Desde el Casale se piensa en el problema vocacional

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Dejamos ya el compartir ideas pastorales para irnos a cosas más de fondo. Nuestro escolasticado. Quienes me conocen saben que no me disgusta en absoluto (es más…) ver cómo nuestros religiosos usan el hábito dehoniano (sotana sacerdotal negra con cordón franciscano negro de tres nudos -una vez profesado-) para las oraciones y las comidas (también pude ver a dos párrocos usándolo en la iglesia de un barrio obrero en Sosnowiec). Estaba, por tanto, ante un contraste. Mucho más allá de situarme ante cuestiones de simple estética (que para nada lo son), me encontré ante dos legítimos estilos dehonianos de ser y desenvolverse en el día a día. A la cabeza me han venido muchas consideraciones, muchos cuestionamientos, muchas dudas, muchas certezas, algún que otro juicio (¡lo siento!), pero sobre todo me vinieron recuerdos. Recuerdos de la época de formador sobre todo. Y las preguntas.

A ver. ¿Qué pasa? ¿Qué les preocupa a los dehonianos en Polonia? En el seminario solo hay 11 escolásticos. De ellos, más de la mitad son de otros países. No son polacos. Hay 3 novicios en la Provincia. Y hay 4 postulantes. Hace solo tres años eran 30. Hoy 11. Y los “vocacioneros” trabajan, y van y vienen, y hay retiros, vigilias, peregrinaciones, encuentros, visita a las familias…, pero… Y me vinieron dos palabras inmediatamente a la cabeza. Secularización y mundanización. Una de Benedicto, la otra de Francisco. En esencia, el mismo concepto. Y me vino la ecuación eclesial hispánica que quiere hacer directamente proporcional el calo vocacional con el aumento de secularización del estilo de vida (no regularidad, no hábito, laicización de la vida religiosa). Y con cierto dolor (‘eficacentista’ ciertamente, es decir, que ojalá no fuera así, pero lo es) constato que nuestra Provincia polaca, que ofrece un cuadro formativo muy basado en la tradición formal dehoniana, con hábito, regularidad y una no comparable laicización de la vida religiosa, tampoco es atractiva para los jóvenes polacos, miembros de una nación hace poco entrada en la Unión europea, pero culturalmente, estéticamente, éticamente muy igual a lo que se pueda ver en Roma o en Madrid.

Y me viene la pregunta. Si una vida religiosa muy asimilada a la vida de los ciudadanos (como pueda ser la nuestra española) no convence ni atrae; si una vida religiosa más apegada a las formas clásicas de expresión medicineid – go to y vivencia de la vida religiosa (como pueda ser la polaca) no convence ni atrae…, ¿no será que una vez más tiene razón Francisco y estamos ante un ejemplo concretísimo de lo que es la auto-referencialidad de los eclesiásticos? Es decir, ¿no será que el problema no está en nosotros sino en el abandono al que, por mirarnos a nosotros, hemos dejado a las verdaderas víctimas de la secularización, es decir, a las familias?

¿Cuánto tiempo he dedicado yo a escuchar atentamente (es decir, leyendo entre líneas, yendo a la esencia de lo que las palabras no logran expresar) los problemas y las angustias de padres, esposos, separados, jóvenes en cuanto hijos, adultos en cuanto ciudadanos?

¿Cuánto tiempo he dedicado a combatir, o mejor a ayudar a combatir a quien tiene que hacerlo, modos de vivir y de vivirse que han vaciado de calor, de luz, de profundidad las vidas de las personas (todo por el respeto a la ‘libertad’)?

¿Cuánto hemos hecho en serio de pastoral familiar?

¿Cuántas veces nos hemos atrevido a plantearnos con decisión una sugerencia que dejó caer hacer ya (muchos) años Abilio de Gregorio en un encuentro de educadores dehonianos en Salamanca pidiéndoos que replanteásemos nuestras grandes estructuras seminarísticas como ‘seminarios para padres’, para parejas, para matrimonios, para solteros…?

¿Cuánto hemos ayudado de verdad a las familias a vivir la fe porque les escuchamos?

¿Cuánto hemos servido pastoralmente por atender a lo que ellos nos dicen que necesitan y no queriendo certificar que lo que necesitan es la solución eclesial que nosotros consideramos (que además por vergüenza o respeto, o por una mezcla de ambas, casi siempre hemos dejado en nuestra farmacia a buen recaudo)?

¿Cuánto hemos cultivado nuestra ordenación al servicio de la construcción de la Iglesia solidificando la base de la gran Iglesia con el cultivo cariñoso, cordial, hogareño de las Iglesias domésticas?

Estas Iglesias domésticas son las que han sido arrasadas por el secularismo. Estas Iglesias domésticas son las que quizás hemos dejado como ovejas sin pastor. Angustiados (legítimamente, sin duda) porque nuestro estilo de vida no es atractivo, no hemos visto más allá. Y no es cuestión de llevar o no sotana. No es cuestión de estar secularizados-mundanizados más o menos (que lo estoy-estamos). Sino que es cuestión de base, de Iglesia, de pueblo, de pertenencia, de anuncio concreto de Cristo para un hombre y mujer concretos. Y la concreción nos la dan ellos, no nosotros.

No sé. Son preguntas para mí dolorosas. He querido simplemente compartir. Son análisis que seguro muchos no ven. Quizás aún sea demasiado generalistas. Pero esta realidad y desafío polaco me ha hecho caer otra (falsa) respuesta a nuestro problema. Pero la respuesta verdadera aún está por llegar. Solo me queda decirte, ¿y tú cómo lo ves?