El Evangelio de Dios

Evangelio según San Marcos
Evangelio según San Marcos

Iniciamos hoy la lectura continuada del Evangelio de San Marcos. De los cuatro escritos evangélicos que tenemos es el más “antiguo” y también el más corto y en el que menos “doctrina” hay. Aparentemente es la narración (sin glosa) de las cosas que Jesús hace y del recorrido que hace a lo largo de Palestina. No es un evangelio simple o ingenuo. Marcos tiene en su mente un esquema muy concreto y se manifiesta como un gran catequista. Desde el inicio deja claro que nos va a testificar acerca del EVANGELIO DE JESUCRISTO, el HIJO DE DIOS. El Evangelio no es algo sino que es ALGUIEN. Es la misma persona de Jesucristo la que encierra la buen a noticia o la gran noticia. Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Esta profesión de fe, puesta al principio, es la que Jesús en la cruz arranca al centurión que una vez muerto Jesús certifica: VERDADERAMENTE ESTE HOMBRE ERA EL HIJO DE DIOS. (Mc. 15, 39).

Marcos quiere acompañarnos a todos nosotros en un camino de fe en el que lleguemos a profesar en nuestro interior esta verdad de fe: Que Jesus es verdaderamente hombre y también Hijo de Dios. Marcos presenta su “evangelio” como el Evangelio de Dios y como camino hacia la fe o aceptación de ese Dios como alguien estructurante en mi vida.

La perícopa evangélica que hoy leemos (Marcos 1, 14-20) es nuclear al encerrarse en ella todo el plan de San Marcos.

De nuevo nos encontramos con el entronque entre Juan y Jesús. El pistoletazo de partida para la vida pública de Jesús lo marca el encarcelamiento y muerte de Juan Bautista. Jesús recoge el “testigo” de Juan y lo va a llevar y conducir mucho más allá de lo que presentía y anunciaba Juan. Jesús se “marcha a Galilea” para empezar su particular misión. Marchar es alejarse o separarse de un sitio para situarse en otro más propicio. Jesús se aleja de Judea y se va a la Galilea de los gentiles. Una opción muy clara. Jesús se distancia de Jerusalén y su entorno socio-político-religioso y se acerca a las periferias, a los alejados, a los proscritos o excomulgados por la religión oficial. Está diciendo con su gesto que Dios no margina a nadie, que para Él todos son importantes, y que los más importantes están justamente en las márgenes sociales: los pobres, los enfermos, los “sin nombre”. Hace una opción por los pobres de Yhwh.

Jesús va a PROCLAMAR EL EVANGELIO DE DIOS. Jesús se hace el heraldo del PROYECO DE DIOS sobre el mundo y el hombre. Oigamos atentamente las primeras palabras de Jesús que encierran todo lo que después va a contar el evangelio: SE HA CUMPLIDO EL PLAZO. ESTÁ CERCA EL REINO (REINADO) DE DIOS. CONVERTIOS Y CREED EL EVANGELIO.

Son palabras para grabar en la mente y el corazón. No se llevan filacterias, pero sí que se pueden hacer otras cosas para tener presentes estas palabras.

EL PLAZO SE HA CUMPLIDO. Estamos en los últimos tiempos. Las promesas dejan paso a las realidades. La Palabra definitiva de Dios ya se ha pronunciado o se está pronunciando. El tiempo es apremiante (1 Corintios 7, 29-31) o el tiempo se ha contraído o acortado; ya estamos tocando definitividad. Es la hora de la decisión impostergable. Es hora de tomarnos en serio nuestra vida y nuestra opción vital.

ESTA CERCA EL REINADO DE DIOS. Un reino o reinado que no tiene fronteras, ni territorios o parcelas. Dios ha decidido poner su mano o su “dedo” a favor del hombre, de todo hombre o mujer. Dios ha decidido intervenir en la historia desde dentro con toda su fuerza, con todo su Espíritu para llevarla a plenitud, para llevarla a la salvación. Una acción de Dios que nace a favor nuestro por “el amor que nos tiene”. Nunca será acción castigadora o vengadora sino siempre posibilitadora de plenitudes.

CONVERTIOS. Dejad a Dios, ser Dios en vuestras vidas. Dejaos invadir por Dios que quiere penetrar en vuestro corazón para abrirlo y hacerlo cada vez más humano, más cabal, más fraterno, más filial. Abrirse al Evangelio de Dios, no es perder dignidad; no es perder libertad; no es perder humanidad. Abrirse al Evangelio de Dios es ganar en dignidad (ser hijos de Dios), ganar en libertad (libres para amar o “ama y haz lo que quieras”); ganar en humanidad y para ello solo hay que mirar al mismo Jesús.

CREED EL EVANGELIO. Nos conviene dar crédito a lo que Jesús dice y hace. Nos va a presentar el PLAN DE DIOS desde sus dichos y, en este evangelio, desde sus acciones y desde sus encuentros con las personas. Jesús es la encarnación de Dios, la encarnación del Proyecto de Dios y su mejor realización. Quien ve a Jesús ve al Padre, ve el Proyecto del Padre; ve el EVANGELIO.

Este Jesús es el que va haciendo camino y de inmediato va “LLAMANDO” a los que se encuentra invitando a seguirle. VENID CONMIGO Y OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES. Llamada concreta a unos hombres (Pedro, Andrés, Santiago, Juan) y llamada universal. Esta invitación, esta llamada “VENID CONMIGO” resuena también hoy para ti y para mi. La invitación de Jesús es llamada a la más estrecha intimidad. Jesús me dice “ven conmigo”. ES tremendamente interesante, pero a la vez tremendamente arriesgada. Hacerse seguidor de Jesús envuelve toda la personalidad y la lleva a un encuentro personal de familiaridad intensa a la vez que abierta a otros para formar una fraternidad. Ser cristiano es ser con Jesús junto a los demás seguidores. No se puede ser cristiano por libre o desde una ideología por muy “teológica” que sea o por muy “ortodoxa” que sea.

El que sigue a Jesús se convierte en “otro Jesús”, se convierte en testigo del Reino y constructor de ese Reino (pescador de hombres).

Pedro, Andrés, Santiago, Juan… qué verían en aquel hombre, en su mirada, en su comportamiento, en su decir… que su respuesta fue inmediata: LO DEJARON TODO Y LE SIGUIERON.

Descubrir a Jesús, su Evangelio, conlleva una trasformación radical (conversión integral). Seguir a Jesús supone dejar nuestras seguridades y ponerse en camino en precariedad. A lo largo del año vamos a ir descubriendo las exigencias que supone el caminar detrás de Jesús. Un camino que será suave y ligero si arranca del encuentro con Jesús. Será tremendamente pesado si no nace del amor y se hace por obligación o por obediencia esclavizante ante una ley implacable de un supuesto “dios” dictador.

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