Demasiado Corazón

Lo que nos dice de verdad quién es Dios es el Corazón de Cristo. Él, con su vida y sus actitudes nos ha demostrado cuánto es capaz de amarnos Dios. Descubramos, por fin, cómo es el corazón de Cristo y pidámosle que nos cambie el nuestro por uno que se parezca al suyo.

Oración

Ésta es la historia
del corazón más grande que ha latido en la tierra.
Un corazón de carne, como el nuestro, caliente.
Un corazón de hombre, diminuto y enorme,
nacido de mujer, con carne y sangre humanas.
Allá en Belén, latía
tan pequeñito y tierno como un recién nacido,
pero algo ya tiraba de él y le abría
hacia todos los hombres.
Fue desde aquel momento el más abierto corazón
de este mundo,
hecho para el amor y el amor sin fronteras.
Pasó por los caminos gritando amor y fuego,
acarició a los niños
y se sintió a su lado feliz como uno de ellos.
Los niños le entendieron.
Corrían a su lado
porque ellos son expertos en cuanto se refiere al corazón.
Vivió treinta y tres años abierto por las calles,
llevó sobre sus hombros las ovejas perdidas
como un especialista en el arte de amar y perdonar.

 

Un día
le llevaron ante un tribunal
acusado de un horrible delito:
haber amado desmesuradamente.
Aquello era excesivo,
insoportable para cuantos nacieron con el corazón muerto.
¿Si un hombre puede amar de esa manera
no quedaba en ridículo la gran tacañería del egoísmo humano?
Aquello no podía tolerarse:
era reo de amor,
reo de haber nacido con demasiado corazón.
Y hubo que matarle,
no fuera contagioso,
Cuando subió a la cruz e inclinó la cabeza
aún no se quedaron satisfechos:
hurgaron con la lanza,
investigaron qué misterio había
en aquel corazón desmesurado
y aún les respondió con sangre y agua, con amor y esperanza,
que aún después de muerto seguiría creciendo,
y creciendo, y creciendo,
repartiéndose a todos
para ver si algún día
había en el mundo corazón suficiente para todos.
 

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