Cuaresma dehoniana (XXX)

Mirarán al que traspasaron

Espíritu de reparación

Llegamos así a la tercera conclusión: la conversión siempre más interior y radical al amor del Padre, debe comportar la conversión siempre más profunda y sufrida en Cristo, por Cristo y con Cristo, al amor de los hombres hermanos.

Esta reconciliación de amor en Cristo, por Cristo con el Padre y entre los hombres que deben sentirse y vivir como hermanos, es el Espíritu de reparación que nuestro Fundador nos dejó como característico del carisma SCJ, dándonos él mismo el ejemplo con el apostolado social, para la realización de una mayor justicia y fraternidad en el mundo del trabajo.

El Cristo traspasado, comunicándonos el Espíritu, en el signo del agua, se presenta como el gran sacramento de la reconciliación de amor con el Padre y entre los hombres hermanos, obrando con ellos, para la realización de un mundo más justicia, más digno de hombres, hijos de Dios.

Volvemos la mirada a Aquel que traspasaron y, en su contemplación, buscaremos realizar, si somos coherentes, este programa de vida: “él ofrece por nosotros su Vida. También nosotros, por lo tanto, debemos ofrecer, por los hermanos, nuestra vida” (1Jn 3,16). Debemos estar dispuestos al don de la vida para Dios y para los Hermanos. Es el Espíritu de amor, de inmolación, de víctima, de la que habla el P. Dehon, como característico de nuestra vocación y pedido al menos como íntima disposición.

Así la fuente del costado abierto de Cristo se reproducirá en cada uno de nosotros: “El agua que yo daré se convertirá en él en fuente de agua que salta hasta la Vida eterna” (Jn 4,14); se convertirá en “diakonía Pneumatós” en favor de los hermanos para “desvelar y juntos realizar el misterio de amor de Dios hacia el hombre” (GS 45), que quiere a todos hijos, a todos hermanos .

Continuará…

 

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