Experiencia de Semana Santa en La Alberca

ser dehoniano

En esta Semana Santa tuve la oportunidad de vivirla en el pueblo de la “Alberca”, acompañado de mi compañero de novicio Ali, de igual modo con mi formador Ramón, que tuvo la responsabilidad de encargarse de las celebraciones; y también con la compañía de un joven de la parroquia que nos acompaña los lunes en el grupo de oración.

En este pequeño escrito intentaré describir un poco lo que pude vivir y aquellos aspectos que me llamaron la atención; y, también, aquellas cosas que me invitaban a la oración y a contemplar este gran misterio que celebramos en la Semana mayor para los cristianos.

Iniciábamos el Domingo de Ramos con dos celebraciones en dos pueblos cerca de La Alberca. Fue muy bonito y emocionante porque había muchas personas. Se realizó una pequeña procesión camino a la Iglesia, cantando y alzando los ramos donde dábamos la bienvenida a la Semana Santa.

En las celebraciones del Jueves Santo al Domingo de Resurrección tuvimos la oportunidad de realizar varias actividades que nos permitían vivir y adentrarnos más en lo que estábamos celebrando. También hicimos posible que las personas, que estaban allí, pudieran vivir a plenitud la Pasión – Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

El Jueves Santo tuvimos un regalo de Dios: celebrar el día de la Eucaristía en la Residencia de Ancianos que está en La Alberca. Allí se realizó el lavatorio de los pies y hubo una pequeña pero hermosa celebración de la palabra. Entre cantos, alegría y llanto se podía ver la alegría que podían tener esas personas mayores que también se lo transmitían a uno. Esta experiencia me tocó y me ayudó mucho para dar gracias a Dios y orar por cada uno de ellos, por sus familias y por las personas que prestan sus servicios y su atención para con estas personas. Estar con personas mayores siempre es bonito, agradable y rico en el alma, ya que considero que ellos son personas sabias y que desde sus experiencias te enriquecen y te ayudan para uno ponerlas también en práctica a lo largo de la vida. Son personas que necesitan cariño, cercanía, amor y sobre todo de una sonrisa.

Por la tarde realizábamos la celebración del Jueves Santo en la parroquia. Había mucha gente, buena preparación en todo: cantos, liturgia y organización; pero la más importante es que había un corazón abierto y los ojos bien atento a lo que estábamos celebrando. Esas personas veían con los ojos de la fe; esto nos animó a vivir la celebración con más entrega y más alegría. Luego tuvimos la Vigilia al Monumento (Hora Santa); también un tiempo de oración y contemplar, esta oración ante el Señor estuvo dirigida por nosotros, los novicios y de Félix.

El Viernes Santo realizamos varias procesiones y celebramos la Adoración a Cruz. Considero que fue un día de pensar, reflexionar y orar. Este misterio se había hecho presente en medio de nuestra iglesia en cada persona que se encontraba allí presente. Todo ello nos invitaba a realizar entre todos la Coronilla de la Divina Misericordia a las 3 de la tarde guiado por el padre Alfredo, párroco de la alberca. Allí contemplábamos la muerte de Jesús. Fue especial porque se mantuvo un silencio me impresionante y creo que en cada uno de nuestras mentes y corazón solo podía salir la palabra “Gracias señor por amarme y entregarte por mi y por mis hermanos”. Ese mismo día, en la noche, se realizo una Vigilia en torno a la Virgen de los Dolores; dimos el pésame a la Virgen (fue un momento especial, ya que eso yo nunca lo había vivido y fue impresionante, ya que teníamos la imagen de Jesús crucificado y al lado su Madre, esa imagen marcó pero también nos da mucho a pensar ya que esos dos pilares son fundamente para nuestro camino de fe y de la Iglesia).

El Sábado Santo por la mañana tuvimos la oportunidad de conocer más La Alberca, un pueblo, pequeño pero bonito por su historia y por su gente, que son personas cercanas, muy trabajadoras y disponibles en todo momento. En la noche celebramos la Santa Vigilia. Entre el pregón, las lecturas, el gloria, las campanas, el aleluya, estábamos muy felices porque Jesús había resucitado y eso lo estábamos celebrando como Iglesia. Uno de los momentos, que tampoco había vivido, era estar en la plaza mayor y tener el encuentro de Jesús Resucitado y la Virgen María. Ese momento fue tan profundo; las personas estaban alegres, cantaban, celebraban y uno compartía esa alegría. El domingo fue también una misa agradable pero al a vez con un poco de nostalgia porque era el ultimo día. Fue una celebración muy especial para todos los que estuvimos allí y pudimos disfrutar.

En lo personal esta experiencia la pude vivir con fe, con alegría, con cosas muy nuevas, que para mí que me encantaron y me animan a seguir caminando e ir diciendo si y abrir mi corazón a la presencia de Jesús Resucitado. Me encantó de verdad y lo digo nuevamente: estar allí, en ese pueblo, fue especial, ya que con su gente hacen sentir a uno en casa. Destaco su disponibilidad, su entrega, su servicio, su alegría. Estoy muy agradecido por todo lo vivido en esta semana santa.

Antes de despedirme doy gracias a Dios por este regalo y por este don de poder compartir con estos nuevos hermanos en Cristo. Gracias, también, a mi formador y a mi comunidad por brindarme vivir esta nueva experiencia que fue única y llena del amor de Dios. Gracias a los padres de Ramón y al párroco por su atención y disponibilidad en todo momento.

Que este tiempo de fiesta, que estamos celebrando, nos impulse a dar testimonio y a partir de nuestra alegría demos a conocer que Jesús está vivo y en está en medio de nosotros. Gracias, Dios les bendiga.

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