Experiencia con el Corazón de Jesús

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Durante el desierto de este mes de junio he tenido la gracia y la oportunidad de pensar, contemplar y leer todo lo referente al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando realizaba mi meditación me surgían preguntas que a veces no comprendo, como esta: ¿Por qué nos cuesta tanto amar, sí de Dios solo recibimos es Amor? Leyendo a posteriori dicho tema he comprendido que a pesar de nuestras indiferencias al Corazón de Jesús, Él nos ama tanto; Dios sigue dándonos su amor y sigue entregándose por mí y por cada uno de nosotros.

En el camino de seguimiento a Jesucristo, desde su costado traspasado debo conocer ese amor que se entrega por mis faltas, mis pecados, mi miseria; pero que todo lo ha realizado por el inmenso amor que me tiene.

Realizar experiencia de ese amor observando al que murió en aquella cruz, es dejarse penetrar por Él; es realizar experiencia de Fe y adentrarme en sus misterios de vida, a través de la Palabra, que es viva y actual. Es aceptar en mi vida que Dios me ama y me lo dice cada día por medio de mi comunidad, de mi apostolado, etc. Es una invitación que el Señor me hace abrir mi corazón para que Él lo trasforme en un corazón que corresponda “AMOR por AMOR”.

Pero como decía anteriormente, el amor de Jesús no deja pasivo, tranquilo a nadie; sino que Cristo se mete en la vida de uno, la quiere transformar, para animarme a dar testimonio que hay un Dios que nos ama, que sufre cuando tú sufres, que ríe contigo, celebra contigo. Es un Corazón, el de Jesús, que sufre y es maltratado cuando rechazamos ese amor que Él nos quiere dar por medio de nuestro hermano. Ese corazón se puede convertir en alegría, gozo, felicidad, esperanza cuando tú y yo nos reconozcamos hermanos y no seamos indiferente a los necesitados, a los pobres, los que sufren, a los pequeños y humildes; porque es allí donde hay que dar amor, es allí donde está el rostro de Dios esperando por ti y por mí a que le demos amor y cercanía con sinceridad.

Finalmente nuestra respuesta al Corazón de Jesús, del cual salió “sangre y agua”, espera solamente una palabra o un gesto donde le dejemos entrar en nuestra vida, que le amemos, que cuando estemos en la Eucarística, Adoración, observando la cruz, leyendo la Palabra de Dios, salga de nuestra boca una palabra de agradecimiento, un agradecerle de corazón porque se ha entregado por mí.

Gracias porque para ti Señor lo principal no fue ver nuestros pensamientos de hombres sino sentirte amado por el Padre y ese amor trasmitirlo a los que estamos sedientos y necesitados de tu amor.

Por otro lado también se nos muestra la figura de María y el discípulo amado (Juan), que como ellos contemplando tú vida vivieron siempre desde la disponibilidad y dar a conocer tu amor en tantas personas que necesitan conocerte. Como María quiero decir: “ECCE ANCILLA”, “HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR”, para que tu guíes mi vocación, mi estilo de vida, y por medio de esa llamada que me has hecho pueda tener un encuentro intimo contigo que me impulse al encuentro con el hermano.

Doy gracias al Señor por este desierto que tuvimos tanto mi compañero de noviciado como yo, referente al misterio y la riqueza de contemplar al Corazón de Jesús. Nuestro fundador hablaba de una manera muy profunda y llena de bondad: “Todo se resume en el amor”.

Ese amor de Jesús en la Cruz es lo que vamos experimentando a lo largo de la vida y que solo de nosotros espera es una respuesta de amor.

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