Dichosos los que crean sin haber visto

Pascua

Para muchos cristianos hablar de Resurrección es hablar de algo pasado hace muchos años. Un pasado que resulta muy difícil actualizar y hacerlo presente en nuestras vidas. Para los no cristianos hablar de resurrección es puro mito cuando no leyenda; algo imposible de verificar y que desborda o contradice toda lógica de las leyes de la naturaleza.

Nuestra cultura valora los “fenómenos observables”. La “verdad” verdadera es aquella que puede medirse y pesarse. La verdad matemática es la verdad objetiva por excelencia y todas las demás verdades deben pasar por el tamiz de la experiencia verificable por las llamadas “ciencias exactas”. La verdad de “fe” es algo puramente subjetivo que pertenece al ámbito íntimo de la persona y por lo tanto está fuera del ranking de las verdades verdaderas; no deja de ser una opinión más, no verificable.

Revivir la EXPERIENCIA PASCUAL tiene sus dificultades pero vamos a intentarlo siguiendo caminos que van de lo observable a la fe.

De los fenómenos observables es fácil hablar de ellos y podemos partir de ellos sabiendo que pueden ser solo indicadores de algo más allá de su propia realidad.

Las narraciones sobre el sepulcro vacío en la mañana de Pascua son insistentes y sorprendentes en los evangelios. La losa estaba corrida y vacía la tumba cuando las mujeres fueron al sepulcro. Esa realidad causa desconcierto y dudas entre los testigos. Pero el hecho es que el cuerpo de Jesús había desaparecido de allí. Ciertamente lo podrían haber robado, pero también podría haber sucedido lo que había anunciado: que al tercer día resucitaría. (Tres días eran necesarios para certificar que el muerto estaba bien muerto). Por sí solo este hecho es bastante opaco. Pero unido a otro hecho como el de lo acontecido en los discípulos de Jesús hace que la hipótesis de la resurrección sea bastante probable. Los Apóstoles vivieron en sus personas un cambio de vida impresionante. De un día para otro se transformaron de miedosos y cobardes en testigos con “parresía”, con valentía extrema para decir y afirmar que el que habían visto crucificado y muerto había resucitado.

Este cambio solo es explicable desde una experiencia única que nace del encuentro con el resucitado. Pedro, Juan, Magdalena… afirman que “han visto al Señor” (oftê). Que aquel con el que ellos comieron y caminaron por Palestina y que había muerto crucificado lo han visto vivo; ha resucitado de entre los muertos. Este acontecimiento les cambió la vida radicalmente y a partir de ahora serán y obrarán de otra manera. Podemos hablar de una auténtica transformación en ellos y esa transformación sí que es verificable. El proceso interior por el que llegan a la fe en el resucitado no será tan verificable pero no deja de ser tan verdadero como otro tipo de verdad.

Y ya nos ponemos a hablar de este otro tipo de verdad que no es de menor rango que la “verdad” científica – objetiva de la que hablamos arriba; es otro tipo de verdad tan real como la anterior pero de otro orden.

La verdad de fe es del tipo de verdades que abarcan y comprometen a toda la persona. No es cosa solo del entendimiento y de la razón sino que entran en juego todas las potencialidades de la persona. Hablamos en concreto del entendimiento (razón) y de la voluntad fundamentalmente pero también puede añadirse la memoria. Es decir entran en juego todas las potencias del alma o de la interioridad del sujeto hombre. La verdad de fe (y las análogas a ella) es un acto absolutamente humano que abarca y compromete a todo el hombre. Será una verdad verificable en las “consecuencias” o comportamientos vividos por la persona. Por ejemplo el amante vivirá su verdad de enamoramiento en la vida real de una entrega sin límites a la persona amada. El amor enamorado es la verdad verdadera de la persona que la vive, pero que solo se puede verificar en los hechos de vida que muestran esa verdad. No es posible ser medida en laboratorio. El “laboratorio” es la vida. La fe, como el amor no es verificable en el laboratorio; solo lo es en el testimonio (martirio).

Volviendo a nuestro tema decimos que el acontecimiento de la resurrección, va más allá de la muerte. La resurrección de Jesús no es una vuelta a esta vida como lo fue la resurrección de Lázaro. La resurrección de Jesús es Pascua o paso de este mundo al Padre. Va más allá de las fronteras de la muerte y del tiempo y de la historia. Es un entrar en la “esfera” de Dios y por lo tanto en una situación de “rescatado” de las situaciones de muerte que se dan en nosotros. En Jesucristo, la muerte ya no tiene poder sobre Él. Jesús resucita “hoy” y vive para siempre.

Este resucitado es el que “vieron” los primeros discípulos, los primeros testigos de la resurrección, y experimentar al VIVIENTE en medio de ellos es lo que les hace cambiar absolutamente de vida y salir a los caminos a anunciar la Buena Noticia de la resurrección y el cumplimiento de las promesas de Dios en Jesucristo.

Los primeros creyentes se ENCONTRARON con el resucitado. Ellos no le buscaron. Fue Jesús el que les salió al encuentro. La iniciativa es de Jesús. Siempre la iniciativa es de Dios en las vocaciones proféticas y en toda historia de salvación. Ahora, en el N.T. la iniciativa es de Jesús, el Señor. Él es el que busca para que no se pierda ninguno de los que el Padre le ha dado. Jesús llama y llama y llama; busca, busca y busca. Incansablemente. Antes y ahora esa es su “pasión” por el hombre. A todos ofrece la posibilidad de un encuentro con Él, el viviente.

Por eso nos preguntamos: Hoy ¿se puede repetir esa experiencia de encuentro con el resucitado? ¿Desde dónde revivir la fe pascual?

La experiencia fundante de los discípulos al encuentro con el Señor resucitado podríamos reseñarla de esta forma: Los discípulos entendieron, al ver al resucitado, que Dios había avalado totalmente la vida de Jesús. Que la vida humana de Jesús, vivida como Él la vivió, es la única vida que merece ser resucitada. Jesús se convierte en MODELO y en CAMINO para la VIDA. Jesús es la VERDAD verdadera.

Este PROCESO de fe de los discípulos no es tan diferente a nuestro proceso de fe. Es bastante parecido y sin duda que podemos hacer nosotros una experiencia del resucitado semejante a la de los discípulos. Sin duda ya hemos tenido experiencias fundantes del resucitado; experiencias de encuentro, de escucha, de acogida, de SI (síes) en nuestra vida que nos hicieron cambiar la vida y orientarla hacia el seguimiento de Cristo en diversas medidas. Hoy, hemos de seguir cultivando ese proceso de fe creciendo cada vez más como testigos de la resurrección de Jesús que es Camino, Verdad y Vida para cada uno de nosotros.

Feliz encuentro con el Señor en este día de PASCUA.

 

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