El Reino de Dios es valor absoluto

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El evangelio de hoy finaliza el discurso de las parábolas de Jesús en San Mateo. Nos narra tres parábolas cortitas pero sabrosas. Las parábolas del tesoro escondido, la de la perla preciosa y la de la red que pesca indiscriminadamente. Nos fijamos en las dos primeras, porque la de la red tiene connotaciones muy parecidas a la de la cizaña y el trigo.

Estos días, en Puente la Reina, estamos de fiestas en honor a Santiago Apóstol. Minutos antes del chupinazo inaugural, convocaron en la sala consistorial del ayuntamiento a algunas personas para imponerles el pañuelo de fiestas como signo de agradecimiento por alguna misión cumplida en favor del pueblo. Y a la vez convocaron a todos los niños nacidos en el año 1916 para imponerles a ellos el pañuelo, como acto de incorporación a la vida social del pueblo. Hay que ver con que devoción y contento las madres y padres de los recién nacidos puentesinos llevaban a sus hijos vestidos de blanco fiesta con la faja roja y las zapatillas blancas hacia la presidencia donde estaban las autoridades locales para que les impusieran dicho pañuelo. Todo el ambiente era festivo y todo eran aplausos y parabienes para los homenajeados. Se trataba de un rito iniciático cívico-social. Quiero resaltar el entusiasmo y apoyo por parte de todos y después las fiestas y carantoñas que recibían los niños una vez devueltos a la plaza para asistir desde allí a los festejos inaugurales del chupinazo y subsiguiente charanga.

Esos padres creen que es un valor cívico importante el que sus hijos entren en la dinámica festiva de su pueblo y para ello ponen todo de su parte para que dicha iniciación no se frustre sino que la acompañarán a lo largo de toda su vida.

¿A dónde voy? En estos momentos y otros pienso si nosotros, los cristianos, somos capaces de transmitir los valores del Reino de Dios de una manera análoga o parecida. Y es que el evangelio de hoy habla de este Reino como si se tratara de una perla preciosa o de un tesoro en el campo. La experiencia del que encuentra el tesoro o la perla es en principio de una inmensa alegría; una alegría desbordante que lleva a comunicar esa alegría entre los vecinos y amigos. Se ha encontrado algo tan importante, que conlleva un cambio de vida. Incluso lo que hasta ahora tengo, me parece nada y soy capaz de venderlo para conseguir esa perla o ese tesoro. La perla, el tesoro adquieren valor absoluto para mí.

El Reino de Dios debe significar en aquel que habla de él, una tesitura vital parecida al que le ha tocado la lotería. Un gozo inmenso que le hace vivir en gozo y que le lleva a compartir y transmitir eso que él vive, sabiendo que el compartir no disminuye el gozo (el tesoro) sino que lo amplía y multiplica.

Jesús nunca define el Reino de Dios. Sin embargo lo presenta una y otra vez y es un mantra en su vida. Las primeras palabras que conocemos de Jesús son: Se ha cumplido el plazo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creer en la Buena Noticia. Buena noticia que no es otra que la llegada de ese Reino, que está cerca o que está dentro de vosotros, o que ya ha llegado. El Reino de Dios es justamente que Dios trae la Salvación para su pueblo, para todos los hombres y mujeres.

Jesús habla de la Salvación con las imágenes de las parábolas. Las de hoy marcan principalmente esa dimensión de alegría y felicidad para el que descubre o posee ese Reino.

La pregunta que viene de inmediato es: ¿Yo he descubierto el Reino de Dios? ¿Es buena noticia para mí? ¿Produce en mí gozo y alegría? ¿Es el centro de mi vida? ¿Vivo para el Reino y lo transmito con mi vida, con mi ser, con mi estar? ¿Soy apóstol, transmisor de este Reino y sus valores? ¿Apoyo y estimulo su anuncio? ¿Hago comunión con los seguidores del Reino?

Para responder, viene bien que miremos con calma las dos primeras lecturas.

En 1 Reyes, 3-12, nos encontramos con la preciosa oración de Salomón que pide a Dios sabiduría y discernimiento para gobernar bien a su pueblo. Pide a Dios. Es necesario pedir al Señor que nos de Sabiduría y Discernimiento para encontrar la perla o el tesoro que es su Reino. Pedir, es empezar a reconocer que estamos necesitados de ese mismo Dios que nos convoca y ofrece el Reino.

En Romanos 8, 28-30, uno que encontró la perla o el Reino y de qué manera, Pablo nos dice que Dios nos ha elegido y predestinado desde el principio para que entremos en su Reino, para que encontremos el camino de ese Reino. Todos tenemos la posibilidad de encontrar el camino del Reino. Es más, en parte (o en todo) estamos creados dentro del magma de ese Reino. Por parte de Dios no hay ninguna prevención y hay una voluntad positiva para apoyar a todos a que entren en su Reino.

El Reino de Dios se ha iniciado ya. Es más, se ha concretado o puntualizado en una persona: Jesucristo. Él es la Perla preciosa. Él es el Tesoro escondido. Descubrir a Jesucristo es entrar ya en la dinámica del Reino.

Pablo encontró a Jesús en el camino de Damasco y ¡qué cambio en su vida! Ya no vive él. Es Cristo el que vive en él.

San Agustín encontró a Jesús, después de buscarle por muchos caminos de las religiones y de las filosofías. ¡Tarde te amé! Dirá él. Pero una vez que le conoció ¡qué cambio en su vida!

Como ellos muchos. Y todos ellos han sido evangelizadores entusiastas que han llevado a Cristo a mucha gente. Un Cristo liberador, un Cristo Hijo de Dios, un Cristo resucitado que es Camino, Verdad y Vida.

Estoy convencido de que si realmente en nuestra vida no fluye la alegría del evangelio, no existe la experiencia de que Jesús es valor absoluto y por Él puedo dejar muchas cosas o todo, porque todo lo demás resulta relativo, nos estamos perdiendo lo mejor de la fe y de la religión cristiana. Sin Cristo, todo se descodifica, todo se hunde, todo pierde su horizonte y su esperanza. Con Cristo todas las cosas y personas recuperan vida y sentido, luz y color, fuego y calor. En Cristo encontramos la revelación de la Trinidad y podemos decir: ¡Mi Dios y mi Todo!

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