Cuarto domingo de pascua

En este tiempo pascual, el evangelio nos propone la figura del Buen Pastor. La pascua ha sido el momento en que Cristo ha demostrado ser el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. En nuestra sociedad hay muchos púlpitos desde donde los líderes hablan y gritan en busca de seguidores. Jesús, desde el ambón del mundo, anuncia su mensaje veraz y es el primero que da testimonio de que la vida se puede entregar por todos. Algunas personas se sienten ofendidas al escuchar el evangelio de hoy, que habla de las ovejas. Ellas no son ovejas masificadas y no aceptan el lenguaje evangélico. Quizá estas mismas personas son manipuladas o instrumentalizadas por los que gritan en las plazas y en los medios de comunicación. Cristo, el pastor, no actúa de esta forma, personaliza las relaciones con cada uno de nosotros. Cristo no sabe contar más que hasta uno, y este uno es cada uno de nosotros. No se aprovecha para sus intereses, no busca ni el voto ni las influencias, sino que da la vida por cada uno y se interesa generosamente. Su relación no es fría y lejana, sino llena de amor y de cercanía. La lógica de Cristo es darse, servir y dar la vida por los que ama. Cristo es una figura de viva actualidad. La voz de Jesús no es aduladora ni promete falsos paraísos, es voz fascinante y cercana, comprensiva y personalizada.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 13, 14.43-52
SALMO RESPONSORIAL: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño
SEGUNDA LECTURA: Apocalipsis 7, 9-14b-17
EVANGELIO: Juan 10, 27-30

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