Entrevista al P. Pedro Iglesias Curto, SCJ

Roberto Jiménez
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Pedro Iglesias Curto, 29 años, el mediano de tres hermanos. Desde 1999 religioso de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos-PP. Reparadores). Criado en Alba de Tormes, vivió y estudió cuatro años en el vecino Seminario San Jerónimo. Hizo el noviciado en Salamanca y estudió teología en la Universidad Pontificia. Pasó dos años en Venta de Baños como formador y posteriormente fue destinado a Roma para especializarse en la Universidad Gregoriana en Teología Bíblica. En París perfeccionó el dominio de la lengua francesa, y en Jerusalén adquirió un conocimiento más preciso del contexto humano y geográfico de la Sagrada Escritura. Diácono desde el 24 de mayo de 2009, un año después, el albense Pedro Iglesias Curto será ordenado sacerdote hoy en la iglesia parroquial de San Pedro de Alba de Tormes.
No ha pasado ni un año desde que te ordenaste diácono en Roma. Hoy en día, los enlaces matrimoniales suelen ser más tardíos. ¿En el caso de las vocaciones es diferente? (Dime si la tuya es temprana, si suele haber una edad media) etc…
Yo creo que en esto de las vocaciones, como en cualquier otra decisión importante, no cuenta tanto la edad como esa intuición, tan difícil de explicar, de que éste es tu momento. En esto de la vocación religiosa esa intuición va acompañada, evidentemente, por la fe en que es Dios quien guía y sostiene esa decisión. Por eso hay que tratar de escucharle, en el silencio o en tantos acontecimientos, para descubrir que es él quien te está pidiendo que entregues la vida.
En mi caso, a menudo me preguntan si no soy demasiado joven. Yo empecé como religioso con 19 años, aunque con el paso del tiempo esa vocación de entonces ha tenido que ir poco a poco creciendo y haciéndose más madura. Hoy lo normal es que las vocaciones religiosas o sacerdotales surjan en personas un poco más mayores, en muchos casos después de los estudios universitarios. Sin embargo no creo que sea tan joven. De hecho mucha gente de mi edad, de mis compañeros del Colegio, ya están casados y tienen hijos. Así que no me considero demasiado joven. Simplemente, es mi momento.
¿Por qué Sacerdote del Corazón de Jesús y no de otra congregación?…y bueno…¿Por qué sacerdote?

 

En mi historia como religioso y ahora como sacerdote, tiene mucho que decir San Jerónimo, a donde vine a estudiar con 14 años, y donde trabajaban (y seguimos trabajando) los Reparadores. En un principio eso de ser religioso o sacerdote no entraba en mis planes. Pero, con el paso de los años y sobre todo viendo la vida y la dedicación de aquellos que aquí estaban con nosotros (algunos de ellos con la misma edad que hoy tengo yo), empecé a sentir curiosidad por su estilo de vida y a interrogarme si ésta no podría ser también la mía. Lo que empezó con un “¿Por qué no?”, se ha ido transformando con el tiempo en un “Sí, creo que esto es lo mío, creo que esto es lo que Dios quiere de mí para hacerme feliz”.
¿Qué se te pasa por la cabeza horas antes de tu ordenación?
A parte de los nervios por los preparativos y por que todo salga bien, lo que siento sobre todo es un agradecimiento enorme a Dios por este regalo, por haberme llevado hasta aquí gracias a tantas personas y tantas circunstancias. También hay momentos en que todo esto me da un poco de vértigo, porque soy consciente de que ser sacerdote hoy no es una tarea sencilla, bien por las críticas o la incomprensión, bien por la confianza que suscita y la importancia que tiene el sacerdote para muchas personas. Sin embargo, en esos momentos de miedo, me quedo con la serenidad y la confianza en que Dios esté detrás de mí en todo momento. Sólo le digo que yo intentaré poner todo de mi parte, para hacerle un poco más presente en la celebración de los sacramentos, con mi palabra o con mi forma de vivir.
La decisión de que tu ordenación sacerdotal tenga lugar en la iglesia de San Pedro en lugar de la capilla del Seminario San Jerónimo. ¿Es una decisión tuya? ¿Por qué?
Fue algo que decidí con toda la comunidad. En principio pensamos en que la ordenación tuviese lugar en San Jerónimo. Pero después caímos en la cuenta de lo significativo que podría ser recibir la ordenación sacerdotal en la misma parroquia en que fui bautizado y donde recibí la Primera Comunión. Es una manera de expresar cómo ese camino iniciado por Dios de niño ha llegado a su madurez. Además, aunque llevo bastante tiempo fuera de aquí, soy y me siento profundamente albense. Por eso quería que también la gente de Alba viviese este momento como una fiesta suya, que todo el que quisiera pudiese participar de esta celebración tan especial en que un hijo del pueblo va a ser ordenado sacerdote.
Desde el mes de septiembre formas parte de la comunidad del Seminario San Jerónimo, el lugar donde estudiaste y elegiste este camino de vida. ¿Cómo estás viviendo esta experiencia? ¿Qué cambios aprecias con respecto a los años que fuiste seminarista? ¿Qué recuerdos tienes de tu etapa en el seminario?
La experiencia en San Jerónimo, durante este primer año, está siendo un regalo. Jamás hubiese pensado que volvería al lugar donde nació mi camino como religioso. Ahora me encuentro, ya no como chaval, sino al otro lado, como profesor y formador; ya no recibiendo sino dispuesto a entregar. Mi tarea principal aquí es educativa, tanto en el ámbito académico como en la presencia y el trabajo con los chicos durante todo el día. No es nada fácil ni tranquilo, pero es algo apasionante.
Ciertamente, resulta inevitable acordarse de cuando yo estaba por aquí y descubrir que, aunque no hayan pasado demasiados años, somos generaciones muy diferentes. Comparando la experiencia de entonces con la de ahora, descubro que quizá nosotros nos tomábamos los estudios con un poco más de seriedad. Pero sobre todo tengo el recuerdo de estar más tiempo juntos, de hablar más (también de armar más), quizá porque entonces no dependíamos del móvil o de los cascos. Por otra parte, los chicos de ahora me parecen mucho más espontáneos y con menos barreras respecto a los cursos, las edades… Tengo muchos recuerdos del último año en San Jerónimo, del ambiente de tutoría, de las fiestas y cumpleaños y de aquellas competiciones entre los cursos.
¿Qué esperas de esta nueva etapa de tu vida religiosa?
Como he dicho muchas veces, espero que ahora con más intensidad, esto de que un chico joven decida hacerse sacerdote sea sobre todo un interrogante para estos muchachos, como en su momento lo fue para mí. Seguiré con las mismas ganas y la misma ilusión por enseñar y por entregar mi tiempo y mis ganas a estos chicos y chicas, dejándoles claro, como les digo muchas veces, que ni yo ni toda la comunidad estamos aquí porque no teníamos nada mejor que hacer, sino porque es Dios quien nos mueve a ello.
Creo recordar que en tu promoción fuisteis cuatro los jóvenes de la comarca de Alba, que elegisteis continuar con la vida religiosa ¿Cuál de ellos será el siguiente en ordenarse?
Sí, desde el noviciado hasta ahora en mi promoción somos cuatro religiosos de la zona de Alba: Mariano de Santa Teresa, Pablo de Pedrosillo y Ángel y yo de Alba. De ellos, Pablo y Ángel son ya diáconos así que, si Dios quiere, ellos serán los próximos en ordenarse sacerdotes.
¿Qué sentimientos despierta en ti la figura de Santa Teresa? ¿Y la del Padre Dehon?
Santa Teresa es como la santa de la casa. A ella se vinculan los recuerdos ya desde niño, en las fiestas o en esos momentos de pasar “a saludarla”. Hoy me gusta entrar a la iglesia de las Madres para pedirle sobre todo que me enseñe como ella a enamorarme de este Dios por quien merece dar toda la vida. Así lo haré de nuevo, si el tiempo lo permite, justo al comienzo de la celebración de la ordenación.
El Padre Dehon es el ejemplo concreto y la inspiración de lo que quiero que sea mi estilo de vida. En él se unen el trato con Dios más profundo y cercano con una actividad pastoral vertiginosa, sabiendo mirar la realidad y buscar respuestas para hacerla poco más humana y un poco más cordial, según el Corazón de Dios.
Es tradición poner la bandera blanca en el campanario de la iglesia de San Pedro cuando se ordena un nuevo sacerdote, en esta ocasión tú serás el protagonista. ¿Exactamente de que se trata y que simboliza ese gesto?
Es un símbolo muy sencillo para significar que hay un nuevo sacerdote en la Iglesia y que precisamente es del pueblo. La tradición dice que la bandera ha de permanecer en la torre de la parroquia hasta que haya una nueva ordenación o hasta que desaparezca. Espero que cuando la gente del pueblo vea esta bandera en la torre de San Pedro, días o semanas después de la ordenación, se acuerde un poquito de mí y le pida a Dios de nuevo que me de fidelidad para vivir como sacerdote.
¿Qué significan para ti ciudades como Paris, Roma y Jerusalén en tu vida? Defínemelas con una frase
París es como un gran escaparate, la ciudad del arte y del glamour, pero que al mismo tiempo esconde tras sus cristales muchas desigualdades y ese tono de orgullo un tanto intransigente.

Roma ha sido para mí la ciudad de la universalidad, donde he conocido a gente de todo el mundo, amigos que también en este día rezarán por mí desde Argentina a Indonesia. Universalidad que no sólo ha sido humana, sino también eclesial.

Jerusalén es la ciudad de los contrastes, la tierra del Santo y de la guerra, de dos bandos, de dos mentalidades. Por eso es el lugar donde uno siempre sueña la paz, donde uno piensa que si las cosas se arreglasen el mundo sería mucho mejor.
 

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