El affectus y el tránsito. Franco Giulio Brambilla

Las grandes figuras de la espiritualidad que han escalado las vetas de la aventura cristiana, han vivido su experiencia espiritual sabiendo conjugar las formas de la devoción y el arduo camino de la fe. Su espiritualidad estuvo fuertemente distinguida por el acceso a la fe mediante el calor y el color de la devoción, tal vez con trazos fuertemente teocéntricos (cf. el tema del «nacimiento divino» y de la «gloria de Dios»), otras veces con acentos cristocéntricos (como la devoción a la humanidad y a la pasión de Jesús, o al «corazón de Jesús»), no pocas veces con un fuerte componente mariano o eclesial. Parece casi el seguimiento del Señor necesita de una puerta de ingreso, de un canal que encienda el corazón y conduzca la mente hacia la comunión al misterio trinitario.
El tema de la devoción parece hoy dividir los espíritus entre aquellos que rechazan las devociones, incluso la devoción, en favor de una fe «dura y pura» y aquellos que proponen las devociones como respuesta eficaz al retorno de lo sagrado y a la necesidad emergente de espiritualidad. Es necesario, sin embargo, buscar el camino estrecho capaz de asumir y purificar la devoción y de educarla para ser la puerta de acceso a la fe. Se trata de un camino que debe ser siempre recorrido de nuevo, a fin de que la devoción facilite el camino que conduce a la buena relación con el Señor dentro de una fraternidad evangélica, y el seguimiento de Jesús no carezca del sentimiento y de las formas que sepan reencender el corazón y mover la libertad a la osadía de la fe. Seguir leyendo
 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *