Experiencia de un hospedero Jacobeo

EXPERIENCIA DEL AÑO SANTO JACOBEO
ALBERGUE PADRES REPARADORES
PUENTE LA REINA

La comunidad religiosa de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús de Puente la Reina desde el comienzo de la fundación en 1919 ha acogido peregrinos continuando con la tradición del antiguo Convento del Crucifijo que durante siglos fue Hospital de Peregrinos a Santiago de Compostela. Desde finales de los años 80 mantienen abierto el actual Albergue. Toda la Comunidad se siente responsable de esta actividad hospitalaria. Por ello, y con la ayuda de laicos, procura atenderlos convenientemente todos los días del año. Luis Mª Resa es uno de estos colaboradores laicos que trabaja en la atención del Albergue.

Él es puentesino y hospitalero en el Albergue de peregrinos de los Padres Reparadores de Puente la Reina, narra su experiencia en la acogida de tantos caminantes, hombres y mujeres de todo el mundo que marchan hacia Compostela.

 

Cuando ya se ha cerrado en Santiago de Compostela la Puerta Santa de la Catedral, y a pesar de que los peregrinos siguen llegando a Puente la Reina, me gustaría narrar brevemente mi experiencia como hospitalero en el Camino de Santiago, sobre todo, durante el año Santo Compostelano que acabamos de despedir. Desde hace varios años, trabajo acogiendo a los caminantes que deciden descansar en ésta villa que es unión de Caminos. En Puente la Reina se hacen uno el llamado Camino Francés que entra en Navarra por Roncesvalles, y el Camino Aragonés, que desde el Puerto pirenaico de Somport, atraviesa Jaca, y en Navarra pasa por Sangüesa y Eunate antes de llegar a nuestro albergue.


Antes de nada, me gustaría hablar de Nieves, la señora qu
e se encarga de la limpieza del albergue y de dar alojamiento a los primeros peregrinos que llegan cada día de 12 de la mañana a 2 de la tarde. Ella realiza su trabajo con esmero y delicadeza, siempre en buena armonía, con sencillez y una gran humanidad. Personas como ella, facilitan mucho el trabajo y hace que los que compartimos con ella nos sintamos muy agradecidos.


Suelo estar en el albergue entre las 2 y las 8 de la tarde. A veces la jornada se alarga si hay que atender a algún peregrino dolorido o que precisa de una mayor atención. Mi labor diaria consiste en recibir de una forma cordial a los peregrinos y darles alojamiento. Al entrar se anotan sus nombres, apellidos, Nº de pasaporte o DNI, país de procedencia, si viene a pie, bicicleta o caballo. Sello sus credenciales y les acompaño a sus habitaciones respectivas, indicándoles la distribución del albergue. Luego, una vez duchados y relajados, preguntarán sobre los comercios, bares, restaurantes, monumentos, iglesias, etc. y así todos los días. Lo cierto es que, en ocasiones, hay que tener paciencia, porque no todos los que llegan son verdaderos peregrinos, hay algunos de ellos que se creen que están en un hotel y son muy exigentes. Afortunadamente son los menos porque en general, el peregrino agradece. El turista exige, y algunos de éstos ha habido que invitarles a abandonar el albergue porque quitan plazas al que viene haciendo el Camino a pie, con todo lo que conlleva de sufrimiento.


Es digno de alabar el comportamiento de gentes que vienen, prácticamente de todos los continentes. De África, por ejemplo, hay que destacar a los provenientes de Sudáfrica. De América del Norte, desde Alaska y todo Estados Unidos, Canadá, y México. De América Central vienen de Costa Rica, Puerto Rico. De América del Sur, especialmente de Brasil, Uruguay y en menor cantidad Chile, Argentina, Venezuela, Colombia y Ecuador. De Oceanía, llegan provenientes de Australia y en menor proporción de Nueva Zelanda. Lo más sorprendente es un país asiático, llamado Corea del Sur, increíble por la cantidad de peregrinos que mueve. Éste año habrán pasado cerca mil. Como reclamo, en su país tienen la edición de un libro acerca del Camino de Santiago, escrito por un coreano. Pero hay que destacar también que en Corea del Sur hay una nutrida comunidad católica, incluso se han dejado ver por aquí algunos sacerdotes que han estado celebrando la Eucaristía en la iglesia de Santiago de Puente la Reina. Los coreanos son personas encantadoras en su gran mayoría. Yo conocí a dos jóvenes que me demostraron un gran fervor religioso. Prolongaron su descanso en Puente la Reina, y pude visitar con ellos Lourdes, Oñate, el castillo de Javier, los monasterios de Leyre y La Oliva, y me sorprendió el sentimiento y fervor religioso con el que vivían todo. El encuentro con personas creyentes que muestran su fe de un modo auténtico y personal me ayuda mucho en mi crecimiento personal como cristiano. De Japón, éste año Jacobeo, además de turistas que todos los años suelen venir, se han dejando ver otros muchos como peregrinos. ¡Qué podemos decir de la Vieja Europa, cuna del cristianismo, y también de grandes desastres…! En el peregrinaje, se reparte el tema, aunque son mayoría los franceses, italianos, españoles y alemanes. También llegan desde Irlanda, Reino Unido, Finlandia, Dinamarca, Hungría, República Checa, Bélgica, Holanda, Noruega, Suecia, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Lituania. Y finalmente, llegan algunos rusos y rumanos, aunque en menor medida.


¿Cómo es posible, que en un albergue se junten peregrinos procedentes de cada esquina del mundo, con sus diferencias idiomáticas, culturales, religiosas, espirituales, etc y que no haya conflicto alguno? Todo es obra y arte del Camino. Ellos hablan de sus emociones y sensaciones percibidas y producidas durante el trayecto diario, se escuchan unos a otros, y llega a darse una envidiable sintonía entre todos ellos. El Camino de Santiago suele producirles unas inmensas ganas de cambiar sus vidas o por lo menos, de salir de sus monotonías, de quitar sus miedos. Se interesan por la historia y el mensaje del Camino, aunque muchos de ellos no lo hagan por motivos meramente religiosos, sino espirituales, turísticos, deportivos. A veces, la motivación es lo de menos, pues la experiencia deja huella de todas formas. El convivir diariamente de una forma cívica, de forma tolerante, compartiendo lo que en ese momento posees con gente que no has visto en tu vida, hace de ello algo grande. En mi caso, como hospitalero del Camino, esto se llena de sentido comprometiéndome a ayudar a gente con problemas de ampollas, de contracturas, de tendinitis, de cansancios de la vida… Muchos de ellos te hablan de sus problemas y no me queda más remedio que ser todo oídos, y dentro de mis posibilidades, ayudarles a dar un enfoque a lo que me transmiten. Sólo por el mero hecho de escucharles con atención ya se dan por satisfechos y desahogados en sus penas
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Sí, es un mundo maravilloso el que me está tocando vivir con estas experiencias. Además, todo esto me ayuda también a ahuyentar mis problemas de espalda… Ser hospitalero, no es solamente dar un alojamiento y unas indicaciones más o menos necesarias para los peregrinos. Creo que es una forma de llevar a la práctica los valores recibidos a lo largo de la vida, en mi caso, la formación religiosa recibida en el grupo de Laicos Dehonianos, a los que tanto tengo que agradecer. No puedo concluir sin tener un recuerdo especial para los jóvenes de la pastoral y los novicios que durante el verano se dedican a los talleres de masajes y a la Adoración al Santísimo. Con el lavatorio de pies que se hace en el transcurso de esa celebración litúrgica algunos peregrinos encuentran uno de los momentos más emocionantes y sorprendentes del Camino, lo agradecen de corazón.


Navarra es un lugar del Camino de Santiago que no aprecia de modo demasiado sensible el aumento de peregrinos durante los Años Santos Compostelanos, durante el buen tiempo siempre hay peregrinos. Eso sí, con el descanso invernal, echo en falta a los caminantes, aunque sea conveniente descansar de ese ajetreo. Espero que Dios me siga dando el mismo ánimo y salud para continuar en esta tarea que es tan gratificante. Muchas gracias.

Fdo: Luis Mª Resa Hualde
 

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