DOMINGO 2º DE CUARESMA (Ciclo B)

Escuchad a mi Hijo. No es sólo un deber, sino también una gracia, un don; es un privilegio que Dios concede a los bautizados. La palabra “escuchad” va dirigida no solamente a los tres discípulos que estaban en el Tabor, sino a todos los discípulos de Cristo. Nos preguntamos: ¿dónde habla hoy Jesús para poderlo escuchar? Nos habla por la Escritura y por la Iglesia a través de su tradición y su magisterio. Cada día oímos muchas voces que gritan y gritan cada vez más alto para que sea escuchado. El Espíritu de Dios hoy nos dice, no con grandes voces, pero si con fuerza y seguridad: Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, ¡escuchadlo! La cuaresma nos invita a subir cada día de esta semana al Tabor para escuchar al que es Palabra y contemplar desde allí al otro monte muy próximo, el Calvario. ¡Sin acogida, tampoco habrá paraíso!

1ª LECTURA: Génesis, 22, 1-2. 9-13. 15-18
La historia de Abrahán se pone en marcha a partir de la promesa de una tierra, de un pueblo y de un hijo. Dios prueba ahora a su siervo pidiéndole que sacrifique a su hijo. Abrahán cree y obedece, y se pone en camino hacia el monte. ¿Qué pasa en su corazón? Espera que Dios cumpla su promesa.

SALMO RESPONSORIAL: Sal 115
Caminaré, en presencia del Señor (escuchar)

SEGUNDA LECTURA: Romanos 8, 31b-34
La muerte solidaria del Hijo de Dios constituye el fundamento de los bienes salvíficos. Pablo dice que Dios está con los creyentes, y formula una serie de interrogantes sobre la obra de Cristo.

EVANGELIO: Marcos 9, 2-10
Los tres discípulos contemplan ante la incredulidad de sus ojos una inédita dimensión oculta de Jesús. Él brilla y resplandece con todo resplandor. Ante el misterio incomprensible deben guardar silencio y reciben el mandato imperativo de “escuchadle”.
 

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