En el mes del Corazón de Jesús. P. Juanjo Arnaiz scj

Esta propuesta de experiencia espiritual según un progresivo adentramiento tiene como primer resultado reactivar un entrenamiento, una ascesis, que nos permite buscar la voluntad de Dios, capacitándonos gradualmente para cumplirla. Por eso la continuación del camino espiritual propuesto lleva a derramar la propia vida a través de la adquisición del “espíritu apostólico” (CST 99a). Este objetivo espiritual tiene un “medio ambiente” propio muy característico que es la apertura y conocimiento apasionado de la realidad en que vivimos, aumentando progresivamente la capacidad de generar respuestas encarnadas para las realidades históricas que nos tocan vivir y evangelizar. Lecturas dehonianas que pueden iluminar este proceso son Coronas de amor y el Corazón sacerdotal de Jesús.
En continuidad con la lectio joánica, al tomar la expresión “uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” (Jn 19,34) queremos caracterizar este Paso III.
Sin olvidar la referencia necesaria a Getsemaní y al Cáliz, en cuanto opción por asumir la voluntad divina conocida, adoptamos ahora el icono bíblico de la efusión de sangre y agua del costado abierto, que Dehon comenta así: “Jesús había dicho: “El mayor acto de amor es entregar la vida por los amigos”.
Él dio su vida, todo está hecho, todo está consumado. Parece que nada podía añadir a su muerte, a este acto supremo de amor por nosotros. Pero su amor
encontró el medio de colmar en nosotros la medida abriendo su Corazón después de su muerte”. “Mi amable Salvador, un hombre por muy amante que sea no puede imaginarse nada más allá de entregar su vida por sus amigos, pero tú, después de tu muerte, quisiste dar también tu Corazón, abrirlo como un testimonio de tu amor y vaciar hasta la última gota de su sangre”.
“Tú has dado por mí más que la vida, ¡oh Jesús! Quiero, al menos, darte, a partir de ahora, todo mi corazón, todas mis acciones, todas mis palabras. Me
consagro a ti totalmente, no quiero vivir más que en tu amor”. Dehon propone un peculiar modo de vida religiosa centrada en el amor, con el
testimonio, la pobreza y el celo apostólico girando en torno a este centro: “He ahí nuestra regla de vida: rendir a Jesús un amor atento, solícito, delicado”.
Y dice en otro lugar: “Este sentimiento hace nacer en nosotros un deseo ardiente de hacer conocer este amor que es desconocido, que no es amado. Es el celo apostólico, el amor que se expande alrededor, este amor, que hace decir a san Pablo: No conozco más que a Jesús crucificado y solo a él predico” Seguir leyendo

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