El tesoro del tiempo

El tesoro del tiempo
El tesoro del tiempo

“El Señor deposita en nuestro corazón el tesoro del tiempo. El tiempo es vida, y sin tiempo no hay vida; la hace posible, y real; con la muerte se disuelve el tiempo. Los talentos que se nos regalan para emplearlos necesitan tiempo para aprovecharlos o guardarlos con miedo o avaricia. El tiempo es oro, repite la verdad del refrán popular y hoy, en nuestra cultura de la eficacia, lo es mucho más. Sin embargo, para nosotros el tiempo está, puede estar, como marcado, sellado por el amor, porque el amar exige tiempo; la gratuidad de nuestra entrega cobra valor en razón del tiempo que le dedicamos; las cosas valen tanto cuanto hayamos empleado tiempo en cuidarlas y contemplarlas; el tiempo se llena de amor en la escucha sin reloj, en la alegría que no cuenta los minutos que faltan para la separación, en la tristeza que compartimos sin prisas. Si no dedicamos tiempo a las personas, a los proyectos, a los deseos, a nosotros mismos, no podemos decir que nos interesan, que son importantes, que las amamos. El tiempo permite, incluso, que lleguen a ser parte de nosotros mismos.
Jesucristo nos mostró su amor haciendo del tiempo eternidad, transformó su presencia temporal en presencia para siempre y nos dejó la Eucaristía, su palabra viva y su Espíritu que nos permiten experimentarlo como amor presente. Rompió la estrechez del tiempo para permanecer en un amor sin límite…” (E. Royón, sj)

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