Cuaresma dehoniana (XXXV)

Mirarán al que traspasaron

La referencia al Cristo traspasado… al Padre… y a los hombres hermanos

Así pues, si con la expresión “culto al Corazón de Cristo” entendemos referirnos al culto hacia el Cristo traspasado, y a él debemos referirnos, ceden las dificultades de aquellos que temen que tal culto sea dirigido a una “cosa” más que a una persona. No debemos olvidar, de hecho, que aceptamos la expresión “Corazón de Cristo” justo porque, mejor que cualquier otra, evoca con dignidad y seriedad, el misterio “pascual” del Cristo traspasado.

De cuanto hemos dicho, resulta con suficiente evidencia que nuestro culto al Corazón de Cristo no se detiene en el Cristo traspasado: – Él, de hecho, es la revelación, el sacramento del Padre, fuente de agua viva. Volviendo la mirada a Aquel que hemos traspasado, la dirigimos al Padre, nos beneficiamos de la función mediadora del sacramento del Cristo traspasado para volver al Padre…

– Dándonos el Espíritu, el Cristo traspasado nos asocia a su vida de oblación y nos “adquiere” sacerdotalmente para el Padre ; no solo, sino que la conversión siempre más interior y radical al amor de Dios, comporta la conversión siempre más profunda al amor de los hombres en la disponibilidad de servicio, en la reconciliación de amor, hasta el don de la vida o inmolación por Dios y por los hermanos. Esto es para nosotros el Corazón de Cristo.

“Un Cristo verdaderamente divino, universal, omnioperante, en el que tengo conciencia de vivir en plena alegría y libertad como en la única atmósfera real de este mundo … En el corazón de la materia — un corazón del mundo — el Corazón de un Dios” .

Fin.

 

 

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