Experiencia del Camino Santiago, Rebeca y Santiago (Alba de Tormes)

Cuando menos sospechas encuentras una experiencia que cambia tu manera de ver las cosas y de vivir la realidad.
Lo que comienza siendo una simple distracción de verano o una búsqueda de vivir emociones nuevas se transforma en un hecho que marca tu vida. Empieza queriendo encontrar algo que te haga salir de la rutina, sentirte renovado, y acabas con un sinfín de oportunidades de conocerte a ti mismo, revelas que todo lo que te rodea (hasta la cosa más simple) es imprescindible, acabas guardando en tu memoria miles de anécdotas y recuerdos que nunca podrás olvidar.

Todo comenzó el 6 de julio: Jose Angel Gómez, Santiago Hernández, Elena Gómez, Gerardo Gómez, Sandra Patrocinio, Sergio Morais y Rebeca Sánchez cogían un autobús camino de Ribadeo, al encuentro de 26 desconocidos con los que iban a compartir esta experiencia, sin saber la aventura que les esperaba durante 9 jornadas y los severos retos que iban a tener que afrontar.

Que decir de los primeros amargos y duros días, el deliberar que no ibas a ser capaz, el echar de menos a la gente que dejas, todo se te presenta grande. Quitarte las botas y ver las primeras dolorosas secuelas del camino, el cansancio que nos producía el peso de nuestras molestas pero imprescindibles mochilas, la falta de confianza…Lo único que no sabíamos es que todo esto era una buena señal, nuestro camino había comenzado.

Las etapas se suceden Ribadeo-Ribadeo 18 Km., Ribadeo-Lourenzá 29 Km., Lourenzá-Abadín 24,6 Km., Abadín-Villalba 20,4 Km., Villalba-Baamonde 21 Km., Baamonde-Sobrado dos Montes 40 Km., Sobrado dos Montes-Arzúa 22,7 Km., Arzúa-Monte do Gozo 37 Km., Monte do Gozo-Santiago de Compostela 5 km.

Observas a tu alrededor y descubres que tus compañeros están igual o peor que tu, que no precisan a otra persona lastimándose y te das cuenta del significado del camino.
Que una sonrisa dice más que mil palabras, un abrazo cura mil heridas, y un beso llena vacíos. Comienzas a no ver los kilómetros que te quedan por recorrer, sino a apreciar el paisaje, el dolor, la alegría, la amistad…

 

El tesoro del camino es degustar cada momento, aprender a mirar a tu alrededor, ver que hay personas que están dispuestas a ayudarte y que a la vez necesitan lo mejor de ti para que ellos también se enfrenten a sus propias dificultades.

Los kilómetros transcurren, te vas conociendo paulatinamente. Descubres que eres más fuerte de lo que pensabas, que esa fuerza te la transmite toda esa gente que esta a tu alrededor, día a día con su aliento y consuelo hacen que superes otra etapa.
Los desconocidos comienzan a formar parte de tu vida, y parece que sin ellos no puedes avanzar. Es como si siempre hubieran estado ahí y la ceguera que nos transmite esta sociedad ego centrista no te permitiera verlos.

Por fin llegamos al monte del gozo, a 5 kilómetros de Santiago, no se puede manifestar con palabras ese instante, la gran satisfacción que sientes por haber llegado inunda todos tus sentidos, sientes una presión en el pecho que no te deja casi respirar y tu corazón bombea tan fulminante que parece que se te va salir del cuerpo. Todos los dolores que te han acompañado a lo largo del camino siguen ahí pero ya no los sientes. Contemplas con satisfacción que has superado tu reto, y no sólo eso, sino que aprecias como el resto de tus compañeros también lo han hecho y sientes que no hay nada imposible y que sólo necesitas creer en ti.

Con este último tramo, cerramos nuestro camino a Santiago, pero seguro que se abrirán otros caminos nuevos si cada uno intentamos vivir las actitudes de solidaridad, respeto, contemplación, amistad… que a lo largo del camino hemos ido ejercitando.

Tenemos que dar las gracias a los dehonianos por habernos permitido realizar esta experiencia entre otras; la buena organización, sus emotivas reflexiones y el haber conseguido que descubramos a Dios en todo lo que nos rodea.

El camino no consiste en andar. Nuestro camino comenzó en el mismo momento en que decidimos emprenderlo y terminará en el momento en que olvidemos todo lo que hemos vivido, en realidad el camino no tiene fin.
Poco a poco descubrimos que no éramos nosotros los que hacíamos el camino, sino el camino el que nos hizo a nosotros.
 

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