Experiencia de formación y primera profesión religiosa

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Hola nuevamente a todos los que van siguiendo el blog. Hemos estado un tiempo bastante largo sin publicar nada. El motivo que hemos regresado a nuestro país, Venezuela, el día 5 de septiembre. Ya ha pasado algún tiempo y en esta ocasión compartiré la experiencia formativa y comentaré el día de la primera profesión.Quisiera definir la experiencia formativa como una experiencia liberadora ¿por qué la defino de esa manera? Pues porque la formación te da herramientas para responder a todo lo que vas viviendo en las distintas etapas de la vida y de la formación; es decir, te ayuda a ir caminando y te va abriendo los ojos. Solo puede caminar el que no tiene ataduras y solo ve el que no tiene vendas. Eso es libertad; eso permite que tu corazón este más disponible para responder a lo que Dios te va pidiendo a medida que vas caminando. Yo creo que es así, Dios pide algo de ti a cada paso que vas dando y si la formación es realmente liberadora uno sabrá responder o por lo menos no estará tan limitado a ver lo que Dios quiere. La libertad no se alcanza en un momento. Yo creo que se vive día a día, porque Dios siempre estará hablando e irá capacitando al aquel que llama para hacerlo responder mejor.

Ahora compartiré una pequeña crónica del día de la profesión. El lema que escogimos para ese día fue: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu Voluntad” (Hb 10, 7). Para mí esa cita profesa la gran disponibilidad que queremos imitar de Cristo. Así lo entendí yo y es como lo quiero vivir: con disponibilidad; pero no cualquier disponibilidad, sino la de Cristo.

La misa fue a las 10am en la parroquia Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa del Niño Jesús, en Mariara, nuestro pueblo. Antes de la misa saludamos a algunas personas que aún no habíamos visto y que quisieron acompañarnos en ese momento tan hermoso de nuestras vidas, luego empezaron a llegar nuestras familias, después comenzó la misa. Yo estaba muy nervioso. Comenzó el canto de entrada: “antes que te formarás dentro del vientre de tu madre, antes de que nacieras, te conocía y te consagre…”. Tenía a mí papá y mi mamá a mi derecha e izquierda acompañándome en este gran momento. Fue una misa hermosa, yo la disfrute muchísimo. En el rito de profesión me puse más nervioso aún, pero agarre aire y dije todo lo que tenía que decir, luego en la profesión de los votos con voz clara y fuerte dije: “movido por el firme propósito de consagrarme más íntimamente… hago voto por un año de castidad, pobreza y obediencia…”. Fue un momento realmente emotivo y hermoso, luego de ese rito nos impusieron el signo de la profesión, que es una cruz dehoniana. Después recibíamos el abrazo de todos los hermanos de congregación que estaban allí en ese momento. Justo al abrazar a los que ahora son mis hermanos de comunidad formativa no pude aguantar y me puse a llorar. Eran lágrimas de una profunda y gran alegría. Después de eso no pare de llorar el resto de la misa. Todo lo que cantaban me hacía llorar. Todo lo que decía el padre Alejandro Iglesias (superior regional) me hacía llorar. Pero era una alegría hermosa. Me encantó, simplemente, vivir ese momento con tanta gracia. Así lo sentí. Me sentía aún más amado y elegido por Dios. Vinieron muchos recuerdos a mi mente como el día de mi comunión y confirmación porque estaba sentado justo en el lugar en los que recibí esos sacramentos. Puedo decir que mi oración se hizo acción de gracias, no podía hacer otra cosa, era lo menos que podría hacer.

Quiera dar gracias al maestro de novicios Ramón Domínguez por su dedicación e insistencia en nuestra formación, al padre Alejandro Iglesias y Juan Manuel Yepez que acompañaron el último mes de noviciado en Venezuela, a todos los religiosos que apoyaron esa formación,… Y por supuesto, quiero dar gracias a Dios, que es quien hace la obra. Por eso le digo como el salmista: “Señor, no abandones la obra de tus manos”. Amén.

También quiero despedirme del blog. Ha sido un buen año compartiendo con todo ustedes. Estamos en Venezuela. Rezad por nosotros. Lo necesitamos. Un saludo y hasta siempre.

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