Desde el Casalé se tejen teorías conspiratorias 

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Mucho de lo que escribo en este post lleva en el frigorífico un par de semanas. Por eso no se ha pasado la temática; pero tres semanas el ayuno ha provocado una longitud excesiva en esta contribución. Quería avisarte para que midas tu tiempo. Pues eso, que casi tres semanas, las que he parado. Las que ha durado el sínodo. Pretendía estar un poco concentrado en el seguimiento de este evento eclesial que, por tener en el centro un número no pequeño de problemas que afecta a muchos cristianos, debería ser relevante. Pero… ¡apenas me ha llegado nada! Y con dos dehonianos obispos sinodales en mi casa, y uno rezando a mi lado en algunas ocasiones. El entusiasmo por buscar y dar soluciones no los he sentido palpitar. Echo la culpa al ruido mediático que desde muchas partes se ha dirigido contra este Sínodo. Tres semanas y tres escándalos: caso 1: Charamsa; Caso 2: carmelitas; caso 3: tumor pontificio.Con el pasar de los días he recordado cuánto me han divertido las lecturas conspirativas. Son entretenidas, pero tantas veces lejos de aclarar ocultan. Pero me he dicho, ¡esta es la mía! En serio, solo quiero hacerme algunas preguntas usando este ‘género literario’ de la conspiración. Así que si sigues leyendo ten en cuenta lo dicho sobre estas teorías. Te ofrezco una.

Caso 1. Hace casi cuatro semanas el Papa Francisco pasa del éxito (mediático) de su viaje a Cuba y EE.UU. a la pesadumbre (mediática) de las revelaciones de homosexualidad activa y militante de un prelado de Doctrina de la Fe. Ante este caso lo que más me ha preocupado ha sido nuestra libertad. Sí, la libertad de estar informados, de tener una libertad informada por estar orientada a y por la verdad. Aquellos días leí titulares como éste: “El Vaticano expulsa a un sacerdote homosexual”. Es el que resume mi preocupación. El titular es, simplemente, enrevesado. Es cierto que lo que se hizo fue despedirlo de un trabajo, es decir, una cosa es ser sacerdote y otra el oficio-empleo que se tiene/hace. El despido de su trabajo y su posterior despido del ministerio activo se debió a la transgresión de su promesa de celibato (no del voto de castidad –éste lo hacemos los religiosos, y no todos los curas son frailes, igual que no todos los frailes son curas). Esta promesa la hizo antes de recibir la ordenación. Al final, el titular desliza la acusación al Vaticano de homofobia: te despido por ser homosexual. Pero no. Este prelado públicamente ha declarado un estado-estilo de vida (vivir en pareja, sea hetero o gay) incompatible con lo que se requiere de un sacerdote católico en activo; consiguientemente es removido-despedido-expulsado. Úsese la palabra que se quiera.

El tema, obviamente, no se agota aquí. Es cierto que en el clero hay personas con tendencia homosexual. Es cierto que en el clero hay personas con tendencia heterosexual. Es cierto que en el clero hay personas sin tendencia, asexuales, paradas, en tierra de nadie, ateridas… y peligrosas, porque tienden a endurecer el corazón. Estos no son muy recomendables que digamos, pero el ranking de lo peor se lo llevan los que tienen tendencias efebofílicas y pedófilas. Estos, cuando de la tendencia pasan a la acción, son lo peor de lo peor.

Considero que en el Vaticano, es decir, en (algunas de) las personas que trabajan en los departamentos de la Curia romana al servicio de la dirección general de la Iglesia católica, hay un pensamiento arriesgado y, modestamente, creo que teóricamente erróneo. Esto significa que puede ser que en la práctica sí que tengan una razón que los papeles de diseño no conozcan o recojan. Considero una muestra de este error teórico lo que se deduce de la “Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagradas” en el que se establece que la Iglesia “no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay”. Tres casos, pues, distintos pero inhabilitadores, porque “dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres”. Es decir, se afirma que estas tendencias impiden una ‘correcta relación’. ¿Qué relación? Ser célibe ‘hétero’ y estar ante una mujer, ¿qué garantiza que no garantiza ser homo y estar ante un hombre? ¿Se está diciendo que siempre que un gay está ante un hombre (es decir, en relación) todo lo que hace es para intentar llevárselo a la cama?

Si esta es la consideración que se tiene del homosexual o de la relación, me preocupo. Si esto es así, sea en la Iglesia que en la sociedad, es preciso abrir un amplio estudio y debate sobre las tendencias sexuales. Y nosotros hacerlo en el marco de una reflexión cristiana sobre el sentido de la sexualidad y sus consecuencias afectivas y reproductivas. Y hacerlo para lo ‘hetero’ y para lo ‘homo’.

No olvido que fue 2005 el año en que se publicó esta instrucción, es decir, en plena crisis de la pederastia en muchas partes del mundo católico. ¿Esta circunstancia nos habla también de una identificación homosexualidad-pederastia? Esto sería algo muy injusto; nunca viene afirmado, pero, ¿puede ser que se deslice por fuerza de unos hechos terribles que, por desgracia, perduran? (lo peor es que me temo que este tipo de abuso y quizás otros perdurarán, porque es algo más que una estación histórica temporal ya superada; por eso pido la profunda reflexión antropológica).

¿Adónde quiero llegar? El caso de Krysztof Charamsa, el modo y momento de presentar su caso, la misma finalidad que él le dio, el mismo tono pastoral que le quiso dar a su gesto, en verdad, ¿qué pretendía? ¿Reclamaba el respeto a las personas homosexuales? ¿Fue una protesta contra la ley eclesiástica del celibato? ¿Fue un modo de querer influir sobre los padres sinodales (como si no supiesen los obispos y las familias llamadas a esta reunión qué se cuece en cada ángulo del planeta)? ¿Por qué los días previos de aquella semana la prensa internacional estuvo dale que te pego a dos noticias: que el papa se reunió en USA con la funcionaria que se negó a registrar bodas gays, y que el papa recibió a un ex-alumno suyo gay y su marido? ¿Por qué este monseñor usó su cargo y autoridad anexas para declarar en la radio catalana que la Iglesia apoya los procesos soberanistas como parte de los derechos humanos? ¡¡¿Qué jaleo es éste?!!

Con toda la prudencia y el respeto, creo que lo que dejó como poso en la Iglesia este comportamiento es algo que no puede ser. Veamos, el celibato es para personas que quieren edificar su vida en un cultivo total-exclusivo sea de la vida espiritual como de servicios y ministerios muy concretos necesarios en la Iglesia. En este sentido, en cuanto que se propone y pide a personas, el celibato lo coloco como un previo a la personal orientación homosexual o heterosexual de un candidato a vivir así.

Lo que me fastidia de este primer caso y, ya por avanzar, me asquea del Caso 2, el de los carmelitas de una parroquia romana y aledaños de su curia general, son estas preguntas: ¿por qué permite Charamsa que parezca que un sacerdote que se siente, reconoce y sabe gay no puede ser célibe? ¿Es más difícil de “soportar”, “contener”, el impulso sexual ‘homo’ que el ‘hétero’? ¿Está diciendo que en el gay no es viable una dedicación y construcción personal basada en la exclusividad al cultivo del amor de Dios y el servicio pastoral? ¿Acaso el gay que se consagra a Dios no puede prescindir, digamos pacíficamente, del camino en pareja que no contempla la ley canónica del celibato? ¿Ser gay supone una necesidad inmediata y directa de ejercicio sexual conforme a esta orientación mientras que en el ‘hetero’ es… diferente? Creo que estos dos casos han hecho un flaco favor al progreso del modo concreto de entender, escuchar, tratar y posicionar a la persona gay sea en la Iglesia que en la sociedad. Y digo flaco favor porque esto me huele mucho a imposición. Ahí y así es como presto atención a los análisis de la teoría (que quiere www.medicineid.com/ ser casi-filosófica) del ‘gender’.

En nuestra Iglesia, con nuestra historia, sabemos detectar muy bien la imposición. Quizás sabemos hacerlo porque hemos tenido históricamente etapas de grandes imposiciones. Y si es cierto que entendemos de esto, además de acusarnos de ello día y noche, ¿por qué no se nos hace un poquito de caso? Cuando en la historia se ha ido rompiendo el modelo-pensamiento único (…-1789-1968…), la Iglesia se resintió. Pero esto la hizo sensible. Hoy detecta en seguida cuándo se quiere re-editar un pensamiento único, hecho de presión (mediática), de lobby, de exhibición, de imposición orgullosa.

Conozco varios gays y lesbianas. Con una a quien profeso un cariño muy entrañable, he compartido esta sensación que he querido mostrar sobre el daño que el exhibicionismo, la imposición, la intolerancia, el pensamiento único… hacen a la honestidad intelectual y vital, a la normalización de las cosas y a la serenidad para escuchar y entenderse. Y entendernos. ¿Cómo es posible que un colectivo que ha sufrido tanta burla, befa, humillación, incomprensión y marginación haga ahora, pretenda ahora, hacer lo mismo con quienes no piensan-sienten-viven como él? Ese ha sido un grave pecado de la Iglesia cuando padeció persecución y luego no estuvo a la altura de su vocación de “amar al enemigo”, “poner la otra mejilla”, etc. entrando en la espiral de violencia que tanto mueve de este mundo.

Creo que juntos debemos y podemos buscar la verdad de las cosas, especialmente de estas tan íntimas, tan identitarias, donde se va mucho más que un carnet o un nombre; donde va todo nuestro ser, abierto al sentido, al amor y al Amor. Ese ‘juntos’ lleva a la felicidad.

Lo del caso 2, de los carmelitas con droga, chaperos, borracheras, personas vulnerables, etc. no es más que degradación y anti-Evangelio puro y duro. Lo del caso 1, que remite al hecho homosexual, es más serio. Me pregunto: ¿eres sacerdote gay? Yo no, tú sí. Bien. ¿Te has enamorado? Bueno. ¿Has hablado con tu obispo, con tus compañeros, con tus amigos? No sé. ¿Crees que así, enamorado, ya no puedes asumir tus obligaciones? Parece que no. Pues abandona el ejercicio del sacerdocio. ¿Eres teólogo, filósofo, poeta? Pues ponte a trabajar en lo que sabes hacer, haz teología, y busca el camino para mostrar posicionamientos erróneos en el pensamiento digamos “oficial” de la Iglesia y debatamos. O mejor, busca lo que importa: la verdad que construye y no destruye.

Y enlazo así con el caso 3. Tercera semana. El Sínodo (¿ves toda la parrafada que llevo y ni una sola palabra o referencia a los trabajos del Sínodo?) se acerca a las conclusiones. Se oye de todo. Sobre todo ruido mediático insoportablemente silenciador de los debates y propuestas. Pero como se oye de todo, se oye también que el Papa podría cambiar el trato pastoral y ciertos elementos disciplinares sobre personas canónica o eclesialmente ‘irregulares’. ¿Cómo se puede respetar al papa y su presente autoridad, pero a la vez poder, en tiempo oportuno, deshacer lo que pueda hacer hoy? ¿Qué hay en el ordenamiento canónico que permita desatar lo atado? Solo la demostración de que el Papa no era libre cuando, pese a los muchos trámites y consultas establecidos, llega el momento de decidir y decidir él, como pastor supremo de la Iglesia y establecer una cosa. La carencia de libertad exige demostrar amenaza, chantaje, secuestro (demasiado evidente hoy)… o enfermedad (más íntima, más sujeto a derechos de privacidad…). ¿Y si el papa tuviese un tumor lo suficientemente útil para demostrar o arrojar, además de en el escáner o el TAC, un mancha de sospecha sobre su capacidad mental en el momento en que tomó una decisión? Un tumor perfectamente diseñado para que no lo mate en poco tiempo. Un tumor perfectamente diseñado para poder influir en su capacidad de reflexión y de percepción de la realidad. Un tumor perfectamente diseñado para ser guardado en el frigorífico y descongelarlo en el momento necesario para desatar lo atado.

Te prometía una teoría conspirativa en toda regla y ahí la tienes. Me ha dolido imaginar el dolor y angustia de muchas personas que “solo” saben amar sinceramente y directamente, sin conspiraciones ni entresijos enrevesados. Y saber que ‘su’ Papa, al que aman, está enfermo o en peligro seguro que ha conmovido a más de uno, y más de una lágrima y oración angustiada se han descolgado de mejillas y labios. Me sale un ¡malditos! los que juegan así con las informaciones que forman el corazón de las personas en nuestro día a día. La Santa Sede ha desmentido, pero obviamente nuestra formación conspirativa nos hace creer que nos mienten, como todo polo de poder. El Papa no para, pero no es suficiente. Que Francisco manda un helicóptero para traerse a casa un especialista, o que él mismo haya cogido un helicóptero para ir a verlo no cuadra con su estilo de vida más que público y reconocido. Que el mismo papa Francisco no lo hubiese dicho, compartido y reconocido es difícil de imaginar. Que en su amor profundo por el Señor y su Iglesia no hubiese ya abdicado si se sabe enfermo hasta el punto de dudar si sus decisiones son suyas o de una enfermedad es algo que para mí es profundamente obvio.

En fin. Tres semanas de parón y contención traen post insoportables. En fin decía, que hay temas muy importantes sobre la mesa que todo este ruido (al que torpemente he contribuido a legitimar haciéndole eco) que sí merecen nuestra atención. Espero que sea el tema mi próxima contribución a nuestro blog.