).

Una vez más, ¡esto es cuanto quiere decirnos el don de la “sangre” que prorrumpe de su costado traspasado! En el signo de su “sangre”, Él nos entrega su “muerte”, no como un capital que extingue nuestra deuda con Dios, sino como una “espiritualidad” que él quiere revivir en nosotros, hasta hacernos exclamar con Pablo, el Apóstol: “Christo confixus sum cruci. Vivo autem iam non ego, vivit vero in me Christus!” (Gal 2,19-20). Continuará…

 

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