De Consistorios y ‘treparaciones’

Foto de http://www.delabahianoticias.com
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Se acerca el 14 de febrero, día de la creación (el Papa usó para el caso la ‘novedosa’ palabra ‘nombramiento’ en el ángelus del 4 de enero) de los nuevos cardenales, entre ellos nuestro apreciado don Ricardo. Bien dice el Papa en una carta (parece que enviada particularmente ese mismo día a cada ¿nombrado?, ¿preconizado?, nuevo futuro cardenal) que “muchos se alegrarán por esta nueva vocación tuya y, como buenos cristianos, harán fiesta (porque es proprio del cristiano alegrarse y saber festejar”.

Pues sí, la gente, los cristianos (aunque no deba, desde mi condición de clérigo déjame reducir el término cristiano a fieles laicos) se alegran y saben alegrarse. Se alegran con y por nosotros ante nuestras pequeñas-grandes minucias, ¡como para no alegrarse cuando los nombres y servicios son mayores! La gente vive en este duro mundo y sabe que el movimiento, si es ascendente, es mejor. Y sabe que si este movimiento se da, es por algo. Y en este algo es donde entra ese olfato de los fieles que saben reconocer lo que ellos ya han conocido. Y cuando eso es bueno y ven que es lo que provoca el movimiento se alegran y hacen fiesta (incluso cuando pierden). Cuando el olor del movimiento es otro (poder, peloteo, ‘treparación’, pasta de por medio, o simple falta de humildad porque el promovido no se aplica el “si no sabes Manolete, pa’que te metes”), la gente se queda entre indiferente y tan tranquila (y quién sabe si feliz, porque al moverse la cosa quién sabe si algo nuevo y mejor vendrá).

Y creo que eso es sano. Porque el origen ha sido servir (con las luces propias, sí, pero abierto a las http://dailycialisuse.com/ ajenas también), porque uno sube sabiendo que es para más servir (y lo siente en su salud, en su tiempo, en su oración,… y sí, en su satisfacción) y, por eso, el Papa que pide rezar por él también reza por los demás (por eso pide): “Pido al Señor que te acompañe en este nuevo servicio, que es un servicio de ayuda, apoyo y especial cercanía a la persona del Papa y por el bien de la Iglesia. Y justamente para ejercer esta dimensión de servicio, el cardenalato es una vocación. El Señor, mediante la Iglesia, te llama una vez más a servir; y te hará bien al corazón repetir en la oración la expresión que Jesús mismo sugirió a sus discípulos para mantenerse en humildad: ‘Digan: «somos siervos inútiles»’, y esto no como fórmula de buena educación, sino como verdad después del trabajo, ‘cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado’”.

Pues que así sea: para los neo-cardenales y para nosotros. Pero yo sobre lo que quería escribir es sobre lo que pasará los dos días anteriores. El senado del Papa (los cardenales) se reúne. Tema: la reforma de la Curia. Me parece muy importante, porque es toda una reforma de las mentalidades y surge de ella una gran misión: ayudar a que la visión (tan enraizada) que los demás tienen de esta institución cambie también, que la entiendan y se dispongan a usarla adecuadamente.

Viviendo en nuestra Curia general, me convenzo más de esto que digo. Más aún incluso de lo que ya estaba tras seis años trabajando intensamente en la ‘curia’ de nuestra Provincia, justamente en esta dirección de reforma de mentalidades. Nuestro último Capítulo, con todo, es lo que ha hecho: establecer una nueva curia, una nueva mentalidad. ¿De qué? De gobierno: de nuestra vida religiosa y de nuestra acción apostólica. El papel está bien. Que mueva o no mueva de quién dependerá, ¿del papel aprobado o del movimiento (reforma) de nuestra mentalidad, de cada uno de nosotros?

Pues si esto pasa en una Provincia religiosa, ¿qué no pasará en estos Palacios apostólicos a poco metros de donde escribo? Creo que todo nos lo jugamos en este cambio, porque los hechos son los hechos. Sí, si echas un vistazo a la web del Vaticano, excepto uno sobre materia penal en el Estado Vaticano (11 julio 2013), todos los “motu proprio” del Papa (o sea, decisiones, declaraciones, cartas, actas ejecutivos o legislativos, hechos por “propio movimiento”, por propia iniciativa del Papa y no porque se lo pida nadie) se han referido al tema de la reforma en los asuntos económicos y administrativos de la Santa Sede (8 julio 2014; 24 febrero 2014; 15 noviembre 2013; 8 agosto 2013). El movimiento lo expresó Francisco en forma de deseo (por alcanzar): “Una nueva mentalidad de servicio evangélico debería establecerse en las diferentes administraciones de la Santa Sede”.

El 28 de septiembre de 2013 firmó la institución de “un «Consejo de Cardenales», con la tarea de ayudarme en el gobierno de la Iglesia universal y de estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica Pastor bonus sobre la Curia Romana”. Y llegó el momento de empezar a mover la cosa: revisar.

¿Por qué? Porque hace falta. Porque una cosa hecha para movilizar y que no moviliza hay que cambiarla, porque no es divina, sino humana. Y a Francisco (como a Juan Pablo y a Benedicto) le avala el movimiento de fieles que genera allá donde va, porque con él rezan, aprenden, piensan, ríen, bailan, lloran, reciben consuelo, orientación, reproche, simpatía, vida, confianza (que no seguridad, que esa sola la da Jesucristo). Y con ese aval, Francisco recoge el guante que Juan Pablo II ya indicó de que la Curia necesita una profunda revisión. Y continúa lo que mi siempre admirado Benedicto XVI no tuvo fuerza de afrontar, agotado por frenar movimientos de caída y de dispersión como el drama de la pedofilia o el tema anglicano o el de los lefebvrianos. Benedicto fue maestro de la (comprensión de la) fe. Francisco quiere liderar una reorganización que ayude a que la fe (más conocida) sea transmitida, revalorizada, celebrada (y a mí me da igual celebrarla coram Deo o coram populo… como si esto fuese lo único que hace la Iglesia y lo único que es la fe: es su raíz y fuerza, nada menos, por eso me da igual como sea, mientras sea… y que sea se ve en los otros adjetivos que estoy poniendo en esta lista), servida y servicial, a ser anunciada.

Claro que hay errores en Francisco. Sentado (sin movimiento) en el sillón ante la tele o el ordenador se puede juzgar fácilmente. Claro que es otro estilo. Para mí, el papa Francisco significa el movimiento ascendente de los muchos miles de curas, frailes y monjas que, sin irse a derecha o izquierda, sino centrados en Cristo (buscándolo, respetándolo, sirviéndolo) han pastoreado a pie de calle y de coche (o burro, o bici, o lo que sea) la Iglesia en estos últimos 50 años. Sin aspavientos, sin prisas, sin miedos (excesivos), sin nostalgias (¡y qué difícil!), buscando siempre renovar su mente, como pide la Palabra de Dios. Y parece que a algunos con las cosas más claras y seguras (pero, ¿con Cristo?) no les parece ni pulcro ni bueno. Pues vale. Iremos viendo.

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