Desde el Casale se oyen los ronquidos del Papa

Fuente imagen: web Solución Política
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“¡Debo darme un poco de prisa porque hay mucho trabajo hoy!”. Durante el encuentro que Francisco ha tenido con los jóvenes consagrados con motivo del “Año de la vida consagrada” (¿ah, sí?), mientras respondía a las preguntas enviadas, introdujo el comentario con que abrimos este repaso a la actualidad romana de la Iglesia.

El Papa tiene mucho trabajo y poco tiempo. Cuando hago un hueco para sentarme y hacer (apresuradamente) estos post, habitualmente repaso la agenda papal para ver qué comentar o qué compartir… y solo con ver todo lo que hace ya me cansa… Imaginémonos él. No es broma, pero por este Casale pasan muchas personas que ven al Papa de cerca por diferentes motivos y es redundante el comentario de que se le ve cansado. No bromea ni hace un comentario piadoso de bienquedismo pontificio cuando pide oraciones por él. Está cansado. Tiene mucho que hacer y mucho que aguantar. Y todos sabemos qué cansa más.

Cansa preparar el viaje a Cuba-USA, cansa ver, pensar y actuar como “director de orquesta” ante el desafío de los refugiados… e hilar tan fino. Hila clamando por una acogida con alma, a la par que haciendo análisis sensatos y a pie de tierra: “debo reconocer que las condiciones de seguridad territorial hoy no son las mismas de otras épocas porque a 400 kilómetros de Sicilia hay una guerrilla terrorista sumamente cruel. Y por tanto el peligro de infiltración es real”, declaró a la radio portuguesa “Renaiscença”.

Cansa mirar hacia fuera y sufrir hacia fuera. El domingo, el Papa habló para una radio de Buenos Aires, “Milenium”, entrevistado por Marcelo Figueroa, presbiteriano. Y con él habló de lo que tenían desde hace 15 años: amistad. A este respecto reveló cómo “se había sentido usado por personas que se presentaron como amigas y que yo quizás nunca había visto más de una o dos veces en mi vida. Han usado esto para su ventaja propia”. Cansa mirar hacia dentro y ver cómo uno puede ser usado en nombre de la amistad.

Ante tanto trabajo, el orden y la disciplina (jesuíticas) le ayudan claro está, pero advirtió a los jóvenes religiosos que “una observancia rígida y estructurada, quita la libertad… también la vida consagrada puede ser estéril, cuando no es propiamente profética; cuando no se permite a sí misma soñar… Los rígidos no pueden soñar”.

No parece que este Papa haya dejado de soñar. Esta semana se volvió a reunir el llamado C9, el consejo de los nueve cardenales que le ayudan a llevar adelante las reformas que se van viendo y que tanto impacto siguen cosechando. Siguen dale que te pego a la reforma de la Curia Romana, que dicen que se está mosqueando de mala manera. Estoy seguro de que la visita web Curia volverá a triunfar… si cuando no esté Francisco tampoco esté el pueblo en el que se apoya porque lo entiende y le entiende. Un pueblo más maduro, más cristiano y, solo por eso, más dueño de la (su) Iglesia. ¿Volverán a ganar? No depende de ellos.

Y sueño cumplido es lo que ha ocurrido con personas de las que no depende nada, porque perdieron su capacidad para hacerlo. Cincuenta presos de la cárcel romana de Rebibbia visitaron el pasado domingo la Basílica de San Pedro, los Jardines y los Museos Vaticanos soñados abiertos por Francisco. Dicho y hecho. Conmoción en estas personas.

Y más cosas. Vuelven a despertarse los rumores de un papa Francisco vestido con simple traje de cura visitando sin techo en mitad de la noche romana. ¿Serán rumores? ¿Será posible? Sea como sea, menos mal que, acabando su entrevista con la radio argentina, el Papa confesó: “¡duermo como un tronco!”