Espiritualidad de la Semana Santa y Triduo pascual

La instrucción Musicam sacram nos dice: “En particular solemnícense los sagrados ritos de la Semana Santa; mediante la celebración del misterio pascual los fieles son conducidos como al corazón del año litúrgico y de la liturgia misma” (n. 44).
La Semana Santa son días privilegiados en que la Iglesia vive intensamente la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo y eleva su oración a Dios Padre pidiendo especialmente la salvación de toda la humanidad. Las mañanas del Jueves, Viernes y Sábado Santos no son mañanas vacías de celebraciones, son mañanas de oración. El fiel cristiano ejerce su ministerio orante unido a Cristo, el orante por excelencia.
La Semana Santa es un tiempo privilegiado en el año litúrgico. La Iglesia invita a todos los fieles vivir con mayor intensidad espiritual y oracional estos días en los que se recuerda y actualiza los misterios de Jesús, comenzando por la entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén y culminando con el misterio de su Resurrección. La Iglesia no solamente celebra la Eucaristía en estos días, sino que intensifica, por decirlo así, la oración e invita a los fieles cristianos a que se unan a la oración de Cristo, Cabeza, y formen con él un solo cuerpo en alabanza y acción de gracias a Dios Padre.
El orante en la Iglesia ejerce su ministerio sin interrupción porque tiene sus manos siempre elevadas hacia el Señor y su oración es como el humo del incienso perfumado que se eleva hasta el cielo. A través de los momentos fuertes de oración el cristiano transforma la jornada en una ofrenda agradable a dios. Ora cuando agradece a Dios los dones recibidos, cuando escucha y medita la Palabra, cuando intercede y suplica por toda la humanidad, cuando su oración se hace vida y vida de oración.
 

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