Entonces me puse en movimiento…

Se puede vivir una larga vida sin aprender nada, se puede durar sobre la tierra sin agregar ni cambiar una pincelada de paisaje; se puede simplemente no estar muerto sin estar tampoco vivo. Basta con no amar, nunca, a nada, a nadie. Es la única receta infalible para no sufrir. Yo aposté mi vida a todo lo contrario. Y hacía muchos años que definitivamente había dejado de importarme si lo perdido era más que lo ganado.
Creía que ya estabamos a mano, el mundo y yo, ahora que ninguno de los dos respetaba mucho al otro. Pero un día descubrí que todavía podía hacer algo para estar completamente vivo, antes de estar definitivamente muerto. Entonces me puse en movimiento…

Caballos Salvajes – Monólogo de José (Héctor Alterio)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *