Entrevista a Ángel Alindado Hernández, scj

ENTREVISTA A ÁNGEL ALINDADO HERNÁNDEZ, scj.

El diácono Ángel Alindado Hernández (30 años), aunque nació en Baracaldo (Vizcaya), se considera de Alba de Tormes, pues allí ha vivido desde pequeño y de Alba es toda su familia. Desde 1999 es religioso de la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús. El 13 de junio de 2009 fue ordenado diácono, y el 27 de noviembre de 2010 recibirá la ordenación sacerdotal en la parroquia del Buen Suceso de Madrid. Es profesor, tutor, y coordina distintas actividades pastorales y de acompañamiento a niños y jóvenes en el Colegio Fray Luis de León, que los Padres Reparadores tienen en la capital.

– Ángel, después de casi año y medio desempeñando la función de diácono, ¿cuál ha sido tu experiencia en este tiempo?

Para mí ha sido un tiempo excepcional. En todo este año y medio he podido ejercer el diaconado en diferentes lugares, celebraciones y comunidades. Ha sido una experiencia muy rica poder ser diácono en la celebración de la Eucaristía, en celebraciones de la Palabra, acompañando a jóvenes y niños y a las familias que perdían a sus seres queridos, celebraban su matrimonio o un bautizo. Al principio te resulta extraño el lugar en el que te colocas, al frente de la comunidad en una celebración. Pero si partes de la idea de que el centro de la celebración no eres tú, las cosas cambian, como si estuvieras siempre en un segundo plano, dejando el principal para Dios. Así lo he vivido y lo intentaré vivir como sacerdote.

– Suponemos que habrás esperado con impaciencia el día de tu ordenación sacerdotal, pero dinos, para los no iniciados en la materia, ¿qué diferencias hay entre ser diácono y ser sacerdote?

Como diácono eres el “servidor” de la Palabra y del altar. Es decir, proclamas el Evangelio en una celebración y tienes la función de preparar el altar para la Eucaristía. También puedes presidir la celebración de diferentes sacramentos como el Bautismo y el Matrimonio. Como sacerdote puedes celebrar algunos sacramentos que como diácono no puedes: la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación y la Unción de enfermos. Mucha gente entiende el diaconado como si fueras “algo menos que cura” como alguna vez me dicen. Pero no es así: desde el principio los diáconos han tenido una función específica dentro de la Iglesia. Ya sabes que también hay diáconos permanentes, y eso no significa que sean menos que los sacerdotes. Dentro de las diócesis desempeñan una labor concreta y dependen directamente del obispo. En mi caso el diaconado sí que preparaba el terreno para el sacerdocio, pero siempre me lo he tomado como un tiempo que tenía sentido en sí mismo y no por lo que iba a venir o por lo que iba a ser.

 

– Educar y transmitir valores a jóvenes no es hoy tarea fácil, por eso, ¿cómo lleva tu misión de profesor y catequista en el Colegio Fray Luis de León de Madrid?

La verdad es que es una misión que entusiasma. No creo que se trate sólo de “educar y transmitir valores”. Hay muchos valores, humanos y cristianos, que, como dice el Papa, están en el ADN de la sociedad en España. Nuestro reto es hacer renacer esos valores e identificarlos como valores que surgen de nuestro ser cristianos. Trabajar con los jóvenes, los niños y sus familias supone poner a prueba tu fe y tu manera de creer. Siempre procuro, en las clases o cuando hablo, tratar de expresarme como soy y cómo creo, sin miedo ni tapujos. Es el primer paso para romper los esquemas en nuestra relación con Dios o la Iglesia. Yo no creo en las cruzadas, pero sí que pienso que tenemos que ayudar a las personas a quitar velos, también quitarnos velos nosotros, para juntos intentar ver a Dios en nuestro día a día, con nuestros problemas y dudas, pero también con nuestra ilusión y alegría. Los jóvenes hoy en día no son ni mejores ni peores que los de hace 10, 15 o 50 años. Simplemente son diferentes, utilizan otro modo de hablar y comunicarse, tienen otra manera de sentir. Y es con su lenguaje con el que hay que hablarles, manteniéndonos fieles a nuestra herencia espiritual, que sigue siendo viva y actual, aunque muchos traten de tacharla como rancia o trasnochada. No es así, y si fuera así, yo no estaría aquí ni sería religioso. En esta tarea, además, nunca estás solo. En el Colegio nos acompañan 16 catequistas de primera Comunión, cerca 25 de Confirmación y muchos profesores colaboran en las actividades que organizamos en el Departamento de Formación Cristiana. Es una alegría ver que las fuerzas de la Iglesia están en su mayor parte en los laicos.

– A partir de ahora presidirás la Eucaristía, confesarás a los fieles y tendrás que realizar otras tareas propias de tu nuevo ministerio sacerdotal, ¿cambiará mucho tu día a día?

¡Creo que sí! A partir de ahora en mi horario aparecerá también la presidencia de la celebración de la Eucaristía en la capilla del Colegio y la primera semana después de la ordenación ya tenemos confesiones con los alumnos del Colegio. Estoy seguro que las celebraciones se verán y vivirán de manera diferente. Hasta ahora uno estaba “en la barrera”. Es tiempo de dar ahora todo lo que uno ha ido recibiendo a lo largo de los 30 años que tengo, que ha sido mucho. Y no creas que temor no falta. Me sigue asombrando y en parte estremeciendo que Dios se haga presente en algo tan “nuestro” como el pan y el vino y me sigo preguntando si seré capaz de, en mi fragilidad, llevar a cabo esta responsabilidad. Pero sé que Él es más fuerte que yo y que en la debilidad Él muestra su fortaleza, como diría san Pablo.

– Después de la ordenación sacerdotal, suele ser costumbre que el misacantano celebre una misa en su pueblo de origen y se haga una fiesta en su honor. ¿Ya has pensado en ello?

Presidiré la Eucaristía en Alba el 2 de enero, domingo, día de la Sagrada Familia. Será, por así decirlo, la primera misa en Alba, aunque, evidentemente, ¡ya llevaré unas cuantas! Ese día cantará, espero, el coro parroquial, porque no deja de ser la misa de la parroquia, no la mía. Lo de la “fiesta en su honor” que dices, lo dejamos, jeje. No me creo tan importante como para ello. Pero sí que compartiré con la comunidad parroquial y con la familia y los amigos ese día de una manera especial. No “en mi honor”, sino como signo de agradecimiento por todos estos años. Mi vocación la fui descubriendo poco a poco en Alba, en la parroquia, en las catequesis y en la celebración de la Eucaristía los domingos. En mi familia fui forjando una respuesta y ellos me enseñaron, paulatinamente, a amar y ser amado. También han tenido un papel fundamental las congregaciones y órdenes religiosas de Alba, las Isabeles, los y las Carmelitas, Reparadores, Benedictinas, Hijas de la Caridad. La existencia de la vida religiosa en Alba es todo un “lujo”, porque no hay tantos pueblos con la abundante presencia de religiosos y religiosas con la que contamos. No hay que olvidar, por tanto, las raíces, de dónde venimos, qué hemos recibido y qué y quiénes han dado sentido a nuestro día a día. Creo que el “homenaje” es para todos ellos: porque ellos han sido los responsables de que hoy sea lo que soy y como soy.

– Dinos para finalizar por qué crees que hoy sigue siendo necesaria la figura del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad.

Necesarios en la Iglesia somos todos, cada uno con su función y ministerio. No existe Iglesia sin laicado, como no existe sin sacerdotes y obispos. Tampoco existe sin vida religiosa. Sí que es verdad que cada vez llama más la atención que un joven opte por este tipo de vida, o por ser religioso o religiosa. Todavía sigue ocupando página, aunque sea la última (por lo que vi el otro día en un periódico), que un financiero de Wall Street deje su trabajo y desee ser dominico. O incluso les hacen entrevistas, como tú a mí ahora. Pero a mí también me llama la atención, cada vez más, ver a jóvenes y familias que viven su fe en su trabajo, en su día a día, en su universidad, que no es nada fácil, o en su grupo de amigos. Y te puedo decir que no son tan pocos como dicen, ni tan “raros” como a veces se presenta en los medios. Unos y otros han elegido ser cristianos y están convencidos de que seguir a Jesús sigue siendo una propuesta válida y apasionante hoy. Por eso, cuando hablo de vocación a los chavales en el Colegio, siempre me gusta subrayar que vocación tenemos todos. Cada uno, día a día, va descubriendo cuál es su vocación, a qué está llamado, qué semilla siente en su interior y de qué modo quiere hacerla crecer. Cada uno ha encontrado o está encontrando, poco a poco, cuál es el sentido de su vida y muchos ya han respondido a esa llamada constituyendo una familia, entregándose a ella, y, en ella, llevando a cabo el proyecto de amor deseado por Dios. Otros también responden a ese proyecto de amor en la vida religiosa o el sacerdocio. Y en todo caso, unas y otras son respuestas que cambian la vida, como a mí ahora.

 

Muchas gracias Ángel por tus respuestas y los mejores deseos para que lleves a cabo tu misión con acierto. ¡¡¡Enhorabuena!!!

 

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