Esperar no es estar de brazos caídos

Con este domingo XXXIII – A cerramos, en la práctica, la catequesis que San Mateo, por medio de su Evangelio” quiso dejar a su Iglesia particular y a la Iglesia de todos los tiempos. Evangelio escrito para enseñarnos el camino que lleva a descubrir en el hombre Jesús al Señor de nuestras vidas.

En la secuencia final de esta catequesis nos hemos saltado dos “compases” porque los dos domingos anteriores hemos atendido a la conmemoración de los fieles difuntos y a la consagración de la Basílica de San Juan de Letrán (O, mejor, “Del Santísimo Salvador”).

Nos hemos saltado la secuencia del evangelio de Mt, 23, 1-12 donde se nos invita a los discípulos a ser los primeros en el servicio. “El que quiera ser primero entre vosotros que sea vuestro servidor”. Y esto es más que recomendación. Es mandato o condición sine qua non para vivir el evangelio. Se vive desde la humildad y desde el servicio o entrega de nuestra vida a los demás.

La segunda secuencia saltada es la de San Mateo 25, 1-13. Con la parábola de las “diez doncellas”, San Mateo nos invita a mirar hacia adelante a la espera del Señor que viene. Nos invita a estar en vela porque no sabemos ni el día ni la hora. Uno no se puede dormir ni en los laureles. Se necesita estar en vela o despiertos, a la expectativa.

El evangelio de hoy (Mt 25, 14-30) nos hablará del como estar en vela o del cómo hacer para estar siempre preparados a la llegada del Señor. Y nos lo va a decir con la parábola de los talentos, o tomando ejemplo de la gestión que hacen los banqueros o los terratenientes si quieren mantener su capital y engordarlo. No existe valoración moral; tan solo comparación: así como estos trabajan así, vosotros debéis trabajar por el reino con el mismo tesón sabiendo que jugamos con algo más que “talentos” de plata, puesto que los dones que recibimos no se pueden medir o pesar con oro o plata.

¿Cómo hay que vigilar o cómo hay que trabajar en este tiempo de espera?

Creo que hemos de hablar de una vigilancia “activa” o de una vigilancia en acción. No es la del vigía que está “a verlas venir” para avisar, sino que se vigila poniendo en práctica aquello que se espera que acontezca. La esperanza mueve mi historia y mueve la historia.

El libro de los Proverbios hace un canto de alabanza a la mujer hacendosa, ecónoma, dadivosa y temerosa de Dios. Un hermoso canto que refleja una cosmovisión sobre la mujer “en casa” pero que para su tiempo la eleva a valor muy apreciado; tan apreciado que es “alguien” y no “algo”; y es alguien que cultiva y cuida lo mejor de aquello que el hombre ha recibido de Dios: cultiva y cuida la vida y trasmite la fe. 

La liturgia del día elige esta lectura porque habla de laboriosidad, de tarea, de trabajo hecho con una actitud maternal donde suele abundar el trabajo arduo y la gratuidad. La “madre” es siempre un buen ejemplo de lo que significa entrega a fondo perdido y sin medida porque ama incondicionalmente. Es un buen “sacramento” de Dios.

La segunda lectura de Pablo a los Tesalonicenses nos sigue hablando del “día del Señor” o lo que es lo mismo “el día en que vendrá a juzgar a vivos y muertos”. Y vuelve a insistir en la necesidad de la vigilancia; de una vigilancia despejada, despierta; sin hacer concesiones a lo accesorio y atendiendo a lo principal. Nos invita a una sobriedad, que podríamos denominar “ir ligeros de equipaje”, porque si nos entretenemos en “tantas cosas” nos podemos olvidar de la “única necesaria”.

San Mateo con su parábola sobre los talentos, utilizando un símil , como hemos dicho, de gestión económica genera una serie de orientaciones de calado en la vida del discípulo.

1- La primera es una mirada a Dios y su relación con el hombre. Dios es primero y tiene la iniciativa siempre. El hombre, nosotros, todo lo recibimos de Él. Lo que somos y tenemos no es “nuestro” de propiedad absoluta e indiscriminada. En ningún caso se puede tener por norma el “hacer lo que me da la gana” o “porque sí”, pero en este caso aún menos. Soy deudor absoluto, aunque sea una deuda “gratuita” y por lo tanto he de comportarme agradecidamente y actuar en la forma mejor, que coincide  con la Voluntad de Dios.

2- Los dones recibidos lo son “para los demás”. Los he recibido para cuidarlos y gerenciarlos de la mejor manera. Y para ello hay que aplicar una regla de oro del evangelio de Jesucristo: “el que pierde gana”. Aquel que entrega su vida por los demás, la gana. Nadie ama más que el que da la vida por el amigo. Es ciertamente una matemática inversa a nuestros esquemas financieros, pero es la que es. Y resulta que es verdadera. El agua retenida en un pozo se pudre. La luz puesta debajo del celemín no sirve. La sal si se queda en el salero no sala. La vida si no se entrega no engendra vida. Por lo tanto “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. Lo dice Jesús.

3- Importante lo de la gratuidad. Recibido gratis para darlo gratis. Tenemos siempre la tentación de pasar factura. He hecho esto, me debes esto. Le pasamos factura al otro buscando alguna determinada ganancia para mí como, por ejemplo, ser tenido por bueno, o ser querido, o buscar agradecimiento y ensalzamiento; pero todavía más osado, queremos pasarle factura a Dios. Le exigimos una paga. ¡Y no! “El banquete de tu Señor” es  sobreabundancia; es gratuidad desde el amor. Y por lo tanto nuevo motivo para agradecer en el amor y no conquista merecida por tus esfuerzos o cálculos. Somos hijos trabajando en la hacienda del Padre. Todo es nuestro.

4- No importa la cantidad de “talentos” recibidos. Cada uno es cada uno. Único e irrepetible. Valor absoluto como es. No debe haber envidias entre vosotros (dice Jesús). Lo que importa es que lo que se nos ha dado lo pongamos en juego para que de alguna manera fructifique y haga crecer la comunidad. Deberíamos estar alegres y agradecidos al ver los “talentos” que el Señor ha derrochado en mis hermanos. Qué bueno que mi hermano sepa mucho, hable bien, pinte, baile, comunique, cante; sea inteligente, guapo; sepa discernir, aquilatar, exhortar, animar, presidir, gestionar.

5- Saber admitir que yo no valgo para todo. Saber admitir mis límites. Saber aceptar la ayuda de otros; saber pedir ayuda cuando no llego o no puedo.

6- No se puede holgazanear ni dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy. Es decir somos responsables y hemos de responder so pena de anularnos, de desaparecer.

7- El último aviso del Evangelio es este. Nuestra actuación en la vida no es indiferente; porque la vida recibida de Dios no termina. Esta vida la podemos perder “por necios”, por pretender tapar el sol con un dedo. Si la vida recibida no se entrega, por su misma inercia se pierde (aún aquello que tiene se le quitará). Si no pones a valer tus “talentos” te quedas encerrado en ti mismo (llanto y rechinar de dientes). Te has construido una cárcel incomunicada. Te has aislado (aunque sea una isla del Caribe). Eso es el infierno. Si tus talentos los pones a valer generarás vida, crearás comunión, y te encontrarás con la Vida en la comunión de los Santos. Eso es el cielo.

Gonzalo Arnaiz Alvarez, scj

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