P. Joaquín Izurzu: “Entendí que Dios me estaba pidiendo ir a Uruguay y dije que sí”

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El p. Joaquín Izurzu cumplirá el próximo mes de septiembre 40 años de vida religiosa, por eso da gracias a Dios. Ha vivido momentos buenos y malos, pero estos han sido los menos. “Desde que comprendí que Dios me llamaba y me sentí capaz de decirle que sí, él no me ha fallado, siempre lo sentí cercano, también en la dificultad”, apunta el p. Joaquín, que se ha entregado a la Congregación, sintiéndose parte de esta gran familia y por ello da gracias a Dios por sus hermanos.

Su actividad se ha realizado hasta ahora íntegramente en centros de estudio: en Seminarios Menores (Venta de Baños y Puente la Reina), en el Escolasticado de Salamanca con jóvenes religiosos y en el Colegio Sagrado Corazón de San Javier. Como apunta el p. Joaquín, “una tarea que siempre he sentido como primordial en mi vida es la de servir a la Congregación y, sobre todo, al pueblo de Dios como sacerdote. Ha sido una actividad muy querida y sentida, más que obligación, para mí ha sido una necesidad: la de servir a Dios. Por último quiero expresar que siempre he sentido que la comunidad religiosa era mi familia, que la casa en la que vivimos es mi casa y que es responsabilidad de todos, y también mía, su cuidado”.

El 25 de enero de 2017 se despidió de la Comunidad de San Javier para iniciar su Misión en Uruguay, motivo por el que hablamos con él.

En breve va a iniciar su misión en Montevideo, ¿cuáles son sus próximos pasos?

– Todavía no hemos “aterrizado” en Uruguay. Durante un mes y medio, los cuatro miembros del equipo, formado por Adriano y Simón (brasileños), Rino (italiano) y yo, estamos preparándonos para ello. Próximamente viajaremos a Montevideo, la capital de Uruguay, para encontrarnos con nuestros hermanos religiosos Dehonianos que allí están y que tendrán que salir; durante una semana iniciaremos la tarea, difícil, del traspaso de funciones. A principios de abril marcharemos definitivamente allí, celebraremos con ellos la Semana Santa y, el domingo segundo de Pascua, 23 de abril, se producirá el cambio. A partir de ese momento, seremos nosotros los encargados de llevar hacia delante esta misión. Pidamos a Dios que bendiga a nuestros hermanos, que durante años, con dedicación generosa y valiente, han trabajado por el pueblo uruguayo, ofreciendo lo mejor de sus vidas; también os ruego que recéis por nosotros para que, con generosidad, trabajemos por la expansión del Reino de Dios aquí en Uruguay.

¿Qué pensó cuando se lo comunicaron? ¿Cómo reaccionó?

– Cuando el Padre José Luis Munilla, superior Provincial de los SCJ en España, me comunicó que se estaba preparando un equipo de religiosos para sustituir a los hermanos destinados en Uruguay y que uno de ellos debería ser español, no lo pensé ni un segundo. Le dije que sí, que estaba dispuesto. Esa fue mi reacción. No tenía ningún motivo para decir que no. Entendí que Dios me lo estaba pidiendo y que debía decir… ¡sí! Sentí alegría.

¿Cuántos religiosos dehonianos hay en la Comunidad Territorial de Uruguay?

– En Uruguay hay actualmente dos comunidades, con tres personas en cada una de ellas. En total son seis sacerdotes religiosos. Acompañan dos parroquias, la de Santa Rosa de Lima, en la población que se llama El Pinar, y la de El Salvador, que tiene aneja La Gruta de Lourdes, un santuario fundado en los años 40 del siglo veinte y que imita a la Gruta de Lourdes. Es un lugar muy visitado. Todos los días “11” de cada mes pasan por delante de la imagen de la Virgen María miles de personas que oran, se confiesan, celebran la eucaristía y disfrutan de la belleza del lugar.

Por ahora no podemos contaros nada más. Pedimos a Dios que nos acompañe, que la transición sea muy beneficiosa para el pueblo de Dios en Uruguay. Rogamos así mimo a la Virgen María, Nuestra Señor de Lourdes, que nos bendiga y proteja a todos para que se haga siempre la voluntad de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. No nos olvidéis y rezad por nosotros.

– Su anterior destino fue la Comunidad de San Javier de quienes se despidió a finales de enero, ¿qué sintió en ese momento? 

– Me emocionó el despedirme de todos ellos: de mis hermanos religiosos, Henry, Tomás, Luis y Pablo; de la comunidad religiosa de las Madres Reparadoras, a las que quiero como hermanas; de todo el profesorado que tanto me han dado siempre; del equipo de buenos profesionales que trabajan en secretaría, mantenimiento, limpieza y cocina, a los que admiro por su entrega y cariño por el colegio; y, por último, de los alumnos que siempre me han mostrado su afecto y respeto. ¡Cómo no emocionarme!

– ¿Qué le han aportado los alumnos del Colegio Sagrado Corazón de San Javier? ¿Los echa de menos? 

¡Claro que los echo de menos y los llevo en el corazón! Cuando uno vive con niños, al menos a mi me pasa, vuelve a vivir los grandes valores que ellos expresan con naturalidad: la inocencia y un afecto sincero que solo ellos lo pueden repartir y que te llenan de ternura y de agradecimiento porque en ellos vemos reflejado el rostro de Dios. 

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