Entrada al Noviciado en Salamanca

Nosotros, Jackson, Yunior y José Ignacio, el día 14 de septiembre de 2012, ingresamos al Noviciado de los sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús en la ciudad de Salamanca, con una celebración que dio inicio a las 20:00 horas, presidida por el Superior Provincial P. Jesús Valdezate Soto (SCJ), quien nos exhortó a imitar al profeta Samuel en despertar a ese llamado insistente de Dios al servicio de los demás y a la obediencia, tomando en cuenta las huellas de Cristo movidos por la fe. De igual forma, nos acompañaron el Consejo Provincial, P. Isidro (Alba de Tormes). P. Jesús C. García (Venta de Baños) y la comunidad de Salamanca II.

Proyecto de bondad y desprendimiento

Hoy, nos comprometemos a discernir nuestra vocación a lo largo de este periodo por medio de la oración personal y comunitaria, la meditación y la escucha de la Palabra de Dios; alimentándonos del Cuerpo y Sangre de Cristo en la eucaristía y en los momentos de Adoración, como prueba de renovación de la opción que hemos querido hacer.
Que este compromiso llegue a ser en nosotros como en la comunidad signo de transparencia y apertura para reconocer nuestros errores y faltas, a fin de que la disposición al hermano sea motivada por la oblación y la reparación del Sagrado Corazón de Jesús, y así, profundizar y poner en practica el conocimiento adquirido siendo apoyo mutuo entre los hermanos, no creando diferencias o barreras que nos hagan diferentes, al contrario que seamos capaces de compartir lo poco o mucho que tenemos.
Queremos también abandonarnos en las manos de Dios y dejarnos guiar por el Maestro de Novicios que será instrumento suyo para con nosotros; poner al servicio nuestros dones y talentos, nuestro esfuerzo y nuestras ganas del <<ora et labora>> ora y trabaja, logrando vivir nuestro Noviciado como un tiempo privilegiado donde nos conocemos a nosotros mismos más íntimamente, fortalecemos esa amistad con Jesús y nos dejamos moldear como greda en manos del alfarero, para que poco a poco con nuestra fe podamos ir construyendo no una morada, sino un templo majestuoso y convencernos que somos uno con Jesús, que este compromiso nos lleve a su encuentro de la mano de María, nuestra Madre, para orar, escuchar, reparar y amar.
Queremos ser profetas del amor y servidores de la reconciliación en medio de un mundo que cada día se encuentras más descristianizado, de igual forma en nuestros apostolados con los necesitados, dejando que nuestra vida y la experiencia de Dios cale la de ellos, motivándonos a darnos en sí para que al sensibilizarnos podamos crecer humanamente en ese llamado del Padre allí donde la vida clama, sin dejar a un lado que:
El amor tiene una sola práctica: Amar en todo momento, en cada lugar, en toda situación.
 

 

 

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