Entrevista a Ángel Alindado scj

El albense Ángel Alindado, religioso del Sagrado Corazón de Jesús, fue ordenado diácono el pasado 13 de junio en la parroquia de Nuestra Señora del Buen Suceso situada en la calle Princesa de Madrid. Hoy, Ángel ha querido compartir con los lectores de albadetormesaldia.es su experiencia vocacional, su punto de vista sobre Alba de Tormes y su trabajo en el Colegio Fray Luis de León en Madrid.

Entrevista: Alfonso González para albadetormesaldia.es

– ¿Cómo descubriste tu vocación? ¿En que se basa tu opción por la vida religiosa y por el ministerio dentro de la Iglesia?

A veces me he encontrado con personas que me han hecho la misma pregunta. Y no es fácil contestarla, porque normalmente se piensa en la vocación como algo extraordinario y que sale fuera de la vida normal. Cuando pienso en cómo ha sido mi vida creo que si algo he descubierto es que existe una cierta belleza, sí, belleza, en entregarse a los demás. Yo lo he visto y experimentado primero en mi familia, y después, en la entrega generosa de los que después serían mis hermanos de vida religiosa. Creo que ahí, en la vida de cada día, en el ejemplo de los otros, es donde Dios se ha ido manifestando y mostrándome que yo también podía contribuir a esa belleza. Y me plantee, en un cierto momento, la pregunta: ¿y por qué no?

Todos tenemos una vocación en nuestra vida: unos a vivir el hecho de ser cristianos desde el matrimonio y su trabajo cotidiano. Para mí la vocación a la vida religiosa y al sacerdocio es una puerta más que estaba en mi vida. Con los años fui viendo que era una puerta por la que tenía que pasar.

 

– ¿Cómo fue tu niñez y adolescencia en Alba? ¿Qué recuerdos son imborrables para ti?

Yo no nací aquí, sino en Baracaldo, en Vizcaya, pues mi familia se encontraba en aquel tiempo trabajando en el País Vasco. Pero a los pocos meses volvimos a Alba, de donde es toda mi familia. Por eso siempre digo que Alba es mi casa, aunque no olvido el lugar donde nací, pues mi familia tiene muy buenos recuerdos de aquellos años. De niño siempre recuerdo las tardes de verano en las playas, las fiestas en mi Colegio, las Isabeles, las fiestas de Santa Teresa. Son muchas cosas las que uno guarda en la memoria, sensaciones. Como he dicho antes, Alba es mi casa. Cuando me encuentro en una comunidad, en una ciudad nueva, siempre considero que me encuentro insertado cuando por primera vez siento lo mismo que siento cuando veo de nuevo Alba a lo lejos cuando vuelvo de vacaciones: tranquilidad y seguridad. Y eso es lo que significa para mí Alba.

– ¿Qué es lo que más valoras de Alba de Tormes?

Alba es un pueblo que tiene un gran potencial humano. Hay personas muy preparadas con ganas de trabajar y de aportar lo que saben al propio pueblo. Hay muchos jóvenes con ganas de mejorar las condiciones de vida de la villa. Y eso es digno de tenerlo en cuenta y valorarlo. Valoro muchísimo la historia que tenemos detrás. Pero es necesario conocerla. A mí, sinceramente, me da mucha pena saber que hay albenses que no podrían explicar, mínimamente, cómo es Alba, su historia y sus monumentos. Tenemos que estar orgullosos de lo que tenemos, pero también conocerlo, valorarlo y amarlo. Si algo me asombraba de Italia era la formación artística que tenían los jóvenes: cualquiera te podía dar un discurso, en un perfecto italiano, sobre un determinado monumento, sin tener por ello que ser el primero de la clase. Nosotros, como pueblo, tenemos que llegar a eso.

Pero sobre todo valoro la figura de santa Teresa. Y no porque sea religioso, sino porque me he ido dando cuenta que Teresa rezuma humanidad y cercanía como ningún personaje en la historia y también en la Iglesia. Es otro de los aspectos por lo que tenemos que estar orgullosos, y la mejor manera de manifestarlo es conociendo su obra, leyendo a santa Teresa, dejarnos cautivar por su gracejo, su sinceridad y su espiritualidad. Teresa nos habla de cómo somos los castellanos, recios, sí, pero profundos… y con nuestro punto de humor.

Valoro muchísimo la historia que tenemos detrás, pero es necesario que todos la conozcamos bien.

– ¿Qué te ha aportado la formación y la experiencia recibida en Salamanca y Roma?

En Salamanca realicé la mayor parte de mis estudios de Teología. En mi clase y también en el noviciado tuve la oportunidad de conocer personas de otros países que compartían conmigo ideales y sueños y eso aporta una visión más abierta de las cosas y del mundo. En Roma pude realizar la especialización en Teología Espiritual en la Universidad Gregoriana. De Roma me llevaría como experiencia la oportunidad de sentir lo universal que es la Iglesia. Allí, aunque parezca mentira, descubres que de uniformidad nada: que en la Iglesia tienen cabida diferentes maneras de pensar y vivir, diferentes culturas, diferentes maneras de expresar tu fe. La experiencia también de vivir en una comunidad con 17 nacionalidades diferentes es maravillosa: y a todos nos unía una misma fe. Y eso es espectacular.

Salir siempre fuera de tu país te obliga a valorar otras culturas, otras formas de entender la vida y también a valorar aquello que es propio tuyo, de tu país o tu ciudad. Me siento muy afortunado de tener la oportunidad, como religioso, de conocer diferentes comunidades en diferentes países y ver cómo, a pesar de las diferencias, nos sentimos igual de hermanos.

Santa Teresa rezuma humanidad y cercanía como ningún personaje de la historia.

– ¿Cómo es tu trabajo en el Colegio Fray Luis, en Madrid?

En el Colegio me dedico a dar clases de Religión, este año también Técnicas de Estudio, y a llevar, junto con otro religioso, la tarea de coordinar la pastoral del Colegio. En Madrid funciona muchísimo el trabajo pastoral en los colegios católicos: catequesis de comunión, de confirmación, grupos de fe y reflexión, convivencias con los jóvenes, celebraciones, etc. Estamos hablando de un Colegio de 1200 alumnos, así que trabajo no falta y a veces uno llega al final del día cansado. Pero merece la pena. Ver que hay jóvenes y niños que, en un año, van cambiando, creciendo y madurando también en la fe es esperanzador. Y ver que no estás sólo, sino que junto contigo trabajan también en todos estos temas profesores, antiguos alumnos y familias ilusiona más todavía.

– ¿Qué es lo que más te gusta transmitir a los niños y jóvenes con los que trabajas en tu apostolado?

Creo que los cristianos tenemos que dar una imagen más positiva de lo que somos y lo que creemos. A veces se intenta oscurecer mucho lo que es la Iglesia y funcionamos con estereotipos como que la Iglesia no tiene nada de moderna y que es sólo cosa de ancianos. El problema viene cuando esos estereotipos nos los empezamos a creer y caemos en la desesperación y el negativismo. Pero uno descubre, y yo lo he visto en mi vida y en lo que he conocido, que la Iglesia está muy pero que muy viva, que es una Iglesia abierta y plural, donde todos tenemos cabida. Y eso es lo que les intento transmitir: que hoy, seguir a Jesús, manifestarse como cristiano, no es algo del pasado, sino del presente, que tiene futuro, a pesar de los errores y fallos, y que siendo cristiano, de modo real, se está construyendo un mundo y un futuro mejor.
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *