Días de Convivencia en una granja, Fray Luis

Ir a Cañada Real aparentaba ser un viaje en el que pasaríamos unos días rodeados de animales y de nuestros compañeros de clase y (por fin dirían algunos) alejados de papá y mamá. Pero regresamos con la impresión de haber sido mucho más que eso… Cañada Real ha sido el viaje en el que aprendimos la palabra "mustélidos", a diferenciar un jabalí de otro, que lo que le sale a los ciervos sobre la cabeza se llama cuernas y no cuernos o que cada vez que una manada de lobos aúlla se organiza toda su jerarquía en torno al "lobo alfa". Pero también ha sido el viaje en el que aprendimos la canción de "tengo un hambre atroz que me comería un plato así de arroz", el viaje en el que Jorge superó su miedo a la escalada, el viaje en el que Enrique fue capaz de pasar un fin de semana sin sus padres, el viaje en que las niñas estaban emocionadas por ponerse todas sus pulseras y maquillarse con purpurina y también el viaje en que Alejandro aprendió a manejarse con el cuchillo o María a ducharse sola.
Como puede verse, un viaje siempre es mucho más de lo que aparenta; es una colección de historias que dejan en nosotros una huella impresa que tardará tiempo en borrarse.
 

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