Cuaresma dehoniana (XXXII)

Mirarán al que traspasaron

Prejuicios al culto del Corazón de Cristo

Pío XII, se sintió en la obligación como Pastor supremo de la Iglesia de rechazar los prejuicios de “aquellos que tienen dificultad o, es más, rechazan el culto al Corazón de Cristo, como menos respondiente, por no decir dañoso, a las necesidades espirituales más urgentes de la Iglesia y de la humanidad en la hora presente. Tales, de hecho, confundiendo o equiparando la índole primaria de este culto con las varias formas de devoción que la Iglesia aprueba y favorece, pero no prescribe, lo estiman como algo de superfluo, que cada uno puede practicar o no a su arbitrio; otros, pues, estiman que este mismo culto sea oneroso y de ninguna o bien modesta ventaja especialmente para los militantes del reino de Dios, preocupados sobre todo de consagrar lo mejor de sus energías espirituales, de sus medios y de su tiempo a la defensa y a la propagación de la verdad católica, a la difusión de la doctrina social cristiana y al incremento de aquellas prácticas y obras de religión, que juzgan mucho más necesarias para nuestros tiempos. Además hay otros, que, si bien reconocen en esto culto un medio eficacísimo para la obra de renovación y de progreso de las costumbres cristianas, sea de los individuos sea de las familias, ven una forma de devoción atravesada sobretodo de sentimiento que de nobles pensamientos y afectos, y por ello más acorde con las mujeres que adaptado a hombres cultos.

Hay finalmente otros, que, reteniendo este culto como demasiado vinculado a los actos de penitencia, de reparación y de las virtudes que llaman ante todo “pasivas”, porque están privadas de aparentes frutos exteriores, lo juzgan menos idóneo para revigorizar la espiritualidad moderna, a la que incumbe el deber de la acción abierta e indefensa para el triunfo de la fe católica y la valiente defensa de las costumbres cristianas, en medio de una sociedad envenenada de indiferentismo religioso, descuidado de toda norma discriminadora de lo verdadero de lo falso en el pensamiento y en la acción, sumiso a los principios del materialismo ateo y del laicismo.

¿Quién no ve, venerables hermanos, el estridente contraste entre similares opiniones y los públicos testimonios de estima por el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús, profesados por nuestros predecesores sobre esta cátedra de verdad?” .

Continuará…

 

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