Fallece Nuestro Hermano Baldomero Sánchez SCJ

Hno. Baldomero Sánchez Arévalo
Se iniciaba el verano del año 1964 y yo llegaba a Alba de Tormes para hacer el postulantado. Allí nos acogió un numeroso grupo de novicios entre los que estaba el Hno. Baldomero. Desentonaba del grupo, porque nosotros éramos veinteañeros y el era casi cuarentón. Pero sobresalía sobre todo por su perenne sonrisa y su actitud de servicio y acogida. Desempeñaba el cargo de pastor del rebaño de ovejas de la casa. Y lo hacía con dedicación de buen pastor al estilo del de la parábola del evangelio. Cuidaba de ellas para llevarlas a los mejores pastos y también para evitar que se hinchasen si comían hierba mojada o con rocío. Alguna vez tuvo que recurrir a alguna purga para hacer que alguna pudiera eructar y así evitara su asfixia. Como buen novicio sobresalía por su observancia y puntualidad en todo. Entraba en obediencia al maestro porque quería aprender y captar el carisma congregacional. Para ello aprovechaba todo el tiempo posible para leer y meditar. Debía leerles a las ovejas las Constituciones. Amaba de todo corazón al Corazón de Jesús y anhelaba ardientemente ser religioso SCJ. Los tiempos de recreación también los disfrutaba y pasamos momentos inmejorables jugando al mus desenfadadamente. Los “órdagos” iban y venían sin cuento y cada victoria era una explosión de carcajadas.
El día 21 de septiembre, antes de los ejercicios espirituales, el Maestro llamaba a cada novicio para comunicarle si había sido admitido o no a la profesión religiosa. Todos entraban “llorando” y solían salir “entre cantares”. Baldomero entro hecho un manojo de nervios y salió gozoso y exultante. Había conseguido el pase, el aprobado de su vida. Había conseguido superar el noviciado y así poder entrar de lleno en la Congregación. Sus primeros votos celebrados el día 29 de Septiembre de 1964 fueron para él lo máximo. Sin duda el día más feliz de su vida. Nos enseñaba la cruz de profesión como insignia de victoria y con la felicidad en la cara de que ya era lo que deseaba ardientemente ser. Ser religioso reparador.
Su primer destino fue la casa de Alba, cambiando las ovejas por las gallinas. Le daba igual. Siguió con el mismo talante durante todo el año y no rompió con los novicios. Siguió a nuestro lado en los momentos que podían ser, como las recreaciones o los paseos y siempre encontramos en él al hermano mayor que nos aconsejaba, apoyaba y animaba. Él era feliz en su vida y nosotros también lo éramos viéndole a él en esa actitud.
Volví a encontrar a Baldomero en el año 1973 en Venta de Baños. Yo iniciaba en esa casa mi vida de sacerdote-religioso y él estaba como hermano llevando el cuidado de los chanchos y gallinas de la casa. Puede que los ardores y efluvios del noviciado se hubieran calmado, pero yo no ví que hubiera cambiado su actitud. Se alegró enormemente de tenerme cercano y yo también de tenerle a él. Seguía siendo buen religioso y también no lejano de los alumnos y seminaristas. Cuidaba de ellos y se preocupaba por ellos. Había una relación fluida entre los seminaristas y él. Siempre le han respetado y se hacían caer por los establos para recibir alguna atención de parte del Hermano.
Yo, después, me alejé de Venta de Baños y posteriormente de España, por lo que no puedo testificar más sobre él y su vida.
Para mí queda que fue un hombre bueno y fiel y que a la medida de sus fuerzas supo fiarse de Dios y dejar que entrara en su vida para transformarlo y llevarle con Él a la Vida Eterna.
Hoy ha sido el día de ese tránsito. Que el Sagrado Corazón lo haya acogido y presentado al Padre-Dios como un siervo bueno y fiel “en lo poco”.
Gonzalo Arnaiz Alvarez, scj.
 

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