Educar niños felices para la vida

XV Movidehon

Educar niños felices para la vida.

La escuela dehoniana una escuela con proyecto.

Que la escuela tiene que cambiar es algo que, a estas alturas, nadie duda. El problema es si la escuela puede cambiar por sí misma o puede y debe hacerlo sin contar con nadie más. Mi opinión, obviamente, es que no puede ni debe hacerlo sola. Ya hay demasiadas cosas que se han ido delegando en la escuela en detrimento de otras instancias que han renunciado por vergüenza, impericia o desinterés como la familia, los medios de comunicación, la administración o la cultura.

Por eso creo que a la escuela no le queda otra que evitar el colapso y enfrentar huérfana el camino de la renovación, a la espera de que otros ámbitos sociales se sumen al tren ya en marcha.

Y la escuela lo está haciendo. No toda, pues no está siendo la norma. Quizá es la escuela privada y la concertada (sobre todo de sesgo religioso) donde se están dando los pasos más decididos en este campo.

En este sentido creo que una de las cuestiones más importantes en la renovación pedagógica y en la revolución escolar que ya apunta es, inevitablemente, el tema de la identidad. Durante mucho tiempo hemos pensado que podíamos educar asépticamente, de un modo neutral, solo por el hecho de no entrar en determinadas cuestiones marcadas por la ideología. Algo así como que, por no hablar de política de fútbol o religión se era tolerante, democrático y equidistante ideológicamente. El resultado es que nuestros alumnos viven muchas veces a la deriva sin referentes claros en las cosas que importan, o sea, ¿qué debo hacer para ser feliz?, ¿merece la pena amar hasta el final?, ¿qué puede dar sentido mi vida?, ¿cómo enfrentarme a la enfermedad y a la muerte. A este tipo de preguntas parece que nadie responde y para no quedar en evidencia, algunos no permiten ni siquiera que la pregunta se haga.

Por eso creo que la Escuela Católica tiene que definirse precisamente como una escuela con proyecto. El proyecto educativo debe ser nuestra primera arma, el quicio en el cual vamos a fundamentar el giro que la educación precisa. ¿Cuál es ese proyecto educativo? Está muy claro, el Evangelio. Pero para ser más concretos, nosotros los dehonianos, lo hemos resumido en una especie de lema: “Educar niños felices para la vida”. Su desarrollo lo hemos plasmado en nuestro “Proyecto Educativo Dehoniano”.

Durante muchos años hemos estado persuadidos de que primero había que educar a la persona “humanamente” y después vendría la evangelización, a modo de complemento, o como si no pudiera evangelizarse si no se había pulido previamente al sujeto. Si hoy pretendemos hacer eso, probablemente nunca llegaremos a anunciar el Evangelio. Quizá hemos minusvalorado la capacidad humanizadora y educativa que tiene el mismo mensaje de Cristo. Es ahí, precisamente, donde descansa nuestro ideario: la mejor manera de que un niño crezca feliz es que se entere y acepte que fue creado por amor, y por amor Dios entregó a su Hijo por él, para que nunca más dude de su valor como persona, pues todo un Dios ha pagado por su vida lo que nadie está dispuesto a igualar. Y sabiendo y aceptando este hecho sea capaz de disfrutarlo hasta el punto de que se enamore de las capacidades insondables de su propia vida personal. Y haciéndolo, se entregue a la labor del estudio y de la formación humana para que un día pueda cambiar el mundo, al menos la parte que a él le corresponda. (En la jerga dehoniana se corresponde con nuestros tres lemas: Ecce Venio, Sint Unum, Adveniat regnum tuum.)

Nuestro carisma, nuestro modo de vivir la fe y la pasión por el hombre que el P. Dehon tenía, es nuestra mejor baza, lo que nos hace distintos, es el valor añadido que la escuela dehoniana atesora y propone a todos nuestros alumnos y familias.

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